Juntos y responsables


Santiago Abascal Vox
Santiago Abascal. /Foto: LVC
Pablo Casado

Cómo si se tratase del clásico de este fin de semana entre Barça y Real Madrid, o después de un derbi con mi Atleti, la prensa y, a lo mejor, la opinión pública anda buscando quién ha ganado el debate parlamentario en la moción de censura presentada por Vox y que se ha debatido en el Congreso la pasada semana.

Tonterías, porque todas esas encuestas no sirven para nada, el resultado lo dirán las urnas en su momento y, si para entonces, nos acordamos de ella, pues últimamente nuestra memoria es muy corta.

La realidad es que todos han, hemos, ganado, porque lo verdaderamente importante es que podamos debatir ideas y propuestas en paz y que cada uno tenga la oportunidad de expresar su posición, siendo la mayoría, con más o menos acierto, quien acabe adoptando el acuerdo que sea, que podrá ser el más acertado o no, pero es el de la mayoría. No siempre ésta tiene razón, pero se ha de hacer lo que ella requiere.

Pero quizás el debate más importante que se ha levantado tras la moción de censura es si el Partido Popular ha ofendido y roto amarras con Vox, poniendo en peligro la gobernabilidad en aquellas autonomías y municipios donde el Partido Popular gobierna con apoyos de Ciudadanos y de Vox.

De verdad que no comprendo el cabreo de Vox porque el Partido Popular haya votado no a su moción de censura, ni mucho menos que en su discurso el Sr. Casado haya marcado diferencias con los postulados de Vox.

De un lado, prácticamente todos los analistas políticos coincidían en que la moción de censura presentada por Vox estaba abocada al fracaso y que, realmente, se trataba de una estrategia para obtener un altavoz (su minuto de gloria en la prensa) y enfrentar al Partido Popular a un dilema con cuya resolución se esperaba captar por Vox votos en el caladero del PP. Es decir, en pocas palabras, para dichos analistas Vox, en realidad, estaba haciendo una moción de censura al Partido Popular.

De otro lado, Vox se ha hartado de decir, como además no podía ser de otra forma, desde su origen, que ellos son otra cosa diferente al Partido Popular, no cansándose de dirigirse a él como la “derechita cobarde” y, por supuesto, sus planteamientos eran diferentes a los sostenidos por el PP.

Pues bien, el Sr. Casado no ha hecho otra cosa, en su discurso, que remarcar esa diferencia con Vox, pero desde el punto de vista del Partido Popular y, entiendo que, lo mismo que Vox tiene su programa diferenciado del de PP, no se puede dudar que éste debe tener el mismo derecho a defender que su programa es diferente al de Vox.

Lo mismo que Vox no ha querido, nunca, que se le confunda con el PP, reclamando su espacio político, el PP ha querido marcar el suyo, diferenciándolo, claramente, del de Vox.

No se puede olvidar que el debate se ha sostenido en una moción de censura, en la que el candidato, el Sr. Abascal, en nombre de Vox, ha propuesto su programa de gobierno, programa de gobierno que en ningún caso ha sido pactado con otro partido para obtener su apoyo y, evidentemente, el resultado era obvio, sólo podía recibir el voto favorable de quien propone ese programa.

Además, tampoco comprendo que Vox se sienta ofendido por las palabras del Sr. Casado, pues, a mi humilde juicio, han sido muy claras, pero moderadas (repito, desde Vox, de forma insistente y sin descanso, no se hace otra cosa que llamar al PP “derechita cobarde”), cuando se abstuvo de haberle llamado extrema derecha, como sí lo hizo con Podemos al dirigirse a ellos como extrema izquierda, y, jamás, nunca, se ha dirigido a Vox como partido fascista o anti-constitucional. Todo lo contrario. Siempre lo ha respetado y le ha dado su sitio, negociando con ellos, cuando otros, sin razón alguna, querían expulsarlo del espectro político.

En definitiva, con el debate en la moción de censura lo único que ha ocurrido es que ambos partidos han fijado sus posturas, uno más a la derecha, otro más al centro, y ahí, en ese abanico los ciudadanos que no creen en posiciones de izquierdas tendrán la posibilidad de elegir en su momento, y, conforme a los resultados que obtengan, podrán proponer, y, en su caso, exigir, mayores o menores cesiones en sus respectivos programas.

Lo que no se puede es olvidar cuál es la posición que hay que vencer, y no se les puede hacer el juego de la división pretendida por la izquierda, pues mientras ellos se unen, el centro, centro derecha y derecha se divide, lo que permite el éxito y mantenerse en el poder a esta izquierda que se une a la extrema izquierda y nacionalistas-separatistas.

Además, aunque popularmente se diga que los “extremos se juntan”, realmente, lo que juntan son las moderaciones y las capacidades para negociar y renunciar a parte de tus postulados (en función de la fortaleza que te dan las urnas) para alcanzar lo único que debería primar en la clase política, la consecución del bien común a través de los postulados que cada uno defiende.

Espero que Vox y PP sepan mantener el diálogo, y que no surja en Vox la tentación de bloquear gobiernos con una minoría, pues, en ese caso, no dejarían de ser como esos nacionalistas-separatistas que tanto critican y que con sus minorías imponen criterios bajo la fórmula de la coacción.

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