El gobierno oposición


Sí, leen bien el título, no me quiero referir en esta reflexión semanal en voz alta a la actitud de la oposición frente a un gobierno débil, que pudiera llevarle a tomar iniciativas contrarias a sus postulados, lo que sería el gobierno de la oposición. Hoy quiero reflexionar sobre la oposición que hace el gobierno del Estado a los gobiernos de las Comunidades Autónomas que no son gobernadas por su partido o por los que le sostienen en el poder.

Lo vivido los últimos días en Madrid es una gran lupa de aumento que nos enseña lo que ocurre, quizás a menor nivel, en otras Comunidades Autónomas gobernadas por el Partido Popular.

Lo lógico y natural es que el partido del gobierno, y en su caso los partidos que apoyan o cogobiernan el Estado (curiosamente separatistas sosteniendo un gobierno estatal) se dedicasen a hacer oposición en base a la fuerza que las urnas le hubiesen dado en cada territorio, pero como dicha fuerza, en algunos lugares de España es escasa, la hacen desde el propio gobierno para hacer valer la fuerza que desde esa posición se tiene.

Para mí esto es muy peligroso, porque de ahí a mostrarse totalitarista sólo hay un paso, y si, además, quien preside ese gobierno es alguien con un carácter narcisista, ese paso es muy pequeño, y lo malo es que esa actitud lo que crea es una mayor división, que prácticamente había sido superada, quedando sólo resquicios en esa izquierda obsoleta que sólo vive para la venganza y el odio.

Es verdad que Madrid nos ha enseñado la catadura totalitaria de alguien que no admite que no se le de la razón, y que reacciona con una soberbia infinita ante un rechazo de sus postulados por la Administración de Justicia (a la que también quiere dominar), y que está por la labor de desgastar el gobierno legítimo de dicha Comunidad Autónoma, a fin de imponer una nueva mayoría gubernamental con tripartitos o cuatripartitos o con lo que haga falta.

Pero esto no es nuevo, así a principios de este desgraciado año 2020 ya vivimos otra “guerra” del gobierno central con los gobiernos autonómicos de Andalucía, Galicia y Madrid (aunque también había fuego amigo para alguno de las comunidades autónomas gobernadas por barones del P.S.O.E. que no eran muy propicios al Sr. Sánchez), cuando aquél se negó a abonar el I.V.A. correspondiente a la liquidación de diciembre de 2017 y que, en el caso de Andalucía, el gobierno central acabó confiscando, en base a unas cuentas cerradas con un déficit generado y provocado, precisamente, por la ministra que castigaba a Andalucía sin el dinero que le correspondía, y que ella no había sabido gestionar.

Es decir, nos encontramos ante un gobierno que hace oposición desde el propio gobierno, siempre bajo la fórmula de asfixiar a los gobiernos autonómicos que no son gobernados por ellos.

Pero si esto es malo, creo que no se queda atrás la actitud de algunos partidos que comparten responsabilidad de gobierno.

En Andalucía, y más concretamente en Córdoba, nos podemos felicitar por la fidelidad y colaboración que están mostrando el Partido Popular y Ciudadanos. Al menos en lo que se ve, parece que hay una colaboración fiel, y que las cosas que se deciden en los órganos de gobierno, se asumen como propias por ambas partidos, tanto para lo bueno como para lo malo.

Sin embargo, no llego a comprender la posición del vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Sr. Aguado, cuando el gobierno central ataca frontalmente al gobierno que conforman Ciudadanos (el suyo) y el Partido Popular y donde se supone que las decisiones que adoptan son consensuadas y debatidas entre ellos, cuando, sin embargo, aplaude y considera, en manifestaciones públicas, adecuadas las medidas que adopta el gobierno central contrarias a las decisiones de su propio gobierno. Es de una absoluta deslealtad y falta de ética.

Si en el gobierno de Madrid el Partido Popular toma decisiones contrarias a la opinión de Ciudadanos, y frente a su postura pública, lo que tiene que hacer es dimitir y salir del gobierno, si tan en desacuerdo ésta con dichas medidas, pero lo que no se puede hacer es permanecer dentro de ese gobierno y apoyar a quien te ataca. Eso es traición.

Aunque tampoco comprendo como la Presidenta de Madrid aguanta esto y no ha mandado al Sr. Aguado donde cantan los empedradores, pues como digo, creo que más vale la dignidad de la persona que un puesto político, …. o quizás ya no.

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