No nos lo merecemos


Sánchez
Pedro Sánchez./Foto: LVC
Pedro Sánchez./Foto: LVC

Estoy seguro de que casi todos (y digo lo de casi porque siempre hay algún discordante con todo) tenemos como primer derecho fundamental el derecho a la vida, pues sin él ya no habría ningún otro derecho. Sin embargo, en los días que vivimos, al menos a mí me da la impresión, de que al gobierno de Pedro Sánchez le importa un bledo la vida de los españoles.

El Sr. Sánchez, cuando le vino en gana, reunido con su inexistente comité de expertos, decidió cuándo debía confinar a la población para parar la propagación del bicho: tarde, muy tarde, cuando ya se había provocado un contagio social porque era más importante su propaganda política y la de sus aliados que la salud de los españoles.

Durante cuatro meses estuvo disfrutando, como un César, del poder absoluto del Decreto Ley y de las facultades excepcionales que le conferían el estado de alarma, prorrogándolo y prorrogándolo (a cualquier coste, incluso negociándolo, nada más y nada menos, que con Bildu) para mantener dicha situación y con medidas parches, que casi siempre fueron incompletas y siempre tardías.

Cuando ya las encuestas empezaban a mostrarle el deterioro de su imagen (¡su bendita imagen de César!) y el coste electoral que podría suponerle, decidió poner fin al estado de alarma, para, después de auto elevarse a los altares, declarándose vencedor y exterminador del virus (pues nos recomendaba disfrutar del verano y salir), marcharse a unas envidiadas y “reales” vacaciones, despreocupándose totalmente de la gestión (de su mala gestión) y entregando el problema envenenado a las Comunidades Autónomas, dejando pasar seis meses sin adaptar la legislación en materia de catástrofes sanitarias a las necesidades para poder afrontarlas.

No digo yo que quien tiene que tomar decisiones se pueda equivocar, pues si tuviéramos la bola de cristal donde ver el resultado de las decisiones que vamos a adoptar no surgirían dudas del camino a elegir, pero, al menos (yo creo que más), al dirigente, a quien gobierna los intereses públicos, se le debe exigir la diligencia que se le exige a cualquier administrador, que la Ley de Sociedades de Capital (artículo 226) protege en la toma de decisiones siempre que se haga dentro del estándar de un ordenado empresario (entendamos político) y cuando éste haya actuado de buena fe, sin interés personal en el asunto objeto de decisión, con información suficiente y con arreglo a un procedimiento de decisión adecuado, temiéndome que las decisiones adoptadas por Pedro Sánchez, en el ámbito de la empresa, no cubrirían mínimamente estos parámetros.

Visto que aquella actuación fue nefasta, el Sr. Sánchez prefiere ahora hacer el “Don Tancredo” y entender que no va con él la película. Eso sí, a la espera de ser llamado como el salvador del mundo, y prometer que acabará con el virus, ya que éste no se atreverá a contradecirle.

Pues bien, el Sr. Sánchez como máximo responsable de su gobierno, está incumpliendo, por dejación absoluta, la ley. Aunque visto lo visto mucho me temo que a Pedro Sánchez le importa tanto la ley como los ciudadanos de su país que simplemente somos las patatas fritas de su magnifico chuletón de Ávila.

Así, la Ley 33/2011, de octubre, General de Salud Pública (por cierto aprobado durante el gobierno de su ínclito predecesor defensor de la dictadura bolivariana, Rodríguez Zapatero) que según su artículo 1 tiene por objeto establecer las bases para que la población alcance y mantenga el mayor nivel de salud posible a través de las políticas, programas, servicios, y en general actuaciones de toda índole desarrolladas por los poderes públicos, empresas y organizaciones ciudadanas con la finalidad de actuar sobre los procesos y factores que más influyen en la salud, y así prevenir la enfermedad y proteger y promover la salud de las personas, tanto en la esfera individual como en la colectiva, establece en el artículo 52.3 que corresponde a la autoridad sanitaria estatal con carácter general, en el ámbito de sus competencias, la adopción de medidas sobre coordinación y ejecución de las actuaciones de salud pública consideradas en la presente ley, así como la adopción de cuantas medidas de intervención especial, de acuerdo con el artículo 52, en materia de salud pública resulten precisas por razones sanitarias de urgencia o necesidad o ante circunstancias de carácter extraordinario que representen riesgo evidente para la salud de la población, y siempre que la evidencia científica disponible así lo acredite.

Ya vemos cómo le importa a la autoridad sanitaria estatal cumplir con sus obligaciones: Pedro Sánchez se va de vacaciones, como un marajá, 15 días en plena efervescencia de una segunda ola; el ministro Illa, sólo aparece ante medios de comunicación afines (esto otro tema: el periodístico, digno de analizar), y Fernando Simón de vacaciones a surfear y grabar un programa de televisión (para mayor gloria propia) de submarinismo.

Mientras tanto se ha dejado pasar el tiempo y, o bien no se ha hecho nada, o lo que es más grave, descargando el problema en las Comunidades Autónomas, no se les han dado los medios, materiales y legales, suficientes para atajar el problema. Mucho me temo que con la aviesa intención de decir: “¡Veis como no era tan fácil y me habéis criticado infundadamente!”

Entiendo aquello de los colores políticos y, aunque no lo comparta, la dificultad de cambiar de voto y defender a “tu” partido, pero ¡ojo!, el virus no entiende de partidos políticos y, a lo mejor, por empeñarse en defender lo indefendible acabamos suplicando por nuestra vida.

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