Bolsillos con cremallera.

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Bolsillos vacíos./Foto: LVC
Bolsillos vacíos./Foto: LVC
Bolsillos vacíos./Foto: LVC
Bolsillos vacíos./Foto: LVC

El número total de parados (y no contamos los del ERTE como nos enseñó la señora ministra) ascendió a finales del pasado junio a 3.862.883 personas, lo que supone una tasa interanual del 28,09%, cuando en el mes de marzo dicha tasa interanual se situaba en el 9,01%, rompiendo la tendencia a la baja que desde octubre de 2013 se venía produciendo, en resumen, desde el inicio del estado de alarma el paro ha caído casi un 30%, como mínimo desde el decreto de estado de alarma se han perdido 760.000m puestos de trabajo.

De otro lado, el P.I.B. cayó un 5,2% en el primer trimestre de 2020 (y todavía no se había declarado el estado de alarma), previéndose una caída final de entre el 10 y el 12%, es decir, el conjunto de todos los bienes y servicios finales producidos en España en el último año había descendido ese porcentaje, lo que supone una pérdida en números totales de casi 65.000.000.000 €, lo que puede ser el doble al final de año.

Sin necesidad de conocimientos económicos, estos datos nos dicen que en España llevamos un año 2020 en el que se cierran empresas a un ritmo vertiginoso y que cada vez es más pobre, con menos empleo y menos actividad económica.

Pues bien, ante esta situación a nuestros políticos las soluciones que se le ocurren o son las mismas que ya estaban aprobadas hace meses (¡o años!); o desde alguna oposición medidas puramente utópicas, posiblemente llenas de buena voluntad pero irrealizables, y, como no, subida de impuestos.

Las dos primeras demuestran la falta de iniciativa y la incapacidad de buscar nuevas vías para levantar la economía, lanzando otras actividades o sectores nunca desarrollados y que permitan ser competitivos, y no ahogar, con las mismas ideas, los que ya están saturados. Aquí alguien tiene una idea innovadora que abre una nueva vía de negocio y a los pocos días se ha copiado hasta la saciedad, hasta agotarla, y volviéndola antieconómica.

La segunda, como siempre, cuando hace falta dinero sólo se les ocurre sangrar más al ciudadano, que lo soporta todo y, también como siempre, se nos dice que el incremento de los impuestos va a afectar al que más tiene, que ese pague aún más.

Mentira. La mayor parte de los impuestos que los españoles pagamos son iguales para todos, porque el I.V.A., el impuesto de hidrocarburos, y todos aquellos que gravan directamente el producto se paga por igual por todos los ciudadanos en el consumo, con independencia de su capacidad económica. Por lo tanto son pocos los impuestos que pueden gravar conforme a la capacidad económica del contribuyente. El más típico el I.R.P.F., cuya campaña acaba de terminar.

En España nos encontramos con cinco tramos impositivos en este impuesto: el primero, para los mil euristas (su límite está en los 12.450,00 € anuales de base imponible, que recordemos para aquellos que dependen sólo de su trabajo, es su nómina bruta menos su cuota de seguridad social) ya tributa a un 19%. El segundo, que va desde la anterior cifra a los 20.200 €, cuando no se llega ni a los 1.500 € en cada paga, alcanza ya el 24%, El tercero hasta los 35.200 € su tipo es del 30%. El cuarto hasta los 60.000 € se grava con un 37%, y todo lo que supere este tramo ya tributa al 45%, un importe cuasi confiscatorio.

Pues bien, cuando se dice que se va a hacer pagar más a los más ricos ¿a que tramo se refiere? ¿Creen que con aumentar sólo a los del cuarto y quinto tramo se soluciona el problema del déficit?

Por eso, al final, se sigue hablando (pretendiendo justificarlo con “el entorno”) de subir el I.V.A. y aquellos impuestos directos que pagamos todos sea la que sea nuestra capacidad económica.

De otro lado, últimamente, sólo oímos hablar de políticas del bienestar. Lo cuál me parece genial, todos queremos un mayor bienestar, para uno y para los demás, pero debemos tener en cuenta (cosa que parece se obvia) que el bienestar social vendrá determinado por la capacidad económica de prestarlo. No creo que haya una sola familia que no quisiera tener un mejor nivel de vida, pero, al final, se tiene que adaptar al nivel que le permite su capacidad económica. Pues igual debería ser en las cuentas públicas, el bienestar social deberá ser acorde con la capacidad económica del país, porque sino el resultado es el conocido de más y más déficit.

Además, como he comentado antes, no se ven nuevas ideas o iniciativas, nunca se oye hablar de adelgazar la estructura del Estado, en todas sus dimensiones, para reducir el costo del mismo y con ello contar con más ingresos para el bienestar social. Más bien todo lo contrario, cada vez más políticos y asesores y con unas prebendas que no existen en ningún otro sector. Pero claro, es más fácil meter la mano en el bolsillo del ciudadanos que en el propio.

Dejémonos de “políticas”, de estadísticas, de suma o pérdidas de votos, de mantener el estatus dentro del partido y de esas luchas internas por no perder el sitio, de mitin a mitin, de estar siempre en campaña electoral y pasemos a gestionar, a trabajar en serio y en firme pensando en llenar el bolsillo del ciudadano y no en vaciarlo. En definitiva, en tener unos bolsillos con cremallera que aseguren que no sale nuestro dinero en balde.

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