Deshojando mascarillas


Juan Rafael Toledano.

Se nos dice ahora que el gobierno está estudiando regular el uso de las mascarillas en espacios públicos ¡A buenas horas mangas verdes!

No soy experto en salud, ni tengo el más mínimo conocimiento de medicina, pero hay algo, que se llama sentido común y que, además de deber aplicarse en la ciencia que uno conozca un poco, sirve para sacar conclusiones y actuar en función de lo que explican los conocedores de las otras materias.

Desde el primer momento se nos ha venido diciendo que el virus se transmite al expulsar minúsculas partículas por nuestra boca y que, a partir de ahí, se deposita en otros lugares que tras un tiempo (nunca definido) desaparece y que si se toca puedes transportarlo a otro lugar (o no), siendo peligroso cuando lo que haces es llevarte las manos a la cara. Por eso, se nos indicó desde un principio que debíamos estornudar hacía la parte interior de nuestro codo evitando con ello la propagación y lavarnos las manos de forma constante y en la forma en las que nos han enseñado, porque no vale hacerlo de cualquier manera.

Pues bien, ahora cuando han pasado más de dos meses desde que se decretó el estado de alarma, es cuando nuestro gobierno decide ponerse a estudiar el regular el uso de la mascarilla en lugares públicos, algo que parecía absolutamente necesario si lo que se pretende es no expandir el virus al estornudar o hablar (que al parecer es suficiente para que pueda salir escopetado hacía otra persona) y si observamos nuestro entorno donde el uso de la mascarilla es tan extendido como el llevar zapatos.

A la misma vez que oímos esta posible nueva regulación, también escuchamos al insigne Sr. Simón (experto según curriculum y comisario político en sus ruedas de prensa) decir que las mascarillas más aconsejables son la quirúrgicas, que las que ha puesto el gobierno de la Comunidad de Madrid a disposición de los madrileños, las conocidas como ffp2, no lo son. Ahora bien, una semana antes las ffp2 eran las ideales para los no infectados.

Ya he dicho al principio que de temas de salud no se nada, pero creo que todavía no he perdido el sentido común, y he venido escuchando, y leyendo, que con las mascarillas quirúrgicas tu no contagias pero si te contagian (filtran aire exhalado pero no el inhalado), pero con las ffp2, ni contagias ni te contagias (filtran aire exhalado e inhalado), por lo que parece de lógica que son mejores las segundas que las primeras ya que con ellas proteges y te proteges.

Mucho me temo que el esperar hasta ahora para regular el uso de la mascarilla en lugares públicos y las críticas al reparto de mascarillas ffp2 en Madrid responden más a la fábula de la zorra y las uvas que a la realidad, porque, evidentemente hubiese sido muy cínico haber exigido el uso de la mascarilla cuando al propio gobierno le era imposible conseguirlas, y ahí estábamos todos los españoles buscando tutoriales por YouTube para fabricarnos una, y nuestros profesionales sanitarios, aquellos a los que el gobierno tenía la obligación de proteger facilitándole los medios para ejercer su trabajo, sufriendo el índice más alto de contagios con relación al número total de ellos en el mundo. Otro horrendo record.

Pero esto es lo que pasa cuando el gobierno está más preocupado, o por lo menos tanto, de salvar su imagen que de trasladar la realidad a los ciudadanos. No estaban maduras las uvas y vamos a contar un cuento en el que protagonista siga siendo un héroe.

Y sobre esta base de salvar la imagen es sobre la que creo que se toman otras medidas, las del ahora sí pero luego no, como el tema de las rebajas, que si un 30% o un 50% de ocupación de la terraza, que si los niños menores de 14 años pueden pasear o no (el “gobierno escucha”, dixit Salvador Illa), o como la de solicitar, ahora que parece que se va reduciendo los contagios y las muertes, una prórroga del estado de alarma de un mes, el doble de tiempo que cualquier otra prórroga anterior y que, curiosamente hará que cuando termine la prórroga el Congreso ya haya finalizado su periodo de sesiones, y que si todo sigue igual en este lento, arduo, doloroso y terrible camino de vuelta a la normalidad (yo no quiero una nueva, quiero la mía, la de siempre) los ciudadanos comenzarán, si pueden, sus vacaciones, de tal forma que cuando se regrese a la regularidad ya haya dado tiempo a limpiar la imagen y, porqué no, a buscar (o inventarse, que lo miso da) otro chivo expiatorio de la oposición a quien realizarle escraches.

Pero no nos olvidemos que quien ha decretado el estado de alarma ha sido el gobierno de la nación y que con esa medida lo primero que se hizo fue nombrar una Autoridad Única Competente, que según el artículo 4 del RD 463/2020 que lo declaró, lo es bajo la superior dirección del Presidente de Gobierno y como autoridades delegadas la ministra de defensa, el de Interior, el de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana y el de Sanidad, quienes, por tanto, son los últimos y máximos responsables de que España sea el país con más fallecidos por millón y en donde el PIB ha caído más de Europa.

Pero, por desgracia, mucho me temo que por mucho que hagan, el olvido va a ser difícil ya que, aunque, Dios lo quiera, se supere la crisis sanitaria quedará la económica y eso costará menos vidas pero seguro que muchas ruinas ante la falta de previsión y sólo ideas de propaganda.

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