¿Preparados para salir?


Si nos preguntan si estamos preparados para la salir, los ciudadanos que llevamos confinados en nuestras casas más de 35 días, con una gran limitación de movilidad, la respuesta es evidente: deseando de salir; pero si la pregunta la trasladamos a nuestro gobierno, pues ya saben, aún se está estudiando.

Estamos esperando como agua de mayo la vuelta a la actividad, de la forma más normal posible, y como hemos venido demostrando, somos muy conscientes de la gravedad de la situación y, por eso, de forma muy mayoritaria hemos cumplido con nuestra obligación de quedarnos en casa y, gracias a ello, se ha conseguido lo que hasta la fecha se ha conseguido, porque los test, mascarillas, etc. … siguen llegando (si llegan y no son fakes) a cuenta gotas.

Sin embargo, nuestro gobierno aún no sabe cómo vamos a salir, cuando si hay una cosa segura (más vale y así todos lo creemos) es que vamos a salir, aunque no sepamos cuando y ni siquiera contemos con unas aproximaciones oficiales ya que, o bien los datos con los que se vienen manejando son erróneos o falsos y no pueden hacer unas previsiones (totalmente condicionadas a la evolución de un virus aún desconocido científicamente), o bien nos engañan para tenernos completamente dominados ante la falta de información cierta. Aún así, en algún momento determinado acabaremos saliendo ¿pero cómo? Creo que el gobierno ya ha tenido más que tiempo para, al menos, haber trasladado ya a la ciudadanía unos principios (¿nos regiremos por lugares, por actividades, por edades o por una mezcla de todo?) y unos tiempos (¿Cuántas fases y cuánto tiempo cada fase?). Posiblemente nos enteremos en el B.O.E. que se publique a las 12 de la noche del día anterior, que luego será modificado en unos cuantos días.

Es una muestra más de la ineptitud e inaptitud de este gobierno, sólo preocupado por su imagen, con una total falta de empatía hacía al pueblo. Todos necesitamos saber la verdad, porque todos hemos de prepararnos para lo que nos viene encima.

La misma imprevisión y tardanza en definir y atacar los problemas ocurre con la salida económica para solventar la grave situación que esta crisis esta generando en todos y que no va a provocar pocas en las empresas y autónomos y, por ende, en los trabajadores.

Por lo visto y experimentado ya en los últimos años, no es posible pensar que los medios legales actuales para regular situaciones de insolvencia sean los adecuados para una situación de crisis tan global, ya que, de por sí, son complicados y lentos, y hasta ahora no se han dado en situaciones en que las empresas y autónomos afectados son casi la totalidad del tejido empresarial. No es lo mismo afrontar un par de problemas entre cien casos que noventa y nueve a la vez.

Los concursos de acreedores no son la vía adecuada para resolver el problema del conjunto de las empresas ya que son lentos y requieren del cumplimiento de unos plazos y formalidades que hacen que la salida se demore en el tiempo, amén de que según las estadísticas el 90% de los concursos que se inician en España acaban con la empresa en liquidación y mientras se tramita la empresa queda como stand by que, precisamente, es lo que hay que evitar ahora, mas paralización. Todo ello sin contar con el bloqueo que producirá en los Juzgados ya de por sí colapsados por la falta de medios.

En consecuencia parecería que la solución vendría por acudir a soluciones preconcursales, que permitirían alcanzar soluciones más rápidas y efectivas. Ahora bien, estas soluciones requieren, fundamentalmente, del consenso de los acreedores para aprobar el plan de viabilidad, de refinanciación y de pagos que proponga la empresa en crisis y es aquí donde nos vamos a seguir encontrando con grandes problemas si no se actúa de inmediato.

Efectivamente, nuestro sistema actual, para aprobar acuerdos preconcursales, exige unas mayorías muy importantes y existen demasiados privilegios, que los apartan del acuerdo o los condicionan en exceso, tanto para los créditos tributarios y demás de Derecho público, así como los créditos de la Seguridad Social, como en el crédito con garantías reales (hipotecas, etc.), que hacen que las negociaciones sean duras y complicadas, porque es muy difícil que quien tiene asegurado su crédito o tiene un privilegio para cobrarlo sobre los demás, renuncie a su posición, haciendo que los acreedores que no cuenten con esos privilegios puedan cerrar un acuerdo satisfactorio con el deudor que les permita cobrar sus créditos, convirtiendo la situación en un círculo vicioso.

Por tanto urge no sólo reformas legales en los procedimientos actuales, que son absolutamente necesarias pero que llevan su tiempo y no deben estar pensados para casos súper excepcionales como el que nos está tocando vivir, sino que es necesario pensar en nuevos procedimientos y escenarios que realmente avalen planes de viabilidad que permitan la continuidad de la actividad y el mantenimiento de puestos de trabajo, que será lo único que haga reavivar la economía y volver lo más rápido posible a la normalidad.

Pero también es necesario una mente más abierta en la negociación de todos los intervinientes en la negociación, olvidando aquellos que ostentan privilegios el egoísmo de percibir la totalidad de su crédito y en el plazo pactado, facilitando vías para que todos puedan salir con el menor daño posible, la tan manida (y falsa) par conditio creditorum del derecho concursal.

Si la solidaridad que hemos mostrado en muchas situaciones de las que hemos vivido somos capaces de trasladarlo al ámbito económico seguro que seremos capaces de buscar fórmulas en las que todos, acreedores y deudores, salgan beneficiados.