60 años del tratado de Roma, germen de la UE


Estamos celebrando estos días un acontecimiento extraordinario para Europa como fue la firma el 25 de marzo de 1957 del Tratado de Roma, que acabó dando lugar a la actual Unión Europea. Realmente, fueron dos los Tratados firmados: uno que estableció la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o Euratom) y otro que estableció la Comunidad Económica Europea (CEE). Ambos tratados fueron firmados por Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, y los Países Bajos. Desde entonces, el tratado de la CEE ha sido modificado en numerosas ocasiones dando lugar, finalmente, desde el 1 de diciembre de 2009 con la entrada en vigor de las disposiciones contenidas en el Tratado de Lisboa, al actual Tratado de Funcionamiento de la Unión (TFU).

España nos sumamos a este “club” de intereses económicos el 12 de junio de 1985 junto a Portugal, mediante la firma del Tratado de Adhesión a las Comunidades Europeas.

Hace dos años, con motivo del 30 aniversario de la adhesión de España, hubo numerosos actos con motivo de este aniversario, donde se puso de manifiesto la positiva evolución de nuestro país en estos años de pertenencia.

Ahora que se cumplen 60 años de inicio de la construcción europea, de los cuales, durante 32 nuestra nación ha pertenecido a la UE, toca hacer un balance del proceso, con el Brexit de fondo que está provocando la mayor crisis institucional de su historia.

No podemos olvidar nunca que hemos tenido en todos estos años el mayor periodo de paz y prosperidad que nunca se ha conocido en Europa, y algo habrá tenido que ver la UE, y especialmente sus políticas comunes desarrolladas entre todos los países miembros, donde entre todas ellas destaca de forma notable la Política Agraria Común, conocida por todos como la PAC, realmente la única verdaderamente política común de la Unión Europea.

Esta PAC nació en 1962, cinco años después del Tratado de Roma, donde se contemplaba la creación de una política común en el ámbito de la agricultura con los siguientes objetivos destacados: 1) garantizar la seguridad de los abastecimientos; 2) asegurar al consumidor suministros a precios razonables. 3) incrementar la productividad agrícola; 4) garantizar así un nivel de vida equitativo a la población agrícola; y 5) estabilizar los mercados.

Sin duda, los tres primeros se han logrado con creces y los dos segundos no tanto. Por ello, no podemos olvidar en estos tiempos convulsos, que con las cosas de comer no se juega, por lo cual tenemos que perseverar en garantizarnos todos esos objetivos, y avanzar en los que aún no se han cumplido como a todos nos hubiera gustado, por lo que sigue siendo muy necesaria una PAC fuerte para ello.

Pero además, con la PAC se pretendía conseguir el objetivo de promover un desarrollo armonioso de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, una expansión continua y equilibrada, una estabilidad creciente, una mejora acelerada del nivel de vida y relaciones más estrechas entre los Estados a los que agrupa. En ello, la PAC ha sido un éxito rotundo, pues ha sido la argamasa que hizo crecer Europa y todo lo que ella ha conllevado. Por ello, una PAC fuerte sigue siendo muy necesaria para potenciar la construcción europea.

De esta forma, tras 60 años del Tratado de Roma, puede afirmarse, sin duda, que este proyecto que nació tras años de guerras y hambrunas y de inestabilidades políticas, ha sido un triunfo de los europeos y ha dado a todos sus ciudadanos los mejores años de la historia desde el punto de vista social, económico y político. Por ello, a pesar de que Reino Unido ha decidido salir de la UE, es el momento de apostar por más Europa, y ello se hace con más políticas en común, con más presupuesto y, por supuesto, con una PAC más fuerte que ha sido la que más ha ayudado a la construcción europea y al bienestar de todos los ciudadanos de los diferentes países que formamos parte de la Unión Europea.

 

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