Un injusticia con los andaluces, en contra del crecimiento económico


¿Conoce usted a alguien que quiera pagar por lo mismo dos veces?

¿Conoce usted a alguien que no quiera invertir en su empresa porque le obliguen pagar impuestos por un patrimonio que se generó con un dinero que ya pagó impuestos?

¿Conoce usted alguien que quiera reducir su gasto de consumo porque le obliguen a pagar unos impuestos para los que tiene que endeudarse y así no perder lo que sus padres o familiares trabajaron durante toda una vida?

¿Conoce usted a alguien que quiera renunciar a todo lo que sus antepasados les hayan dejado?

¿Conoce usted a alguien que quiera irse a vivir fuera de esta maravillosa tierra que es nuestra Andalucía, salvo que sea por verse obligado para salvar una importante parte de su patrimonio?

Pero sobre todo, ¿cree usted que es justo que donde más ocurra esto sea en Andalucía y no en otros lugares de España como Madrid, Canarias, Navarra, Galicia, País Vasco, Cantabria, Extremadura, etc.?

Y además, ¿cree lógico que se quite dinero de las inversiones y el consumo para pagar impuestos de algo que ya tributó? ¿No cree que se generaría mucha mas riqueza?

Pues señoras y señores, esto es lo que ocurre en Andalucía con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Los argumentos de quienes mantienen esta tremenda injusticia con los andaluces son que es un impuesto a los ricos y que la Junta de Andalucía tiene la necesidad de recaudar fondos. Pues, ni lo uno ni lo otro.

Es radicalmente falso que sea un impuesto a los ricos. Es un impuesto a la inmensa mayoría de los andaluces, a aquellos que han trabajado toda una vida para dejar algo a sus hijos, y por el que hay que pagar 100 veces más que un madrileño.

Es radicalmente falso que favorezca la recaudación, como los datos demuestran al compararlos con otras CCAA que tienen prácticamente eliminado este impuesto como es el caso de Madrid y que recaudan más que Andalucía por este concepto, fruto de la mayor actividad económica y de que muchas personas ha fijado allí su residencia por estas circunstancias.

Realmente es el impuesto de la demagogia, la injustica y la ineficiencia económica.

Es cierto que la Junta de Andalucía ha dado un pequeño paso adelante con la reforma que hizo en 2016 de este impuesto que afecta algo a la reducción por vivienda habitual en las herencias, a la reducción en las donaciones y herencias cuyo objeto sea la explotación agraria, y al mínimo exento.

Sin embargo, es un avance muy parcial y claramente insuficiente, aunque vaya por el camino que debe recorrerse hasta la supresión de este injusto impuesto ya que deja fuera la realidad de la inmensa mayoría de personas del sector agrario andaluz; y deja el patrimonio no agrario prácticamente igual de mal que antes, en un inexplicable agravio comparativo con otras CCAA que hace que los andaluces tengamos peores derechos que cualquier otro español.

Lamentablemente, cuestiones como esta tremenda injusticia, que va contra el crecimiento y mantenimiento de las empresas, y contra el consumo de las familias de los cordobeses y andaluces, explican por qué Andalucía tiene más paro y menos crecimiento que otras comunidades autónomas.

Por ello, clamemos todos contra el Impuesto de Sucesiones y Donaciones para que la Junta de Andalucía haga una reforma inmediata que lo elimine dentro del marco jurídico actual, y para que desde el Gobierno de España se impulse una armonización fiscal que permita que los andaluces tengamos los mismos derechos que los españoles de otras CCAA.

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