¿Público o privado?

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Este recurrente debate se mantiene permanentemente en la opinión pública, y sobre todo en la publicada, pero muy especialmente en ciertos grupos de interés.
Y siempre se hace sin una reflexión profunda y sin un análisis objetivo del mismo y, fundamentalmente, sin mirar el interés general ni el coste que supone para el conjunto de la sociedad. Sólo se hace desde planteamientos demagógicos o pensando en el interés particular, bien directo o indirecto.
Pero vayamos al grano. Lo importante es el servicio público, no si el mismo se hace desde la gestión pública o privada. Y lo importante, es definir cuales deben ser los servicios públicos, sin que las diferentes administraciones jueguen a ser empresarios haciendo competencia desleal a los verdaderos empresarios.
En contra de los que algunos dicen, las empresas no sólo buscan el beneficio económico, que por supuesto lo hacen. También realizan una importantísima labor social, destacando la generación de riqueza vía inversiones y la creación de empleo, así como la generación de recursos vía impuestos que benefician a toda la sociedad. Y también, en contra de lo que dicen algunos, las administraciones y empresas públicas no sólo buscan prestar servicios públicos de calidad, que por supuesto lo hacen. También tienen la obligación de hacerlo de la forma más eficiente y al menor conste para la sociedad.
Y la suma de ambas realidades son las que llevan a tener que valorar la colaboración público privada como una fórmula esencial para que los servicios públicos sean muy eficientes, de gran calidad y al menor coste posible para los ciudadanos. En definitiva, velar de verdad por el interés general y no por el interés de aquellos que sólo quieren beneficiarse de lo público a costa de los demás.

La colaboración público privada es cada vez más una realidad en todas las Administraciones, sean del signo político que sean. La paradoja es que unos creen en ello y lo hacen, y otros dicen que no creen en ello, pero también lo hacen. Pura demagogia como lo demuestran los hechos y la realidad. Tenemos clamorosos ejemplos de responsables políticos a los que les duele la boca de defender exclusivamente la gestión pública y cuando gobiernan hacen lo contrario. Las hemerotecas no les aguantan un telediario, como se dice coloquialmente.
También conviene en este punto recordar, que muchos se olvidan que todo servicio público se paga con los impuestos de todos los contribuyentes, personas físicas y jurídicas. Y los ingresos realmente netos para el estado sólo vienen de la actividad privada, a la cual hay que cuidar si queremos tener dinero suficiente para poder sufragar los servicios públicos necesarios.
Pero no olvidemos que todos tenemos parte de responsabilidad en exigir que la gestión de lo público sea eficiente, desde el punto de vista social, desde el punto de vista económico, y pensando en el interés general, sin entrar en el discurso de lo políticamente correcto.

Por ello, defendamos que los servicios públicos sean los esenciales, ni más ni menos, y que esos servicios públicos sean gestionados en la forma más eficiente para el conjunto de los ciudadanos. Ahí, sin duda, la colaboración público privada es la mejor herramienta. Aunque algunos no lo digan y lo nieguen, al menos vemos que ya lo van haciendo.

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