La Córdoba más vieja, el caballo más hermoso.


Miguel de Cervantes se refirió a Córdoba en El Quijote como la madre de los mejores caballos del mundo. Federico García Lorca sentenció que, en nuestra ciudad, los caballos tenían su catedral. Ambos aludían a Caballerizas Reales, cuya importancia histórica como origen del Pura Raza Española sería redescubierta a finales del siglo pasado por Juan Carlos Altamirano. ¿Qué tenían los tres en común? Ninguno era cordobés.

Puede considerarse ello un ejemplo de que los nacidos en la ciudad califal no sabemos valorar “lo nuestro”. Antonio Gala, siempre lúcido, explicaba este hecho con el esplendor del que disfrutamos en tiempos pasados: “Córdoba lo ha tenido todo, todo, todo; de ahí que no le llama la atención cualquier cosa. Para el cordobés nada es demasiado importante”.

Es probable que lleve razón, pero yo prefiero aprovechar la comentadacoincidencia entre Cervantes, Lorca y Altamirano para destacar que la relevancia de rdoba en el mundo ecuestre no es algo que nos hayamos sacado de la manga los de aquí. Todo lo contrario: Han venido a señalarla ilustres personajes de fuera.

En lo que a tiempos recientes se refiere, fueel tercero de los mencionados, Juan Carlos Altamirano, quien comenzó a poner en su lugar las Caballerizas Reales de Córdoba como cuna del caballo español o andaluz,recordando que se crearon por expreso deseo de Felipe II. El monarca pretendíaimpulsar en ellas una nueva línea de este animal y encargó el proyecto al unas veces renombrado y otras olvidado Diego López de Haro (por cierto, la “coletilla” que normalmente le añadimos de Marqués de El Carpio no es correcta, pues ese título correspondía a un pariente suyo de igual nombre).

Conocí ampliamente estas cuestiones entre 2013 y 2016, periodo en el que tuve la suerte de vivir de cerca el mundo ecuestre cordobés gracias a mis colaboraciones con Yeguada Ramírez. Esta ganadería, de más de un cuarto de siglo de historia, daba entonces forma a Casa del Caballo Andaluz, un proyecto divulgativo aperturista que incluía desde conferencias hasta la adecuación de su cortijo El Carmen (en la carretera de Palma del Río, frente al desvío a Medina Azahara) para visitas turísticas, bodas y otros eventos.

Las conferencias tuvieron como protagonistas a nombres tan conocidoscomo José Barranco, Eduardo Agüera, Ángel Peralta, Juan Manuel López, Inmaculada Estévez o Ángel María Ruiz, siendo organizadas en su mayoría en el Real Círculo de la Amistad, aunque algunasse desplazaron al Palacio de Viana, la Posada del Potro o el restaurante Puerta de Sevilla.

Y, como soy de esos románticos ilusos que sólo vende aquello en lo que cree, cuando mi primo estaba buscando lugar para la celebración de su boda, le recomendé el cortijo de Casa del Caballo Andaluz. El lugar le cautivó y el evento resultó perfecto,exceptuando que coincidió con  la ola de calor de junio de 2017 y a las 23:00 horas los termómetros marcaban todavía 30 grados. Quizá por eso, ya de madrugada, el novio acabó siendo metido en calzoncillos por sus amigos en la fuente del cortijo. El hermano del novio, por su parte, no necesitó que nadie lo animase. Se sumergió él solito.

Volviendo a lo ecuestre, cabe recordar que aquella zona está igualmente vinculada al proyecto de Felipe II. Mientras que los sementales se encontraban en Caballerizas Reales, las yeguas pastaban en diversas dehesas de Córdoba y otras partes de Andalucía. Una de ellas era Córdoba la Vieja, un espacio tan adecuado para ese fin que ya se había utilizado siglos antes para los corceles califales. El nombre, que todavía designa a una emblemática finca y su correspondiente ganadería, tiene su origen en las ruinas del castillo de Córdoba la Vieja, que serían, claro, los restos de Medina Azahara. Restos que, por cierto, el ilustre Ambrosio de Morales, en el silgo XVI, identificaría erróneamente como la Córdoba romana.

Sin duda, esa zona (la del yacimiento arqueológico de Medina Azahara, el monasterio de San Jerónimo, la actual Córdoba la Vieja, la confundida Córdoba romana, la Casa del Caballo Andaluz, etc.) es uno de esos lugares donde, sean visibleslos restos materiales o no, el esplendor del pasado se huele en el aire fresco del amanecer. Y donde todo cordobés puede y debe contradecir a don Antonio Gala,cabalgando orgulloso (sea a pie o a caballo)por nuestra propia Historia.

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