LEYENDAS FAMILIARES Y FALSAS IGLESIAS FERNANDINAS


Cuenta la leyenda (en este caso, la mitología familiar, creada y aumentada cumpleaños tras cumpleaños y Nochebuena tras Nochebuena) que yo, de niño, quería ser torero. Y que aquel deseo se esfumó cuando llegó mi alternativa benjamín: ponerme capote en mano, en una casa de campo que mi familia tiene al norte de la provincia de Córdoba, ante el macho cabrío de un rebaño que pastoreaba por allí.

No entraré a detallar qué parte del relato (relato de terror) se ajusta a los hechos reales y cuál no. Perolo cierto es que de casta le venía al galgo: Mi abuelo materno, oriundo de Belalcázar y que en pocos meses será centenario, cuenta que se lanzaba al ruedo como espontáneo en lasnocturnas del antiguo Coso de los Tejares.

Claro, que también relata cómo su abuela, a la edad de noventa años, trabajaba en un circo realizando acrobacias, contorsiones y otras proezas físicas. Entre ellas, coger un pañuelo del suelo desde un caballo curvando el cuerpo hacia atrás. O recuerda que a él (a mi abuelo) en la batalla del Ebro se le congelaba el chorro al orinar debido al frío.

García Márquez, como veis, no inventó nada.

Volviendo al asunto que nos ocupa, lo curioso es que, si bien a día de hoy no soy aficionado a los toros, me bautizaron en el barrio y la iglesia cordobeses tradicionalmente considerados de los toreros: Santa Marina. No vivíamos allí, pero el párroco de la misma era Rafael Flores, con quienmi padre había sido monaguillo años atrás en la localidad de Santa Eufemia.

A menudo se cree que la vinculación de Santa Marina con la tauromaquia es debida a que en esa zona vivió Manolete. Sin embargo, fue justo al contrario. Era el barrio relacionado con los espadas desde mucho antes porque allí se encontraba el matadero; por eso Manuel Laureano Rodríguez Sánchez quiso habitar en él. Y de ahí los dos monumentos que se le dedicarían en los años siguientes a su muerte: el más discreto busto de la Plaza de la Lagunilla y el solemne conjunto de la Plaza de Conde de Priego.

En lo que al templo se refiere, Santa Marina siempre es destacada como una de las principales iglesias fernandinas. Pero quizá en nuestra ciudadno haya ninguna iglesia realmente fernandina. Me explico:

En 1236, Fernando III conquistó Córdoba. Precisamente, los cristianos consiguieron burlarlas defensas de Qurtuba por el lugar donde se encuentra la mencionada Plaza de la Lagunilla. En concreto, por la después llamada Puerta del Colodro. Nombre este no vinculado a alguien de Hinojosa del Duque, como podría pensarse, sino a un tal Alvar Colodro (de Cobeña) que resultaríaclave en el episodio.

Tras la toma, el Rey decidió organizaradministrativamente la ciudad creando catorce parroquias; siete en la Villa y siete en la Ajerquía (zonas separadas entre sí por el actual eje Alfaros-San Fernando).

Obviamente, la gestación de las entidades fue más rápida que el levantamiento de los templos correspondientes. Muchos de ellos, por cierto, erigidos sobre mezquitas, como recuerdan todavía hoy los alminares de Santiago o San Juan de los Caballeros. Y siendo el mejor ejemplo la propia Santa María, la Catedral, que adaptó la antigua Mezquita Mayor.

Por tanto, las parroquias pueden calificarse como fernandinas, toda vez que, como hemos comentado, fueron creadas por orden de Fernando III. Los edificios que las materializaban, sin embargo, se irían construyendo durante décadas provocando su singular fusión de estilos arquitectónicos. Por eso mis profesores de la Licenciatura de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba solían referirse a ellas como “las mal llamadas iglesias fernandinas”.

La confusión no queda ahí. Porque hay otros templos de cronología similar y levantados en espacios cedidos por este monarca pero que correspondían a monasterios. Me refiero a San Pedro el Real (hoy parroquia de San Francisco y San Eulogio) o San Pablo (que continúa sin ser parroquia).

Sin embargo, el caso que más me llama la atención es el de la iglesia de San Agustín. Pues, aunque hoy su interior ofrece un esplendoroso envoltorio barroco, hunde sus raíces en la Edad Media y a menudo se califica como originalmentefernandina. Nada más lejos de la realidad, ya que a los agustinos se les concedió su espacio entre Santa Marina y San Lorenzo en el siglo XIV. Es decir: tiene origen medieval, pero se inició un siglo después de crearse las collacionesfernandinas.

¿Por qué, entonces, este empecinamiento en meter en el saco a templos, como San Agustín, que nada tienen que ver con Fernando III? Supongo que en Córdoba vemos un arco medieval (como los de la cabecera de San Agustín) y ya creemos que todo tiene que ser fernandino. Igual que otros ven una almena y dicen que todo es templario.

Retomando la leyenda familiar, esta cuenta que mi segunda opción (tras la de torero), era sersacerdote, detalle que en este paTEO parroquialviene muy a cuento señalar. Luego, con la pubertad, llegaron las de futbolista y biólogo y más tarde la de arqueólogo. Total, un hombre del Renacimiento que toca todos los palos.

Pero al final me quedé con algo tan sencillo y maravilloso como contar cosas. Me quedé con lashistorias; sobre todo con las mágicas. Me quedé con ser (o al menos intentarlo) un digno heredero de mi abuelo.

1 Comentario

  1. Exactamente, nada de Fernandinas, ya publiqué el porqué se le llamaban indebidamente “Fernandinas” y que cuandra con sus argumentos… hay que incluir además de San Agustín, San Lorenzo, San Juan de los Caballeros y otras…
    Un saludo.

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