Imagen escrita


Sé que muchos pensarán que es tirar el dinero y que esos fondos se pueden utilizar para otros fines. No dudo que hay más que sobradas necesidades en una hermandad, pero la imagen pública que se proyecta debe ser tratada con el esmero que merece, si no tanto como el que se pone en exornos de cultos y pasos, al menos con un cierto interés que no deje traslucir dejadez y falta de ideas. La imagen pública se puede apreciar en diversos apartados, aunque hoy sólo nos centraremos en las publicaciones que las hermandades ponen en manos de sus miembros y cofrades en general.

La web de una hermandad es su escaparate público para aquellos que se acercan desde internet. Las consultas sobe sus titulares, su historia o las características propias de la cofradía deberían estar ahí incluidas, con un lenguaje claro que ayude al curioso a descubrir todo lo bueno que tienen nuestras hermandades y con los suficientes recursos destinados a enriquecer el tránsito por la página, como imágenes, vídeos o grabaciones de audio. Entiendo que Facebook, Twitter o Instagram son redes sociales con gran audiencia y repercusión además de ofrecer un manejo  sencillo y que no requiere conocimientos especiales; pero no dejan de ser formatos uniformados similares para todos los usuarios. La hermandad que reduce su presencia mediática a un rincón en cualquier red social, está perdiendo la posibilidad de ofrecer una imagen institucional seria y de calidad que sea útil a sus hermanos y a visitantes ocasionales.

sentencia
Portada del boletín de la Sentencia realizada por Nuria Barrera.

Igualmente, las cada vez más escasas publicaciones en papel se resienten de la falta de interés de la mayoría de las juntas de gobierno, que dejan toda la información en manos de “uno que entiende de ordenadores” para que escriba cualquier cosa en Twitter. La revista anual, también llamada boletín o anuario, representa una forma de mantener a los hermanos en contacto con la hermandad dando cuenta de las actividades que se han mantenido a lo largo del año y donde uno puede darse cuenta de la vida de la misma al observar el grosor de la publicación. La decadencia del papel y el invento del “pdf” ha promovido la publicación digital, donde no es necesario el costoso envío ni la publicación en imprenta para todos los hermanos, si bien es cierto que no todos los hermanos estarán interesados en leer los asuntos de su cofradía, pues hemos de reconocer que el gusto por la lectura no es uno de los placeres que más destaquen entre nuestros conciudadanos. Las publicaciones deben modernizarse y abandonar diseños de cuando empezaba a escribirse en el ordenador y gustaban tipografías extrañas o colores y fondos de página que hacen ilegible su contenido.

Aun así, el trabajo debe ser continuo, sin desfallecer, pese a que haya quien considere más importante invertir en el perol y cañas de hermandad que en la edición de una revista decente o una web atractiva y actualizada. Es difícil luchar contra los elementos, contra quienes arrojarían a la hoguera cualquier papel escrito y que tanto mal han hecho en nuestras hermandades, para defender el aspecto cultural de las cofradías y la necesidad de mantener informados a los hermanos que las componen. Por ello, las juntas de gobierno no deben obviar estos apartados y han de situar al frente de los mismos a las personas adecuadas con los medios necesarios.