Pedrito clavó un clavito


Pasaban las horas y la búsqueda no daba resultado. Se habían incorporado varios ayudantes que miraban de reojo al gerente-concejal sin entender tanta obsesión con algo que, en definitiva, beneficiaba a tantas personas de la ciudad. La orden era tajante: ¡Hay que encontrar un clavo, un desconchón, un papel…! ¡Lo que sea!  A algunos les molestaba la espalda y a otros las rodillas les crujían con tanto agacharse a inspeccionar cualquier leve brillo que despuntaba en el suelo y que no dejaba de ser un envoltorio de golosina o un pendiente olvidado.

Pedrito
Pedro García../Foto: IU

La mañana se había ido y las primeras horas de la tarde enrojecían los cuellos del personal que proseguía el rastreo. ¡Parada para comer! Gritó uno de ellos y, sin pensarlo dos veces, todos se fueron en tromba al bar de la esquina, sí, uno que era muy conocido en la zona por su excelencia culinaria a la hora de cuajar los huevos y mezclarlos con patatas. Cada uno se hizo con un plato de tortilla y unas cervezas y se sentaron sobre el pretil de la Mezquita-Catedral. Comieron sin hablar y dejaron allí mismo la chorreante vajilla de plástico, para continuar con la minuciosa búsqueda.

Alguien se distrajo un momento y entró en el patio, lleno de turistas, se recostó sobre una columna y miró a lo lejos. Sin embargo, un brillo en el suelo le hizo despertar, se enderezó y fue raudo hacia el lugar. Se agachó, tiró con fuerza y lo desprendió de la arena donde estaba incrustado aquel objeto. ¡Un clavo! Con una argolla y aunque no hería al monumento por encontrarse en el suelo pedregoso del patio, el ayudante pensó que había encontrado todo un tesoro con el que congraciarse ante el jefe. Se acercó a él con aire triunfante y el objeto en la mano. – Aquí hay una prueba del destrozo que los cofrades hacen en la Mezquita -. Cuando el gerente-concejal se paró a mirar la pieza, arrugó el entrecejo, se lo quitó de las manos al subalterno y lo guardó en un bolsillo. -¿Pero es que estoy rodeado de inútiles?; ¿No ves que es un clavo del escenario que se monta para la Noche Blanca del Flamenco? Eso no vale, joer, que ese es un espectáculo multicultural e inclusivo, aprobado por los vecinos de nuestra asociación-

Al cabo de la tarde los esfuerzos no parecían dar frutos. Solo quedaba el muro sur de la Mezquita-Catedral y allí se dirigieron todos. Fue dar la vuelta a la esquina de la calle Torrijos y el grupo quedó boquiabierto, inmóvil, con los ojos como platos. El ayudante de la argolla del patio exclamó triunfante: ¡Por fin, los tenemos, les hemos pillado, se les va a caer el pelo! Han dejado el palco de autoridades, que divide y es excluyente, en mitad de la calle, no lo han recogido y tiene clavos y está pegado a la pared y no deja que los turistas vean la piedra y… -¡Te quieres callar de una vez!- Bramó el gerente-concejal -Vámonos de aquí-. El ayudante no comprendía nada. Estaba seguro de haber mordido una presa y no pensaba dejarla así como así. Se acercó al jefe y le preguntó: ¿Pero por qué nos vamos, no ve que podemos cargarnos al Sanmiguel, al Obispo, al párroco de la televisión y hasta al de las gafas del ABC cuando enseñemos las fotos del palco de autoridades todavía montado?

El gerente-concejal se detuvo. Movió la cabeza lentamente hacia su ayudante y, sin llegar a mirarlo, le soltó un suspiro y una frase susurrante, en tono displicente: Nunca aprenderás, nunca llegarás a nada; ¿no sabes que los encargados de desmontar ese palco son los de infraestructuras? ¿Y no sabes que, precisamente, esos, son de los nuestros?

2 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here