El político que fastidiaba demasiado


Hay situaciones que por más vueltas que se le den no son comprensibles para la mayoría de los mortales, por mucho esfuerzo que se haga e interés que se ponga. No es posible que entre en el entendimiento de cualquier persona con una mínima capacidad y sentido común que un ayuntamiento se dedique a boicotear, entorpecer e intentar perjudicar gravemente la actividad principal del grupo más numeroso de la ciudad: los cofrades. Tras casi dos años en el cargo, al grupo de “gobierno” municipal no se le conocen acciones que no sean la paralización de proyectos que podrían ser beneficiosos para los ciudadanos, el enfrentamiento permanente con la Iglesia a cuenta de titularidades de la Catedral y el solivianto continuo de las cofradías en boca de ediles cuyo nivel queda a la altura de las palabras que Twitter le permite poner.

Estamos ante la provocación continua que no beneficia en nada. El Ayuntamiento de Córdoba, sí, con todas las letras, se dedica a torpedear a las hermandades de la ciudad obstaculizando el proyecto de más calado que ahora hay en la ciudad: el cambio de la carrera oficial de las cofradías. Podrán pensar que exagero, que una nueva carrera oficial para el tránsito de las hermandades no es para tanto, que, a lo mejor, hay otros proyectos que se están gestando y superan en enjundia a este que tratamos; pero, piensen, ¿cuál? La inanidad e incapacidad de los munícipes es tal que no hay nada, absolutamente nada, en la ciudad que no sea la temporada de caracoles o la agonía de un equipo de fútbol de segunda.

En este panorama de exasperante parálisis a nuestros ediles solo se les ocurre publicar costosas revistas infames cuyo único hilo conductor es el insulto a la Semana Santa, o aplaudir y publicar montajes fotográficos en internet donde se utilizan las veneradas imágenes titulares de las hermandades o, para rematar, paralizar todo lo posible la autorización para desmontar una moderna celosía que facilite el tránsito de las cofradías por la Catedral. Cuando todo ha fallado y el irremediable proceso del traslado de la carrera oficial continúa adelante, aparece el susto, el miedo, la iniquidad que se quiere arrojar para preocupación de quienes aún creen que un regidor del ayuntamiento es una persona medianamente responsable, honesta y preparada; la seguridad. ¿Cómo se le ocurre a un edil lanzar una sombra de sospecha sobre un tema tan sensible como la seguridad cuando los técnicos y los cofrades llevan trabajando conjuntamente en ello desde hace meses? ¿Habrá algún padre que no deje a su hijo salir de nazareno por la seguridad? ¿Se quedará algún palco vacío por la seguridad? Si eso fuera así, el daño ya estaría hecho y serviría de vergüenza y oprobio que un dirigente de primera línea del ayuntamiento hubiera perjudicado a la Semana Santa de su ciudad de manera consciente y dolosa. Un dislate.

Sin embargo, los cordobeses van conociendo al personaje y se habrán dado cuenta que sus palabras valen bien poco y que no merece la pena tenerlas en consideración. Los cordobeses tendrán muy claro que su Semana Santa es una celebración ancestral que cuenta con todo su respeto y apoyo. Los cordobeses sabrán que a una carrera oficial se acude a presenciar el paso de las hermandades y que no es ninguna actividad de riesgo ni se va a un frente de guerra. Los cordobeses entienden que las hermandades organizan perfectamente sus estaciones de penitencia, con nazarenos en fila, costaleros con sus relevos planificados o músicos en formación detrás de los pasos; todos ellos contemplados por un público mayoritariamente respetuoso que ocupa sillas y palcos y que solo se levanta, en silencio, al paso de las imágenes titulares. Por lo tanto, consideramos que la Semana Santa de este año será un éxito de público, que tendrá sus desajustes por la novedad del recorrido común pero que, pese a concejales irresponsables, permitirá que unos disfruten de las hermandades y otros vivan intensamente su estación de penitencia.