Una franja, una ruta

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El pasado uno de mayo pude asistir a una magnifica charla, como se podrán imaginar por Zoom, de Enrique Pérez del Consulado de España en Pekín. Bajo el título “una visión desde Pekín” abordó la situación a la que nos enfrentamos en relación con el COVID-19. En su disertación planteo dos caras de la realidad China, una como el país que ayuda en estos duros momentos a muchos países del mundo, y otra más relacionada con la geopolítica y con el papel de esta potencia asiática en el mundo.

Pero sin duda, me llamo poderosamente la atención la iniciativa desarrollada por el gobierno chino desde la llegada al poder de Xi Jimping en 2012, relanzada desde 2016, denominada Belt and Road Iniciative, BRI. Para mí, totalmente desconocida hasta ese momento. Esta iniciativa pretende actualizar a nuestro tiempo la antigua Ruta de la Seda, en una clara apuesta del gobierno chino por invertir en infraestructuras, que permitan un mayor vinculo comercial y cultural entre oriente y occidente. En concreto, la iniciativa BRI representa una red de conectividad conformada por corredores económicos terrestres y marítimos entre China, Eurasia, Oriente Medio, Europa y África. Todo ello, respaldado por el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB). Dentro de las megas infraestructuras incorporadas a este proyecto destaca la firma del tratado de privatización del Puerto del Pireo, con la compra del 67% del mayor puerto griego por parte de la compañía estatal, China Ocean Shipping Company (COSCO), por valor de 368,5 millones de euros, que abre las puertas de la Ruta de la Seda hacia la “Perla del Mediterráneo”. En España, tenemos la compra de la constructora Aldesa por parte de China Railway Construction Corporation (CRCC), de la que el gigante asiático ha adquirido el 75% del capital de la española, a esto se une la reciente cancelación de la deuda con la banca española por 180 millones de euros, con fondos de la banca china.

En la actual situación geopolítica, donde China ha resultado ser la factoría de productos a nivel mundial, incluidos los sanitarios, cobra sentido plantear una gradual disminución de la dependencia de terceros países en determinados sectores estratégicos. Esto permitirá en el futuro una respuesta más rápida por parte del Estado para disponer de los medios necesarios en situaciones como las que vivimos en la actualidad. La globalización no sabremos como quedará tras esta pandemia, pero será diferente a la conocida hasta ahora. Disponer de respiradores, equipos de protección, pruebas diagnósticas, y en un futuro de vacunas, se hace necesario para los estados. No quiero pensar en las situaciones que se pueden plantear cuando exista una vacuna contra el COVID-19, y el mundo entero quiera disponer de ella con inmediatez, recodaremos las escenas de la película “Contagio”.

 

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