Autónomos versus asalariados


Hoy vuelvo a tomar una reflexión, en este de caso de Federico Steinberg, analista senior del Instituto Elcano y brillante economista. Sugería en su cuenta de Twitter ideas para que la estructura productiva de nuestro país no sufriera tanto, como a priori parece que va a sufrir tras la crisis del Covid19. Y créanme las propuestas pueden ser muy variadas. El mismo Steinberg, proponía soluciones para la movilidad a nivel global, sector este cuya afección es ya notable. 

Pues bien, tomando la sugerencia de Steinberg hagamos una rápida radiografía de nuestro tejido empresarial con el fin de acotar a que empresas proponer medidas. A finales del 2019, según los datos del portal ipyme.com, en España había 2.883.431 Pymes (de 0-249 asalariados) y 4.886 Grandes empresas (250 o más asalariados). En concreto, del total de Pymes, existen 1.569.992 sin asalariados (se consideran como PYME sin asalariados a los autónomos propiamente dichos). Las microempresas (de 1 a 9 asalariados), muchas de ellas también de autónomos, ascienden a 1.133.528. Ambos tipos de empresas representan en número el 99% del tejido empresarial de nuestro país, y dan empleo a casi 5 millones de personas, lo que representa el 31% del total del empleo del país. Por eso, creo que cuando hablamos de medidas económicas en una situación de crisis como la actual, es imprescindible implantar medidas para sostener al autónomo y a sus empleados. 

Conceptualmente se pueden definir dos tipos de trabajadores: por cuenta propia (trabajador autónomo), entendido como aquel que realiza una actividad profesional sin que tenga un contrato laboral con una empresa, y por cuenta ajena, aquel asalariado con una relación laboral con una empresa. Dentro de los trabajadores por cuenta ajena, se encuentran los que trabajan en el sector privado y los que trabajan en el sector público.

Si analizamos estos tipos de trabajadores convendríamos que los asalariados del sector público tienen escaso riesgo de dejar de cobrar sus salarios, dado que están respaldados por el Estado, y hasta ahora no conocemos muchos estados de la UE que hayan suspendido sus pagos. Y que siga así la cosa. Los asalariados de una empresa privada tienen mayor riesgo que los anteriores, dado que las empresas pueden desaparecer y con ello dejar de cobrar sus salarios, si bien es cierto que tienen un doble sistema de protección: por un lado, se aseguran una parte del salario impagado por la empresa, y por otro, y con posterioridad, tienen la prestación por desempleo. Por último, el trabajador con mayor riesgo es el autónomo, el profesional que ejerce una actividad y que nadie le asegura su salario a final mes, tiene que generarlo. El autónomo tiene escaso acceso a la prestación por desempleo, pero sobre todo y fundamentalmente, el autónomo depende del mercado, depende de sus clientes, depende de su facturación, sin estos elementos no puede generar su salario. Haciendo un símil entre los funambulistas del circo y el aseguramiento del salario, podríamos decir que los trabajadores públicos trabajan con red y abrochados a un arnés, los trabajadores privados sobre una red, y los autónomos trabajan sin ninguna protección, más allá que lo que generen.

Si la actividad económica se para, la mayoría de los autónomos dejan de facturar, y su quiebra será inmediata. Por tanto, creo que debemos implementar medidas, sobre todo para los sectores que tarden más en reactivarse, que le permitan asegurar su supervivencia. Nos jugamos 5 millones de empleos. 

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