Y ahora qué


Hoy hago un alto en el camino de esta columna, fundamentalmente porque a partir de ahora puede que mucho de lo que conocíamos de economía y finanzas sea distinto, o no.

El pasado domingo Miguel Angel Garcia Vega nos ilustraba en el periódico El País, acerca de cómo será la económica que vendrá tras el COVID-19, recogiendo opiniones de ilustres economistas nacionales e internacionales. Todo empieza por evaluar el impacto de la crisis sobre el PIB. En la medida que el descenso sea más o menos pronunciado partiremos de una u otra situación. La reducción del PIB en este periodo de confinamiento estará muy por debajo lo sucedido en la crisis del 2007/2008, incluso por debajo de la Gran Depresión de 1929. Hay una gran diferencia, las anteriores crisis las generaron disfunciones del propio sistema económico, esta ha sido un factor exógeno. Nunca nos explicaron que, en tiempos de paz, habría algo capaz de frenar en seco el sistema económico a nivel mundial.

Según el último documento de Arcano Economic Research, de abril de 2020, se estima que el PIB de China para el primer trimestre del 2020 ha podido verse reducido en un 10%, lo que pronostica que en Europa las reducciones del PIB serán mayores, al tener una económica mucho más basada en el sector servicios y estar todos sus ciudadanos confinados. Pues sí, es para estar preocupados, pero también deberíamos pensar en que medidas adoptar para salir de esta situación a nivel económico.

Los economistas tendemos a hacer modelos de casi todo, ya que no tenemos laboratorios para probar nuestros conocimientos y ver si funcionan, somos una ciencia social. A priori, parece claro que se deberían tomar dos tipos de medidas. Unas para salvaguardar el tejido productivo, y con ello, los empleos y los salarios. Y otras, para salvaguardar a las personas, y con ello, su salud y su sustento. Los escenarios futuros podrán verse modificados, en mayor o menor medida, en función de la evolución de: la  duración del confinamiento, el número de contagios en los próximos meses y finalmente la posibilidad de desarrollar una vacuna en un tiempo relativamente breve. 

Lo importante es salvaguardar el PIB y por ende el tejido productivo. Porque digo esto, porque sin empresas un Estado como los de nuestro entorno no puede subsistir, el Estado basa sus ingresos en los impuestos, tanto de la renta (de las personas que trabajan fundamentalmente) como de sociedades (que tributan por sus beneficios) y en las cotizaciones sociales (de trabajadores y empresas). Por eso, mi propuesta se basa en hacer transferencias de ayudas directas del Estado a las empresas que para puedan pagar los salarios y sus costes de estructura (Arcano estima que supondrían 40.000 millones de euros al mes, con determinados condicionantes de tipos de empresas e importes). Estas ayudas (si ha leído bien, no prestamos) serán financiadas por el propio Estado. Creo que está más que justificado un aumento transitorio de la deuda del Estado para esta finalidad concreta, si queremos salvaguardar nuestro bienestar como sociedad.

PD: Cuando comencé a escribir esta serie de artículos para tratar algunos aspectos económicos y financieros, lo hice a sugerencia del director de este periódico, hoy me cuesta trabajo escribir sabiendo que está pasando unas terribles circunstancias. Antonio te esperamos. 

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