Un corazón amante


La devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha existido desde época medieval, como un modo de expresar el amor de Dios por los hombres. Pero será Juan Eudes, y sobre todo las revelaciones de Santa Margarita de Alacoque en 1673, lo que propiciará que los jesuitas extiendan la devoción por todo el mundo.
Curiosamente, el arte tardará mucho tiempo en reflejarla. Tan sólo había algunas extrañas representaciones del corazón de modo anatómico. Será en 1780 cuando el italiano Pompeo Batoni pinte el primer Cristo cardióforo, que sostiene en la mano su propio corazón en llamas. Esta imagen fue rechazada por la Congregación de Ritos, pero consiguió suscitar el interés por el tema, que hasta ahora no había sido muy popular.
Finalmente se impuso la iconografía inspirada en la escultura que realizó el danés Thordvalsen para la iglesia de Nuestra Señora de Copenhage. En ella Cristo miraba hacia abajo y abría sus brazos acogiendo a los fieles en un gesto amoroso. Desde finales del siglo XIX esta imagen se repitió con diferentes versiones. A veces uno de los brazos bendecía, otras veces se dirigía al corazón, que estaba grabado en el pecho, fundiendo así la iconografía de Batoni.
En España, Felipe V reafirma esta devoción que Alfonso XIII consolidará con la consagración oficial de España al Sagrado Corazón en 1919. A partir de entonces, su imagen expuesta en las puertas de las casas se convirtió en un símbolo de pertenencia a la Iglesia; incluso se creó una variante del escudo de España que lo incorporaba. En esta época, son muchas las imágenes que se esculpen, pintan, graban y bordan.
Córdoba no será ajena a este fervor, y el día de San Rafael de 1929 el Obispo Pérez Muñoz bendice la impresionante escultura del Sagrado Corazón de Jesús que corona las Ermitas. Su autor es Lorenzo Coullaut Valera, sobrino del escritor cordobés Juan Valera. Lorenzo era de Marchena, pero se había formado en Francia y más tarde en los célebres talleres sevillanos de Agustín Querol.
Collaut Valera destacó por sus monumentos públicos y por su participación en Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. De hecho, en la misma fecha que realiza el Sagrado Corazón de las Ermitas de Córdoba está trabajando en la Exposición Universal de Barcelona.
La escultura de nuestras Ermitas es imponente, alzada sobre su pedestal domina la sierra cordobesa. En ella se recogen las tradiciones iconográficas de Batoni y de Thordvalsen, pero dotándolas de gran creatividad. Cristo mira hacia abajo, a los hombres, señalando su corazón con el dedo, para indicarles su amor por ellos. Al mismo tiempo, eleva su brazo al Cielo, bendiciendo a los cordobeses, pero también conduciendo nuestra mirada al Padre.
Muchos desconocen que Coullaut Valera realizó un boceto previo a la realización de la escultura, que se conserva entre los fondos del Museo Diocesano y que actualmente se exhibe en el rellano de la escalera principal del Palacio Episcopal.
En 1969 un rayo alcanzó la escultura de las Ermitas, y tres años después, cuando estaba a punto de inaugurarse de nuevo, otro rayo lo decapitó. Fue una cuestación popular la que sufragó su restauración, bendecida nuevamente por el Obispo Infantes Florido.
El viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés, el siguiente al Corpus Christi, celebramos esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, signo de un Amor que desborda nuestra capacidad.
Hoy es una iconografía olvidada, pasada de moda, quizá porque no sabemos contemplar el amor de Dios que se derrama en nuestros corazones.

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