Miércoles de ceniza, ¡qué triste llegas!


El lunes 27 marzo, a las 13 h., ha tenido lugar la inauguración de la exposición Miércoles de ceniza, ¡qué triste llegas! en el Palacio Episcopal de Córdoba.

El artista Francisco García Velasco ha presentado 27 sorprendentes obras que permanecerán hasta el 17 de marzo en el claustro del patio de los naranjos de la Santa Iglesia Catedral.

Con un lenguaje rabiosamente moderno y provocador, el sacerdote artista plantea una profunda reflexión sobre el desgarro de la Crucifixión. La sobriedad del montaje, gris ceniza y negro, contrasta con la variada técnica de las obras, unas monocromas, otras con brillante colorido plano, sin mezclar y sin sombras. Todas atrevidas y vibrantes.

Consultado sobre la técnica, García Velasco responde con la profundidad que lo caracteriza: El arte ha de ser creativo y rompedor. Ha de dar impresión y expresión de lo que se desea en la impronta de una pincelada. En estos cuadros, sobre fondos negros o blancos, o grisáceos, va y viene el dolor del cuadro al espectador y del espectador al cuadro. Puede existir una química. Se han usado las técnicas propias del material nuevo, impresión, expresión, imprenta, y todos los recursos que acerquen la imagen al espectador. Óleos sobre madera, papel, lápiz, bolígrafo, acuarela, acrílicos, la cal que borra y limpia los destellos de muerte. 

El artista reconoce en su obra influencias de Lautrec, Picasso y Nolde. Pero también pueden atisbarse reminiscencias de Aurelio Teno, Andy Warhol, e incluso Rouault, sin menoscabo del personalísimo estilo de García Velasco.

La figura humana está estudiada, destruida y recompuesta. Las imágenes del Crucificado parecen marcadas por las cicatrices del pecado, algunas visibles en los confusos contornos de trazo nervioso, otras espléndidas en un trazo grueso rasgado por el color.

La presencia del demonio, con las fauces abiertas, intenta atemorizar… pero su empeño resulta absurdo, porque Cristo permanece en su sitio, clavado, firme en el sufrimiento. Vencedor en el combate espiritual entre el bien y el mal que todos experimentamos.

Una relectura de los cuatro cantos del Siervo de Yahvé del profeta Isaías son la base de las obras. Pretenden denunciar los padecimientos que los hombres viven actualmente, iluminar el dolor humano desde el recorrido por la Pasión de Cristo.  De modo provocador, el autor afirma: La pasión no fue, es. Y cada día más fuerte y más sangrienta. He querido pintar al hombre, imagen de Dios, sufriendo entre nosotros, muy cerca de nosotros, durmiendo, comiendo, habitando en nosotros. Descubrir las huellas de la pasión sufriente en nosotros mismos, que  en tantas ocasiones disimulamos.

El recorrido por la exposición suscita en el visitante una interrogación, cuestiona su estabilidad en la compresión del otro. Dirigiéndose al espectador lo exhorta: Si usted cree que su situación de sufrimiento es única y exclusiva, está ciego a los demás. Con esta exposición pretendo que los sistemas educativos, sociales, políticos, aún eclesiásticos,  busquen una nueva mirada cultural, una exégesis nueva: que Cristo muere cuando el hombre muere, cuando está falto de libertades. La exposición es un grito a la libertad. Las manos de Cristo son palomas que huyen buscando la acción liberadora del espectador.

En su generosa humanidad, García Velasco no se apropia su obra, sino que apela a la ayuda de sus amigos, la influencia de pintores, intelectuales, familiares… y sobre todo expresa su agradecimiento al Cabildo, al Obispado y a la Iglesia: me lo ha dado todo porque me ha dado la fe. Y por supuesto a su pueblo. La obra expuesta está muy arraigada en la Semana Santa de Espejo, donde el artista ha aprendido del párroco a leer y releer en sus costumbres populares y creencias.

Se percibe un claro interés por trazar un camino didáctico sobre la muerte y resurrección del Señor.  Ante esta obra, creyentes y no creyentes son invitados a interrogarse sobre el sentido del dolor de Cristo redentor. El arte pictórico se acompaña con la palabra, a través de una cuidada selección de frases profundas, bíblicas, litúrgicas, vividas… algunas en latín, otras en arameo: La enseñanza debe de ir siempre sobre la realidad objetiva, y esa, subrayada con un concepto de verbo-adjetivo y nombre que se imprima en el recuerdo. La palabra está para los signos y los signos sin palabras no son nada. Es una conjunción entre signos y palabras.

El cuadro favorito del artista está acompañado por la frase: Y llevaron aromas. Tras el espectáculo del tormento, la promesa de la resurrección devuelve la luz al espectador. En palabras del autor: Aromas, mirra, luz blanca y amanecer, siempre existe un mañana: la esperanza. La muerte ha sido vencida. La obra cierra la exposición mostrando la única sonrisa expuesta, la de María, que ha visto a su Hijo volver de la muerte.

Casi dos años ha supuesto la gestación de esta exposición repleta de valentía  ante el dolor y esperanza en la vida. Desde su origen, se pensó que los beneficios de la exposición fuesen para Caritas Diocesana. A la belleza de la exposición se une la belleza de este gesto que ve en el pobre a Cristo sufriente.

El recinto catedralicio luce estos días de un modo muy singular. El artista ha sabido ganarse el espacio con una propuesta artística que no deja indiferente. Este foco cultural inundado de fe se fusiona con el lenguaje artístico más actual y arriesgado. En el patio de los naranjos, la luz ilumina los cuadros y los cuadros al espectador en un recinto único donde habita la Luz.