Denegada


Denegada, por definición, es la característica de algo que no fue permitido, que no fue concedido, o sea, algo que ha sido negado.

Denegada me persigue desde que, hace dos años, volví a España, la patria que me vio nacer y crecer. La misma que me vio estudiar, trabajar y enamorarme de un extranjero. La misma a la que hace 20 años le dije adiós con el alma encogida, para irme por el mundo siguiendo a mi corazón.

Dos décadas después, con varios países -y dos continentes-, tres hijos a la espalda y el mismísimo compañero de camino, retornamos a casa (la mía). Puntualizo que ha sido un traslado oficial. Mi marido ocupa un cargo en una institución extranjera, un cargo que ningún español podría ocupar. Digo esto para evitar pensamientos de “ya está aquí otro de fuera para quitarnos el trabajo”, pensamiento que, infelizmente, he escuchado en voz alta en más de una ocasión.

Antes de tomar la decisión elaboramos un estudio de los pros y los contras, algo que siempre hacemos ante un traslado internacional. Fueron meses de entrevistas, preguntas e investigación tras los que llegamos a la conclusión de que era un buen momento para volver. ¿Pros?  varios: escuela pública y de calidad, sanidad pública y de calidad, precios asequibles de alquiler o compra venta de inmuebles, distancias cortas en viajes vacacionales, seguridad pública y vial y, en el caso de los hijos, libertad de movimiento, que en otros países es inexistente. Yo, como española, podría trabajar. Y por último y no por eso menos importante, un buen salario. ¿Contras? En principio ninguno. Balanza a favor de España. Aquí estamos.

La llegada fue mágica. Después de dos puestos tropicales, Madrid en febrero fue una bocanada literal de aire helado. Dos semanas de aterrizaje y disfrute y ¡manos a la obra! Muchas cuestiones prácticas que resolver. Primero dónde vivir y segundo, el colegio. Elegido el barrio buscamos los colegios públicos y concertados cerca de nuestra residencia. En todos ellos nos encaminan antes a la comunidad de Madrid, para ver el tema de las plazas libres.

¡Denegada! tengo un hijo en primaria, otro en ESO y, en la época, el tercero en 2º de Bachillerato. No había plazas para los tres en ningún colegio así que los separan. Cada uno a un colegio con horarios distintos -viva la conciliación-, siempre y cuando pasaran la prueba de español, de lo contrario irían a un colegio de transición -para hijos de inmigrantes y refugiados-en no sé qué barrio a 15 kilómetros de mi actual residencia. Mis hijos son españoles. Uno porque nació en Córdoba, igual que su madre, y los otros por sangre. Lo dice la Constitución. No son hijos de inmigrantes, ni son refugiados, son españoles, cada cosa en su sitio. Intentamos la opción de que fuesen “oyentes” de marzo a junio para no quedarse en casa 7 meses ociosos. Cualquier padre/madre entendería mi desesperación, ¡siete meses con los niños en casa! ¡Sin responsabilidades reales! Infelizmente, la existencia de dos hemisferios con calendario escolar distinto no es problema de la Comunidad de Madrid. Solución: colegio privado. Primer pro que se convierte en contra. Conclusión: si quiere una educación que le permita tener vida propia, páguela.

Segunda cuestión, la casa. Encontrar residencia no es difícil, si tienes dinero. El sector inmobiliario funciona bien, si tienes dinero. Programar visitas, e incluso decidir, es fácil, siempre que tengas dinero. El problema es otro. Para firmar el contrato necesitas DNI, para tener DNI necesitas cita previa, para tener cita previa tienes lista de espera. Sin DNI no puedes abrir cuenta en el banco y sin cuenta en el banco no puedes pagar los dos alquileres que exigen, más el depósito, más la mensualidad para la inmobiliaria (a esta altura estamos entrando en bancarrota) y sin el contrato de alquiler no puedes empadronarte y sin padrón municipal no hay colegio. Sin DNI no existes, no eres nadie, no vales nada, aunque tengas dinero. Buena noticia: el dinero no lo es todo, el DNI sí.

Instalados en la nueva residencia -menos mal que una tiene pasaporte válido- y con los niños en clase, me dispongo a certificar otro de los pros de mi lista, la sanidad pública. Relleno e imprimo ocho formularios diferentes. Copio, imprimo y compulso todos los documentos exigidos, pago las tasas y pido cita. Voy el día y hora indicados. La funcionaria introduce los datos en el sistema informático y ¡tarjeta sanitaria denegada! Me informan que por el simple hecho de ser españoles (mis hijos y yo) no tenemos derecho a la sanidad pública. La sanidad universal es historia, falleció en mi ausencia. Me quedé arrasada. Recurro a instancias mayores. Molesto, llamo, incordio y termino con tres protocolos, todos ellos denegados.  Incansable al desaliento y ya en una cruzada más que personal librando una ardua lucha contra el sistema y con la ayuda inconmensurable de un buen amigo, encontramos una brecha y conseguí la ansiada tarjeta sanitaria. En medio del camino este pro ya era contra.

Es el momento de buscar trabajo. Esto fue rápido: ¡Denegado! ¡Denegado! Y mil veces ¡denegado! Ser española, con licenciatura universitaria, pos graduación, master, más de 20 años de experiencia y varios idiomas, no es un plus. Estoy en la peligrosa franja de los “enta” y no tengo un título oficial de inglés nivel B1 (¿?). Dos décadas de residencia en países anglosajones con trabajo local acreditado no sirven, necesitas un título. Y 20 años menos. Cuarto pro que se fuga a contra.

Y hablemos de la perla. La joya de la corona de los denegados/as. Financiación. Se me eriza hasta la médula. Realidad: trabajo fijo, buen (muy buen) salario, ninguna deuda, impuestos al día y ficha criminal limpia.  Conseguir una financiación humilde no debería ser ningún bicho de cuatro cabezas. Se entrega la documentación, alguien competente y preparado en riesgos estudia el caso y si se cumplen todos los requisitos, se concede, ¿no? ¡Pues no! Ese supuesto sólo sirve para cantidades considerables. Los casos simples no los analiza un ser humano competente y preparado, los analiza una máquina. El que un ciudadano de bien pueda o no hacer esa inversión, compra, cirugía, adquisición, no depende de un gerente que estudia personalmente la situación del susodicho, no, lo hace un ordenador. Un procesador tiene tus planes en sus circuitos. Y si el sistema en cuestión está obsoleto y no acepta NIE -número de identidad de extranjero- no importa tu solvencia, simplemente escupe ¡denegada! ¡denegada! y ¡denegada! tres veces, tres instituciones financieras, mismo cliente. Humillante, frustrante, ridículo, absurdo. Motivo: ser extranjero. Delito: no tener DNI. Primera conclusión: No existes. Mi denuncia: sistema bancario antiguo, viejo, decrépito, corrupto, inútil e incompetente. Segunda conclusión: así nos va. Pregunta: ¿Qué puedo hacer? Respuesta: Nada, yo no trabajo y mi marido no tiene DNI. Seguimos engordando las filas del contra.

En favor de mi España diré que la Seguridad continúa siendo un Pro -con mayúsculas-. Que las ciudades continúan lindas y limpias y su Patrimonio conservado.  El transporte público es, sin lugar a dudas, de los mejores del mundo y, pese a todas las penurias sufridas, la gastronomía y la enología son de lujo.

Le deniego a España un mísero aprobado en Administración y Servicios Públicos en general. También le deniego mi confianza al sistema financiero y bancario.  Pero, como dijo Oscar Wilde,” después de una buena cena se perdona a cualquiera. Incluso a los parientes”. Así que aquí estoy, comiendo y perdonando.

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