La gran mentira


Sería deseable, de vez en cuando, que se recordara a nuestros jóvenes la verdadera historia y no la que día a día se muestra en las aulas, manipulada en sus textos, manoseada y explicada en algunos casos por profesores de dudosa ecuanimidad.

No seré yo quien dé lecciones a nadie, pero sí quiero recordar, que las persecuciones de Maximiano y Diocleciano en la época romana de Córdoba y las atrocidades de Al Hakem II en época musulmana, distan mucho de la monserga, mil veces vendida por la izquierda, de la convivencia pacífica de culturas. Y es esa misma izquierda, la de diadema de flores y flauta, la que día a día quiere impedir que el mundo cristiano se muestre tal como es, comenzando por atacar en esta ciudad su legítimo derecho de expresarse en la Semana Santa o de intervenir en una puerta, de su propiedad, para realizar un acto de tradición centenaria que a todas luces beneficia a la ciudad.

Incluso esta oposición sería admisible, puesto que sólo va en contra de signos externos de una religión como es la católica. Allá cada cual.

Lo que ya no me parece admisible de ninguna manera es ir en contra de la esencia de la misma, La Eucaristía, cuando el resto de religiones pueden tener sin ningún tipo de cortapisas sus canales de comunicación en los medios públicos. Lo que convierte a la religión católica en víctima de una persecución en toda regla y demuestra que la convivencia pacífica es una gran mentira y seguirá siendo mentira por mucho que quieran adornarla.

Es evidente que el problema no está en la religión católica en sí, sino en los peligrosos seres que la profesan, dado que se proclaman seres libres, libres hasta para pecar y eso la izquierda radical, mugrienta, revanchista y dictatorial en esencia, no puede permitirlo.

La respuesta del cristiano siempre será la misma. Su opción no violenta primará siempre, pero esa izquierda cutre e inculta, debería saber que el martirio multiplica los seguidores, como ha venido ocurriendo durante dos mil años y que esta persecución velada a la cristiandad, revestida de democráticas maneras, no hará sino estallarle en la cara.

Es curioso ver en la prensa de Córdoba, como una asociación de vecinos nos dice que no puede asegurar que no haya manifestaciones en contra de los actos de Semana Santa. Para quien quiera entenderlo, una amenaza en toda regla.

Pero los cristianos queremos añadir, con el mismo espíritu de concordia, que alguien puede dejarse ese día, su única neurona en la “mesita de noche” y poseído por el espíritu de Don Pelayo, perder la cabeza y comenzar su particular reconquista. De todo hay en la Viña del Señor.

No señores… y señoras claro, tensar la goma no es la solución. Nadie, que en el ejercicio de su libertad de religión o ideología, demuestre respeto y voluntad de servicio a los demás puede ser aplastado, sea de la confesión o ideología que sea.

Aquí ya no nos jugamos la supervivencia de un colectivo religioso, sino el peligro de ser pisoteados por una izquierda que huye de cualquier forma de libertad individual, donde el ser humano es anulado y puesto al servicio de aviesas intenciones.

Si usted quiere someterse al dictamen del hombre, convirtiéndose en un pequeño engranaje de la maquinaria del poder omnímodo de la izquierda sobre sus semejantes a cambio de pan envenenado, está en su derecho de hacerlo. Si usted quiere, participar de esa gran mentira, hágalo, pero no nos pida ni nos exija a los demás que lo hagamos. Jamás renunciaremos al derecho a ser libres.

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