Mamá, trabajo en una startup


Business Angel, CEO, CTO, fintech, crowdfunding, coworking, Venture Capital, aceleradora, elevator pitch, capital semilla, freemium,… muchos de estos términos (gran parte de ellos anglicismos) están invadiendo los artículos de empresa, tecnología y empleo en los últimos años. Pero hay uno que copa todos los rankings, uno que se ha convertido en el germen y nexo de unión de todos ellos, el anillo único que hace que los demás tengan sentido. Y ese no es otro que “startup”.

Recientemente, en una reunión familiar tuve la necesidad de explicar mi labor profesional. Rodeado de empleos “tradicionales” como médico, agente de banca, administrativo o policía, intenté explicar las características de una “startup”, poniendo especial empeño en que por un error de pronunciación mi madre no interpretase que me encontraba inmerso en el sector repostero.

¿Y, qué es una startup? Pues no deja de ser una empresa, al fin y al cabo, la cual puede tener multitud de naturalezas. Estas empresas son normalmente tecnológicas, basadas en la innovación y muy orientadas a satisfacer una necesidad latente en un mercado. Suele denominarse startups a empresas de nueva creación, con un gran potencial de crecimiento y, en muchas ocasiones, con un modelo de negocio escalable. Estas empresas suelen saltar a la palestra y ocupar grandes titulares más por las inversiones conseguidas que por la labor que desarrollan. Y es que su financiación sí es un término diferencial respecto a la empresa tradicional. Normalmente se trata de compañías de capital riesgo que son invertidas por Business Angels o fondos de inversión (venture capital), hasta en varias ocasiones; con el objetivo de alcanzar grandes cuotas de mercado y un rápido crecimiento. Además cuentan con el compromiso tácito y universal de contar con una mesa de pingpong en sus instalaciones.

Estas empresas, eminentemente tecnológicas, normalmente están puestas en marcha por perfiles muy técnicos y cualificados, además de contar con una media bastante baja de edad de los fundadores. Pero, si por algo se caracterizan, desde mi punto de vista es por la organización empresarial. En los últimos años ha habido cambios determinantes para la sociedad que han modificado nuestra manera de ver el mundo. Ahora hay superalimentos, viajamos y nos alojamos con desconocidos, nos relacionamos por plataformas digitales, leemos en libros electrónicos, compramos sin movernos de casa. Y sin embargo, si bien la empresa continuaba estructurada en los mismos departamentos, que casi podemos decir de carrerilla, no había sufrido una verdadera evolución, no ya en lo que comercializa sino en lo que es. Para una startup la monitorización, la analítica y la interpretación de datos son fundamentales; la agilidad, la flexibilidad, la especialización y la internacionalización son claves. Es un paso más allá para optimizar recursos en base a un crecimiento constante.

Empresas como Google, Uber, Dropbox, Infojobs, Wallapop, Atrápalo, Hawkers, Blablacar, Airbnb, Just eat, Jobandtalent, Cabify son o han sido startups. Estas empresas están cambiando el mundo, están cambiando el modo de trabajar. El ecosistema de startups de España está creciendo poco a poco, mirando aún de lejos a EEUU, pero cada vez están aglutinando más talento, consiguiendo mayores inversiones. Hace poco leí que aunque no se puede medir con exactitud, las startups españoles eran en torno a 3.500, aún un número muy reducido, pero podéis apostar a que no va a parar de crecer.

Hoy este post está escrito sobre una plataforma digital que ve la luz, se trata de una empresa digital, compuesta por profesionales especializados y con el objetivo de un crecimiento rápido. ¿Estamos ante una startup? Seguiremos hablando de esto en futuros artículos, ahora tengo que terminar de montar la mesa de pingpong.