La infidelidad política jamás fue tan barata, pero nunca fue gratis


¿Cuántas veces puede uno sentarse a ver Titanic y esperar que el barco no se hunda? ¿Cuántas veces se seguirá esperando un resultado distinto por parte de los políticos del que realmente acaba siendo?

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Estoy seguro de que al realizar una encuesta a una parte considerable de la población sobre la infidelidad y si perdonarla cuando es reincidente o no, más del 80-90% me dirían que no, rotundamente no. ¿Quién en su sano juicio perdonaría a una persona infiel de forma reincidente? Nadie. (Con infiel me refiero a que no cumple su palabra ni compromisos en cualquier ámbito de la vida). Estamos hartos de ver abundantes criticas en redes sociales sobre cualquier tipo de infidelidad ya sea entre amigos, en el mundo del deporte o negocios, da igual, lo que quiero decir es que la gran mayoría de personas se muestran muy sensibles a cualquier infidelidad, a cualquier incumplimiento de algún acuerdo, pero, cuando el Estado o el poder político están detrás de ese incumplimiento, de esa quiebra del contrato pactado previamente… ¿La sensibilidad es la misma? ¿El impacto social es el mismo? ¿Afecta de la misma manera? Parece ser que no… Comenzamos.

Las campañas electorales son el gran laboratorio de creación de promesas incumplidas jamás visto, las campañas electorales son pura teatro inconsciente para el electorado, en ellas se escenifica el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos. En ellas los políticos explican que harán para satisfacer el interés general (Aunque sólo les importe el suyo particular, y el general del que tanto hablan ni exista, pero eso lo dejamos para otra entrega) de los ciudadanos de cada ciudad, región o país. Luego nadie o prácticamente nadie hace seguimiento al discurso preelectoral, es decir, muy pocos son sensibles de verdad al posible incumplimiento de lo prometido en campaña por parte de los políticos.

El Partido político que gobierna nuestro país, el Partido Socialista, repitió de manera incansable en campaña a través de sus representantes políticos, que no subiría ni un céntimo los impuestos a la clase media ni a la clase trabajadora, que la subida impositiva iba a hacerse a las rentas altas, a los ricos. Siempre es muy popular ir en contra de los que más tienen para dárselo a los que menos, una especie de Robin Hood político devolviéndole a la sociedad lo que los ricos tantos y tantos años han dejado de pagar. Mi pregunta es ¿Todavía queda alguien en este país que piense que toda la fiesta la van a pagar el 0,49% de los contribuyentes solamente? ¿En serio puede haber alguien que lo piense?

Bueno ya hemos llegado al punto en el que os tengo que dar una grata sorpresa, ¡Son muy afortunados! ¡Son todos ricos! Eran ricos y no lo sabían, el gobierno con total bondad ha querido hacernos sentir a todos inmensamente ricos y ha decidido sablearnos a todos por igual, como oyen todos somos ricos, porque el gobierno nos advirtió que en ningún caso iba a subir los impuestos a la clase media y a la clase trabajadora, que garantizaba que solo los más ricos iban a sufrir ese incremento impositivo, por lo tanto, todos somos ricos. ¿Porqué digo esto? Por que las subidas de impuestos vienen de las siguientes partidas:

Diésel: 30% de los vehículos matriculados en 2020. (255.363,30 vehículos)

IVA Superreducido (del 4% al 21%): Pan, alimentos frescos, medicamentos, libros, vivienda de protección oficial etc…

Impuesto de Circulación y Matriculación: Para cualquier conductor de un vehículo. Un vehículo esta considerado un bien de altísimo lujo, cosa de ricos.

Mascarilla FFP2

Bebidas azucaradas: Coca-Cola, la bebida de los más ricos, no se olvide.

Ahorro: Eliminación de las bonificaciones fiscales en productos financieros que favorezcan el ahorro, como los planes de pensiones.

Comida “Fast Food”: Todos los ricos se alimentan de comida rápida a diario.

Circular por autovías y autopistas

-Cuota de Autónomos: más de 3 millones de españoles son autónomos.

Esta es la lista del asalto que preparan, y van a llevar a cabo, los políticos a nuestro bolsillo, ¡A su bolsillo! Siempre con el argumento de que no hay otro camino, de que no hay otra opción que son momentos muy delicados y que ya vendrán buenos momentos para rebajar esas subidas de impuestos. Lo mismo dijo Rajoy cuando subió el IVA del 18% al 21%… Aún seguimos esperando esa rebaja, lo mismo dijeron en la transición cuando llegó a España el “maravilloso” IRPF, que con su recaudación se iba a sufragar los gastos del cambio de un régimen dictatorial a uno democrático… Seguimos esperando también el “paso transitorio” del IRPF por nuestro país.

En definitiva, nos lo han vuelto a hacer, nos han vuelto a poner los cuernos en favor de sus propios intereses, en favor del bienestar del estado y no de un estado de bienestar de toda la población de nuestro país. ¿Cuantas más veces puede uno sentarse a ver Titanic y esperar que el barco no se hunda? ¿Cuantas veces se seguirá esperando un resultado distinto por parte de los políticos del que realmente acaba siendo? España está sumida en una crisis económica sin precedentes, con un déficit publico del 11%, una deuda pública del 120% y una tasa de paro del 16%… ¿Y la masa social no se ha opuesto de manera rotunda a estas medidas? No, parece ser que los españoles tenemos mucha más tolerancia al robo y al ninguneo por parte del Estado de lo que pensaba, muchísimo más. Ah, y los medios de comunicación no están en eso, ¿Para que? El claro y gran objetivo de este gobierno es generar redes clientelares que perpetúen su poder sin importar nada más, y cuando digo nadas es nada. Frédéric Bastiat resumía muy bien en esta frase lo que yo comento;

 “Todo el mundo quiere vivir a expensas del Estado, pero olvidan que el Estado vive a expensas de todo el mundo”.

PD: Por cierto, Robin Hood nunca robó a los ricos para darle a los pobres…Robaba al Estado para repartirlo entre los asfixiados contribuyentes, que veían como el propio Estado los dejaba sin nada con la promesa de protegerlos y darles seguridad… Premisa que también incumplen.

 

“La política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”

Edmond Thiaudière