Gracias Ignacio


Ignacio Echeverría es hoy un héroe… un héroe público. Pero yo quiero mirar más allá y sin conocerlo, creer y tener casi la certeza de que siempre ha sido un héroe. Porque el alma, los valores, la honestidad, la lealtad, la honradez, el respeto y la generosidad, son valores que no se generan en un día, son fruto de sembrar y sembrar para luego recoger. Desde aquí mi enhorabuena a esos padres, por engendrar, alimentar y hacer crecer un héroe en el corazón de su hijo Ignacio, con la ayuda seguro de Dios.

Hoy los cimientos de la sociedad se tambalean. Cada día los padres tenemos que luchar contra continuas injerencias y malas influencias en la educación de nuestros hijos. Agentes externos –algunos con mucho poder- que intentan convencernos de que en esta vida hay que ser feliz por encima de todo, que la vida se vive una vez y que el egoísmo es el camino. Yo primero y para mí después.

Discrepo. No conozco un egoísta feliz. La verdadera felicidad está en la generosidad y en el amor, en la entrega. A Dios por supuesto pero también a los hombres. Al prójimo, por resumir. Ignacio Echeverría era feliz hace una semana, cuando volvía de pasar un buen rato con sus amigos. Y era feliz por cómo era. Y esa misma felicidad y esa maravillosa forma de ser que durante 39 años ha regalado a los que han tenido la suerte de conocerlo, es lo que le ha hecho abandonar este mundo de forma trágica y temprana. Pero hoy sigue siendo feliz. Estoy segura. Y con su ejemplo ha contribuido a hacer un poquito mejor este mundo, no ha salvado una vida… espero que salve muchas que se replanteen el verdadero sentido de su existencia después de su heroica acción.

Tengo un hijo y pienso que él actuaría igual. Me lo ha dicho… y en el fondo de mi corazón tengo miedo… es más, reconozco que he intentado, apoyándome en el fatal desenlace de Ignacio, convencerle de que no se puede ir por la vida como si uno fuera el Cid Campeador… pero no tengo derecho a hacerlo y se que no está bien, que así no vamos bien… el mundo no va bien. Su respuesta cuando hablamos de este tema, una verdadera lección para mí: “¿de verdad tú me estás pidiendo que yo vea que están atacando a alguien y que me de la vuelta y corra? No puedes estar  hablando en serio mamá… ¿qué clase de persona sería?. Además, yo no podría seguir viviendo después de eso, prefiero arriesgarme y morir en el intento”.

Estos días he rezado como nunca. Rezo por los amigos de Ignacio quizá más que por los padres. Espero que en el regalo del Don de la Fe que Dios les ha hecho, encuentren consuelo y desde aquí va mi admiración más profunda hacia ellos por tener los hijos que tienen –vaya ejemplo han dado todos de amor, entereza, fortaleza, educación y respeto-.

D.E.P Ignacio Echeverría. Gracias y mil veces gracias.

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