El sexo sí importa señora Díaz


«Mantener que el hombre y la mujer son lo mismo en aptitudes, habilidades o conductas es construir una sociedad basada en una mentira biológica y científica» (Anne Moir, Catedrática de Genética de la Universidad de Oxford)

He tardado unos días en decidirme a escribir estas líneas, porque era tal mi indignación que me daba un poco de miedo que quizá lo que pudiera escribir no fuera del todo oportuno. Y lo hago hoy más tranquila aunque aún retumban en mis oídos las palabras de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que dijo literalmente en nuestra ciudad “desde el respeto absoluto de que el padre lleve a sus niños donde quiera, por un lado, y a las niñas por otro lado, que se lo paguen ellos”.

Todavía no reacciono. Ese “que se lo paguen ellos” demuestra que el ‘topicazo’ de que Andalucía es el cortijo de los socialistas aún desgraciadamente es una realidad.

Señora Díaz, ¿cómo se atreve usted a discriminar abiertamente y sin tapujos a un número considerable de andaluces? ¿es que cree usted que el dinero de mis impuestos es suyo? ¿por qué tiene usted que imponer su voluntad como si Andalucía fuera su reino y usted Isabel I? Aunque parece que le cuesta aceptarlo, esas épocas autoritarias y absolutistas en España ya no se llevan y por ese camino, mal futuro le auguro.

Yo elijo educación diferenciada. Y lo hago porque creo que es mejor para mis hijos, y con esto no quiero decir que la otra sea mala, ¡Dios me libre!. Pero sobre todo lo hago porque puedo. Usted con sus políticas sectarias y acomplejadas ha conseguido que muchos padres que a lo mejor piensan como yo no puedan elegir, porque ha conseguido que este tipo de educación sólo esté al alcance de unos pocos.

Elijo educación diferenciada porque respetando todas las opciones y sin ofender a nadie, creo que a pesar de que ya gracias a Dios en ningún país desarrollado se duda hoy en día que hombres y mujeres son iguales en humanidad, dignidad, derechos y deberes. A pesar de eso, creo que el sexo importa.

Importa en la medicina, en nuestras relaciones diarias profesionales, en nuestro matrimonio, en unos aspectos que no esperábamos y en otros que ni siquiera podemos llegar a imaginarnos.  Pero también, y sobre todo, importa en la educación y formación de nuestros hijos. Muchos pedagogos piensan y defienden que tanto los chicos como las chicas están sufriendo una desventaja en el actual sistema escolar que al igualarlos y considerarlos idénticos les perjudica, castrando sus verdaderas potencialidades. Un sistema plagado de incomprensiones hacia las peculiaridades propias de cada sexo que los discrimina y aparta de la igualdad de oportunidades. Un sistema que con sus prejuicios les obliga a ser lo que no son, provocando un elevado porcentaje de fracaso escolar, además de frustración y depresión.

La situación actual podemos resumirla en un chiste que resulta suficientemente gráfico al efecto, pero que, por desgracia, es a la vez terriblemente realista: una pareja paseaba orgullosa con su bebé recién nacido en brazos, cuando se encontraron con un amigo y éste les preguntó: «¿Qué es, niño o niña?» A lo que los padres respondieron: «No sabemos. Ya lo decidirá cuando sea mayor».

Esta es la ideología imperante actualmente, la negación absoluta de las diferencias entre hombres y mujeres, entre niños y niñas. Y en ella se basan gran parte de las políticas educativas de nuestras Administraciones públicas. Pero el cerebro tiene sexo, se nace niño o se nace niña, aunque a usted no le guste.

En la etapa coincidente con la escolarización obligatoria, observamos que los niños difieren de las niñas principalmente en sus ritmos de maduración. Pero también en sus intereses, inquietudes, aficiones, formas de socializarse, formas de reaccionar ante idénticos estímulos, maneras de jugar, afectividad y comportamiento. Todas estas diferencias provocan que tengan asimismo una diferente forma de aprender.

Los métodos docentes o técnicas pedagógicas válidas para los varones pueden provocar efectos negativos en las niñas. Lo mismo si alguna religión, que por supuesto no fuera la católica, hiciera este mismo planteamiento, cambiaría usted de criterio señora Díaz, y entonces sí que seguro, con mi dinero y con el de todos los andaluces, empezaríamos a pagar escuelas para que esas niñas y esos niños pudieran educarse y vivir en “libertad”. Justamente lo mismo que ahora usted a algunos nos quita, la libertad de elegir en igualdad de condiciones que otros padres y con las mismas ayudas públicas. Nos castiga por no pensar como usted.

Una educación que, sin complejos ni dogmatismos, atienda a las diferencias entre los sexos nos ayudará sin duda a obtener lo mejor de cada uno de ellos.  Sobre esto se ha escrito mucho y  bien y además con mucho fundamento, con datos. Para el que quiera saber más y profundizar más, les recomiendo el libro de María Calvo Charro, “Hombres y Mujeres. Cerebro y educación”.

 

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