Ni Vallellano, ni Cruz Conde, ni Cañero desollaron al líder del POUM


Que personas que militan o profesan la ideología comunista tomen la palabra en cualquier foro, pongamos por caso el salón de plenos del Ayuntamiento, para hablar de memoria democrática, de justicia o de libertad en cualquier momento de la historia del pasado siglo sólo puede responder a  ignorancia o a la hipocresía partidista de los cómplices políticos  del mayor holocausto del siglo XX: Más de 120 millones de personas fueron asesinados por los diferentes regímenes comunistas en la pasada centuria.

Que, además, una militante comunista se permita tildar de terroristas a cordobeses de las décadas de los 30 o 40 sólo  porque tuvieran  algún vinculo con las fuerzas monárquicas, católicas o con la administración del Régimen de Franco, como hizo la portavoz cordobesa de IU en la sala principal de Capitulares en el último pleno, denota que sigue vivo en su ADN político el estalinismo que tanto influyó  en la historia pasada  del  PCE y que a millones de  disidentes ejecutó, sin juicio alguno, sólo  por ese “delito” : disentir de la ortodoxia de la oligarquía soviética.

Convendría preguntar a los concejales comunistas cordobeses, algunos de los cuales presume de sus fotos estivales  en la tumba de Stalin, si ese calificativo de terroristas lo aplican a sus correligionarios  del gobierno del Frente Popular que cometieron crímenes por doquier, pero no sólo  los que afectaron  a monárquicos  como Calvo Sotelo o a los católicos de la CEDA. Sino también, los que sufrieron anarquistas o antiguos compañeros comunistas escindidos en el trostskista POUM.

Porque por mucho que quieran reinventar la historia  no fueron ni Jose Cruz Conde, ni el Conde de Vallellano, ni el rejoneador Cañero, ni tampoco el escritor José Maria Pemán, ni ninguno cuyo recuerdo histórico han intentado represaliar retirando su nombre del cartel de quince calles cordobesas, los que en un hotelito de Alcalá de Henares, reconvertido en checa, aplicaron a Andreu Nin,  líder de la CNT y del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), todo tipo de de torturas hasta desollarlo vivo, como ni siquiera se le hace al ganado que llega al matadero para el sacrificio.

No,  ese tipo de atrocidades las cometieron comisarios políticos comunistas, al frente un tal Pedro,  con la complicidad y apoyo del gobierno del Frente Popular que presidía  Juan Negrín.     

Ya recordamos en estas páginas lo que pensaba el  Santo Laico de Julian Besteiro, antiguo secretario general de la UGT y del PSOE, de la responsabilidad de comunistas, anarquistas y los socialistas marxistas en la escalada criminal que se vivió en la España de los años treinta y que abocó a los españoles a la fraticida contienda civil del 36. 

Reinventar la historia al antojo partidista, enjuiciar situaciones del pasado a ojos del presente, y sin una visión histórica integral, ni es veraz ni mucho menos justo. Pero en época de posverdad, de realidad fake, se compra y vende todo.

Y lo peor es el papel de muchos de los actuales dirigentes socialistas haciendo de tontos útiles del comunismo puntocom. Olvidando que han han sido aquellos  los mayores y más crueles enemigos del socialismo moderno.

Si Felipe González enterró el marxismo y lideró la obra reconciliadora de la Transición  desde la izquierda política, un oportunista y mediocre político como  Zapatero recuperó la peor praxis de la obsoleta ideología buscando dividir a los españoles,  rompiendo  los equilibrios y caminos de concordia que fraguaron los verdaderos “padres de la patria” en el 78. La consecuencia está siendo, como en los años 30, anular a los socialdemócratas del PSOE y entregar el liderazgo de la izquierda a los comunistas podemitas. 

Y un último dato, cuando asesinaron a Andreu Nin en 1937 el gobierno de Negrín tenía un ministro de justicia  del PNV. A esta derecha católica no le hacen ascos los comunistas. ¿ Les suena ?

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