Cordobeses en el Tribunal Supremo


Arrancaba la mañana con un  tweets de Jose Antonio Nieto sacando ese lado de su personalidad  que lo agranda cuando otros se empequeñecen o esconden.

Contemplando en el techo del monumental templo mayor de  nuestro ordenamiento jurídico la obra pictórica de un montillano de adopción, nuestro Secretario de Estado de Interior prologaba el servicio público y cumplimiento con la Administración de Justicia, que minutos más tarde ejecutó. Lo hacía destacando que a pesar del difícil trance que le sobrevenía hoy podía  disfrutar, y lo hacía, de la obra del Pintor Garnelo porque “cada momento tiene sus oportunidades”. Genio y figura.      

Lo que vino después, en una magna sala de vistas y ante la cúpula judicial integrada por un ramillete de Magistrados con uno de ellos también cordobés, Juan Ramón Berdugo, ha sido visto y seguido por la opinión pública nacional. Y está dejando reguero de valoraciones y críticas.

Sometido a riguroso, prolongado y duro interrogatorio ha dejado claro que la noticia no podía ser, como el emporio mediático entregado al independentismo quiso  vender,  “que el hombre mordió al perro”. Sino que el Estado de Derecho se debe imponer siempre. Que la dejación y “traición” a España  de la dirección política y operativa   de los “mossos”, no podía ser la trocha por la que colarnos un referéndum ilegal.

Eso hubiera supuesto escarnio mundial de nuestro sistema democrático y mayor gloria de un grupo de supremacistas que están locos por pasarse por suentrepierna el principio constitucional de que la Soberanía Nacional emana  del Pueblo Español.

Hoy las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han tenido a un servidor público dando la cara por ellos donde más vigor adquiere su defensa: en sede judicial.

Hoy muchos españoles han comprobado como a pesar de manipulaciones y tejemanejes mediáticos, y algún error de cálculo político de quienes ostentaban esa responsabilidad de calcular, planificar  y dirigir el relato gubernamental , el Gobierno de España estuvo el 1-O donde debía estar: cumpliendo con su deber Constitucional.

Y hoy, también, muchos votantes y militantes del Partido Popular de toda España hemos podido comprobar en la sala del Supremo que para defender a España y su Constitución, en septiembre y  octubre de 2.018, no fue necesaria ni Arrimadas ni Vox. Un político cordobés lo hizo asumiendo y cumpliendo con su deber al frente de todos los servidores públicos que integraban y dependían de  la Secretaria de Estado  de  Seguridad del Gobierno de España.

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