El pacto del cambio en Andalucía


La rabia con que la izquierda oficial y mediática se ha tomado el cambio político decidido en las urnas andaluzas es proporcional a la mayoría social, que traspasa despeñaperros, deseosa de quitarse las zarpas de quienes quieren mantener sine die un régimen pesebrista e ineficaz o, sencillamente, acabar con el modelo de convivencia política, social y territorial que nos trajo el denominado régimen del 78. Es el sistema de convivencia que nos ha situado entre las primeras 20 democracias del mundo, por delante de países como Francia, Italia o la Bélgica que acoge al prófugo Puigdemont.

En ese estado de indigestión de los resultados hay quien se atreve a descalificar al acuerdo de Cambio en Andalucía como “pacto de la vergüenza”. Es el caso de algunos líderes socialistas o como tituló en portada el medio oficioso del Partido Socialista Catalán, que casualmente dirige el candidato de los socialistas a mandar en RTVE.

Tiene bemoles que quienes llegaron al gobierno de España de la mano de los herederos de ETA y de los separatistas catalanes, y quienes les aplauden, se escandalicen porque tres partidos que prometen o juran de forma incondicional la Constitución se pongan de acuerdo en desalojar del poder andaluz a quien lo ha detentado de forma despótica y arbitraria durante 36 años.


La izquierda en desalojo y sus acólitos podemitas consideran de fachas “guardar y proteger el orden constitucional y la Unidad de España, manteniendo siempre la máxima lealtad hacia la Corona y la Carta Magna” como reza el preámbulo del acuerdo público y publicado entre el PP y VOX para hacer Presidente a Juan Manuel Moreno. Que poca vergüenza.


Abordar la creación de “empleo de calidad”, o luchar contra la corrupción, fomentando “todas las comisiones de investigación en el Parlamento de Andalucía que sean necesarias para esclarecer y conocer la utilización de los fondos públicos de los organismos de la Junta”, o “despolitizar el Servicio Andaluz de Empleo, limitando, entre otras medidas, la libre designación de mandos intermedios y generalizando su elección por mérito”, o comprometer el apoyo decidido a los autónomos y a pymes es populismo de derechas. Que desvergüenza.


Defender a las familias con un plan de apoyo integral y dejar de penalizar el ahorro de toda una vida, sobre todo de las clases medias, eliminando el impuesto de Sucesiones y Donaciones es de extrema derecha. Otra desvergüenza.

Y por supuesto, apoyar la caza, la tauromaquia, así como “promover las expresiones culturales y populares andaluzas como el flamenco o la Semana Santa”, es casposo y franquista. Que desvergüenza ministro Ávalos.


Que más de un millón ochocientos mil andaluces hayan derribado el muro histórico de despilfarro clientelar, ineficiencia y desprecio permanente al contrario no se puede llamar un pacto de la vergüenza, salvo que quien lo diga o escriba ande, precisamente,  cortito de vergüenza.

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