La gran Coalición Institucional


Lo ocurrido en Andalucía el pasado dos de diciembre, y lo que nos pueden traer los Reyes Magos en forma de  Gobierno del Cambio de PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox, no sólo conlleva  la caída del muro político-clientelar más rancio de la Unión Europea sino que puede abrir un escenario radicalmente distinto en la realidad política española.

La situación  permite  articular la verdadera y, mientras Pedro Sánchez mande en el PSOE, única  Coalición Constitucional que pueda acordar las reglas del juego para sacar  a este país  del pairo suicida donde lo ha llevado   una ambición política sin escrúpulos del presidente-ocupa de la Moncloa. Porque solo así puede llamarse a quien  para alcanzar el gobierno no tuvo pudor alguno en hipotecar, en brazos de quienes quieren romper España y el modelo de convivencia del 78 , su futuro político y el de su propio partido, y  lo que es peor: la gobernabilidad y estabilidad de toda la nación española.

El desastre de Sánchez ha supuesto  una sacudida que,  como apunta de forma brillante Jesús Cacho en su reciente  columna de Voz Populi, puede provocar un  “realineamiento integral de bloques de enorme calado, que permitiría alianzas futuras capaces de abordar los problemas de fondo de España”.

Porque de los corrimientos de voto producidos en las urnas andaluzas se deduce un desplazamiento de parte del  tradicional electorado socialista hacia el centro izquierda que empieza a ocupar Ciudadanos e, incluso al populismo nacionalista español que representa la formación que lidera Santiago Abascal, que parece que está siendo transversal en su captación de votantes provenientes de forma preeminente de trabajadores públicos ( militares, policías y guardias civiles, administración  general del estado… ) y primeros votantes entusiastas de símbolos nacionales y políticas de arraigo.

De confirmarse esa tendencia en las elecciones municipales y autonómicas de mayo, al PSOE que sobreviva  no le quedará más remedio que volver a decapitar políticamente al Doctor nchez o llamar a las puertas de Ciudadanos siguiendo el camino que ya han cursado  señalados políticos socialistas como Celestino Corbacho, exministro de Zapatero  y exalcalde de Hospitalet, o el exdirector general socialista de la Guardia Civil, Joan Mesquida. Curiosamente en dos territorios donde la “E” del PSOE parece haber pasado a mejor vida.

El reclamo del exlíder socialista francés, Manuel Vals,  como candidato a la alcaldía de Barcelona es toda una declaración de intenciones de Rivera de comerse el centro izquierda por abandono del contrario, véase los Sánchez, Calvo o el renegado hijo de torero apellidado Avalos que se ha cubierto de gloria llamando casposos a taurinos y cazadores.

No es de extrañar que para distanciarse de ‘la peste Sánchez’ hayamos asistido en los últimos días a las declaraciones de los dos principales Presidentes autonómicos que le quedan a los socialistas, el aragonés Lambán y el manchego García Page, pidiendo ilegalizar  a los partidos separatistas.

Antes de las uvas del 2019 es previsible que el votante tradicional de  izquierda moderada, que dio tantas mayorías absolutas al PSOE, encuentre en el partido de Rivera y de Arrimadas el sentido más útil de su voto.

Las apelaciones al bloque constitucionalista que lanza Susana Díaz, mientras su jefe de filas sigue suspirando por el apoyo de los separatistas y antisistema para mantenerse en el gobierno,   ya no las toma en serio nadie. Desde el punto de vista personal,  es entendible esta llamada a la desesperada  por el trago tan amargo  que debe estar pasando quien vio  venir el peligro pero no tuvo apoyo político dentro de la militancia del  PSOE  para evitarlo. En su debe sí hay que incluir que pudo poner un dique en Despeñaperros si en mayo del 2.015 hubiese impedido los abrazos podemitas  en las alcaldías andaluzas para regocijo y engorde de los Iglesias y Echenique que venían, como caballo de Troya, para pasar a cuchillo la Transición del 78 y comerse los 100 años de historia del PSOE que  González y Guerra llevaron al podio de la España más europea.

Me da que en los próximos meses vamos a tener muchos alcaldables  sociatas  abrazando banderas de España, presumiendo de jara y sedal o arrimándose a Finito y Chiquilín. ¡Que arte maestro!    

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