Verdades del obispo, ruidos y silencios


Las palabras del obispo Demetrio el pasado día de  San Rafael parece que escocieron a la izquierda local.  Una parte respondió, como suele hacerlo siempre, dando voces. Y esta vez, no solo el comisario local estalinista, fiel a su guión,  sino algún diputado socialista -que se caracteriza por ser  políticamente tan coherente- que al mismo documento presupuestario lo descalifica brutalmente  un día  pero  lo vota a  favor dos semanas después, ¿motivo? no perder el acta de  diputado por un adelanto electoral del que huyen los socialistas como el gato del agua fría.

Otros, fueron más correctos en la discrepancia. Y algunos, optaron por el silencio como respuesta. Este último es el caso de la alcaldesa de Córdoba.

La nota común  de las principales respuestas  se centró en  una pequeña porción del mensaje de nuestro representante  episcopal: la reivindicación de lo obvio sobre ocuparse cada uno de la casa de cada cual.

Sin embargo, se echa en falta que las distintas facciones del cogobierno  profundizasen, al menos para justificarse,  en  las reflexiones de denuncia social que formuló Monseñor Demetrio Fernández sobre la pobreza en Córdoba, sobre la atención social en nuestra ciudad a los más necesitados.

A los socios gubernamentales y afines  que “hablaron” solo  les importa el monotema, la cortina de humo de cuestionar  la titularidad de la Mezquita-Catedral de Córdoba a pesar de que esa reivindicación tenga cero  recorrido jurídico.

Y les ocupa y preocupa, porque lo manosean para tapar las carencias  de una acción política que ha sido incapaz de  evitar que en nuestra ciudad sigamos teniendo cuatro de los 10 barrios más pobres de España, que seamos líderes en tasa de paro y que los planes públicos de viviendas sociales sean sólo virtuales.

Debe ser duro para quienes presumen y presumen de defender las soluciones desde lo público que la atención social a los más necesitados la siga proporcionando  fundamentalmente el compromiso, la solidaridad y la acción caritativa de la Iglesia Católica a través de Cáritas, de las parroquias, de nuestras cofradías  y de los distintos movimientos cristianos que trabajan en la calle para dar consuelo y pan a quien no lo tiene. Ahí no hay listas de espera como en las ventanillas municipales, ni vuelva usted mañana,.. hay cobijo, hay calor siempre, a cualquier hora, sin pedir  carné, sin preguntar su fe o creencia.

Tan duro como que la promotora de vivienda social  de la Iglesia, VIMPYCA, con menos recursos,  entregue más hogares para los cordobeses que la pública VIMCORSA. Y ello a pesar de las trabas administrativas a su gestión.

Tal vez por tanta verdad, dura y desnuda, alguien aconsejó a la alcaldesa optar por el silencio y, así, deja que el ruido de los otros siga tapando la inocuidad de su paso por el sillón  municipal.

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