Y Aznar los dejo en pelotas


Ya dedicamos un espacio en este bloc a los “adanes”  de la política,  que hoy abundan como las malas hierbas. Son esos personajes vendedores de bálsamos curalotodo del viejo oeste,  cargaditos de rencor, que aprovechando la desesperación de muchos de los azotados por la crisis se erigen en adalides de verdades absolutas y desprecian hasta desear la desaparición, incluso física,  a quienes no compran su elixir ni les doran la píldora a sus bravuconadas.

En la España actual el objetivo de estos “adanes”, mayoritariamente de izquierdas salvo la derecha separatista catalana que les supera y maneja,  es cargarse el espíritu  de concordia política y social  del 78 y el modelo de autogobierno y solidaridad interregional del Estado de las Autonomías. Y con ello, la continuidad histórica de una nación milenaria que con sus luces y sus sombras es la patria común de los presentes y de nuestros antepasados. Y que la mayoría quisiéramos que también fuese así para nuestros nietos, bisnietos y lo que siga.

En su camino siempre se les adosan “tontos útiles” que,  desesperados por fracasos y frustraciones, no dudan en agarrarse al primer clavo ardiendo que les ayude a sobrevivir o medrar aunque el reto sea nada menos que gobernar en tiempos difíciles un país complejo con apenas 84 diputados.

Pero también les apoyan entramados mediáticos, que como algunas cadenas de servicios dentales “lost cost”tristemente en boga,  hacen el agosto exponiendo a tan semejantes mandriles. Lo malo es que antes o después acaba el engaño y se descubre el “timazo” que endilgan al pobre consumidor/elector embaucado, que se queda sin pasta y sin dientes.

Su empuje amenazante y desvergonzado, sumado a la indiferencia de los tibios, los provee de una posición que  termina configurando una apariencia de realidad y preeminencia  que puede confundir al más lúcido.

Por ello, es de agradecer que de vez en cuando encuentren quien les sople un buen repaso y los devuelva a los corrales de donde nunca debieron escapar sin cabestro.

Es  lo que pudimos disfrutar anteayer en el “meneito” que el Presidente Aznar le atizó en el Congreso al camisa negra  de Rufian y a Pablo Iglesias,  embajador plenipotenciario de Maduro, el sátrapa que ha llenado de hambre y sangre a Venezuela,  uno de los países más ricos de Sudamérica saqueado por la corrupción intestina de los patrocinadores bolivarianos de Podemos.

Ya está bien de que estos elementos pisoteen el Estado de Derecho declarando “presuntos culpables” y ajusticiando inocentes en la plaza pública. O de que se salten las normas o reinventen la historia al antojo de sus braguetas.

Por eso Aznar estuvo soberbio, mal que les pese a algunos, apabullando a estos dos mequetrefes y ubicándolos en su sitio, un recóndito escondrijo de lo peor de nuestro parlamentarismo. Y todo con el arma de la palabra y la estrategia del rigor dialectico hasta dejarlos “argumentalmente” en pelotas, pero muy al este del edén.

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