28F: adelanto de elecciones y la incógnita  del centro derecha.


Despliegue de Consejeros por provincias  cargados de promesas, acuerdo con Podemos e IU sobre financiación autonómica, entrevista estrella en páginas de nacional del diario El  País del domingo, Alcaldes del PSOE en zafarrancho, ergo anticipo electoral a la vista.

El motivo de estas prisas lo confirma el EGOPA de invierno de 2018 publicado esta semana. El denominado CIS andaluz que elabora la Universidad de Granada aporta datos interesantes.

Más allá de las tendencias de voto y simpatía, que por las fechas de realización del estudio pueden estar influidas por la resaca de las elecciones catalanas y el resultado obtenido por  Ciudadanos, suministra información que ha debido influir en la ‘superinformada’ Susana Díaz  para preparar  con urgencia la maquinaria electoral. La sevillana sabe que en este mundo tan cambiante el que da primero, y coge el sitio, suele ganar siempre. Cuando no lo hizo en su pugna con Sánchez se la pegó.

El EGOPA anuncia que en el último año han aumentado en más de 6 puntos los andaluces que quieren suprimir el estado de las autonomías, llegando al 28 % de los preguntados. Todas las encuestas nacionales también apuntan en esa dirección.

Respecto a la valoración sobre la gestión del gobierno andaluz es suspendida por  el 52,7 % de los andaluces y siguen bajando quienes la defienden hasta llegar al 19,7 %,  mientras que en las mismas entrevistas el 25,6 %  aprueban al gobierno de Rajoy con tendencia al alza respecto a estudios anteriores. Y eso que Susana no tiene que gobernar contra el desafío separatista y la inestabilidad parlamentaria que amenazan cada día al gabinete del inquilino de  Moncloa.

Y por último hay un dato especialmente significativo, la pujanza del centro político como opción donde se identifican la mayoría de los entrevistados. Quedando relegadas a la insignificancia  las opciones radicales tanto de izquierda como de derecha. El ‘sorpaso podemita’ fue flor de un día.

Con esta información sobre la mesa  todo apunta a que el PSOE andaluz, con su jefa a la cabeza, volverá a  jugársela como ya lo hiciese en la primavera del 2015. Otra vez  manejando   el control de los tiempos electorales en clave interna del propio partido socialista. Dándole igual la gobernanza de la ciudadanía andaluza, si es que alguna vez eso prevaleció sobre la misión de eternizar el régimen clientelar arraigado en el aparato socialista andaluz.

Me temo que de nuevo  el debate electoral no estará en el examen de la gestión de gobierno, en la mejora y calidad de los servicios públicos esenciales de competencia autonómica: sanidad, educación, atención a dependientes,  infraestructuras de comunicación o de servicios, etc.

¿Para qué?, cuestionarán  los gurús de la gran jefa.  Sabedores de que al PSOE-A y a sus líderes, la  gestión de lo público, de los intereses  generales,  ocupa poco. Lo que les mueve  desde hace muchos años es el poder por el poder, y para ello el férreo control de un estado de opinión, de un sentimiento colectivo que se transforme en mayorías parlamentarias que lo perpetúen.

Su modelo de éxito es muy similar al de los independentistas catalanes o el de otras experiencias populares acabadas en fiascos políticos y judiciales: subvenciones y políticas activas clientelares, control exhaustivo de los medios de comunicación propios, riego adecuado de los privados afines o no hostiles, apropiación de los símbolos regionales y , como premisa, la  demonización del contrario.

También ha requerido  el sistema de la  captación de alianzas parlamentarias que, al precio que toque, sostengan el cetro socialista en San Telmo. Ya sean a su izquierda, como IU, o a su derecha como primero fue el PA o ahora es  Ciudadanos.

De estas aventuras, salieron malparados todos los aliados puntuales, aunque las encuestas presagiaban  lo contrario. Siempre  ha funcionado el voto útil: desaparición  de los andalucistas a finales de los 90, debacle de IU en el 2015.

Por eso,  aunque algunos pronósticos  apunten a la subida del partido naranja habrá que esperar a la hora de la verdad y ver qué ofrecen para concretar de Despeñaperros para abajo los resultados obtenidos en “Tabarnia”.

Además, aquí el candidato de Ciudadanos no será ni Rivera, ex militante del PP,  ni Arrimadas.  Sino quien ha sostenido durante más de  dos años, con complicidad absoluta en la ausencia de gestión, el gobierno de Susana Díaz.

Y aunque apenas el 40 % de los encuestados conocen a Juan Marín, es de resaltar que la mayoría de los líderes regionales de Ciudadanos  son antiguos  militantes  socialistas. A diferencia de la adscripción centrista o popular de los jefes nacionales. Está claro que no parece opción de cambio.

Así, en esta partida, la mano siempre favorecerá  al PSOE que volverá a mirar a derecha o izquierda para apuntalar  el régimen. Por eso la urgencia de los socialistas en  iniciar la partida con los competidores distraídos, o mirando a  Madrid.

Con un añadido, que esa larga mano se extenderá a los cambalaches de los pactos en municipales del 19 pudiendo a  la vez y sin rubor, como viene haciendo, cogobernar con IU y Podemos en Córdoba, gobernar con Ciudadanos, Podemos e IU en Granada o apoyar un alcalde de  Podemos en Cádiz.”

La incógnita estará en el papel que los votantes de centro y centro-derecha  quieran otorgar al PP para que pueda sumar con Ciudadanos.  En este momento tan delicado, todo dependerá de si deciden  propinar en el trasero del PP-A  y de su líder, Juanma Moreno, la patada de castigo que sin duda merecen algunos  que mancebaron unas  siglas que llegaron a votar casi  11 millones de españoles y más de  un millón  y medio de andaluces.

Pero ese electorado y los nuevos votantes que simpatizan con el centro político  no deberían  olvidar que, a pesar de los garbanzos negros por los que hay que pedir sincero perdón y disculpas a los españoles,  el gobierno del  PP siempre estará unido  a la etapa de más desarrollo económico de este país, de menor tasa de paro, de más calidad en empleo y salarios,    y de  mayor bienestar  de la clase media española.

También debería tener presente esa minoría mayoritaria de históricos  votantes populares  que han sido  precisamente otros gobernantes del PP quienes han propiciado  leyes e   impulsado la acción policial,  respetando escrupulosamente  la independencia  judicial,  para que los políticos delincuentes diesen con sus huesos en la cárcel. Ahí está la grandeza y madurez de nuestro sistema de derechos y libertades democráticas.

Conviene terminar esta breve reflexión, recordando que  si Ciudadanos podía representar  el cambio en Cataluña se truncó precisamente por la debacle del PP.  De ahí, que el cambio político en Andalucía   no dependa tanto de la subida del partido naranja por la derecha sino de la perseverancia de los votantes tradicionales del PP para sostener e incrementar resultados que sí ayuden a sumar con lo que obtengan las candidaturas de Rivera provenientes de antiguos votantes socialistas, de la abstención e, incluso,   del desencanto de  Podemos.

 

 

 

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