La buena, el feo y el malo malísimo


Hoy, martes y trece,  cumple dos años de vida el gobierno de nuestra capital  surgido de las elecciones de mayo  de 2015. Para nombrar  tan esperados “fastos”  nada más a mano  que tirar del título del famoso spaghetti western, aunque con pequeña licencia de adaptación si lo permite el Sr. Leone.

Desde el principio este fue un gobierno a palos, sólo movido por la necesidad de las fuerzas de izquierda de desalojar al PP, pero con tantas  contradicciones en objetivos  y estrategias que presagiaba los peores augurios.

Los protagonistas: una candidata a alcaldesa ubicada en la oposición interna del PSOE  local,  que lo fue porque nadie allí  apostaba que superase los malos resultados de Juan Pablo Duran en 2011. Un líder de Ganemos preparado por Anguita para ser primera fuerza de la izquierda y, con ello, encumbrar un nuevo califato rojo que fuese santo y seña de las alcaldías del cambio auspiciadas  por los  Iglesias y compañía. Y  un alcaldable de IU que para salir en el cartel tuvo que negar bastante más de tres veces a que facción local pertenecía, y traicionar a cuarto y mitad.

¡Ea! Otra vez nuestra ciudad convertida en tubo de ensayo de ese laboratorio político-social  en que parece condenada la izquierda española. Así, si la negociación fue enrevesada desde el inicio,  incluido  el famoso anuncio de   tripartito interruptus por las bases podemitas, la posterior  acción de gobierno ha estado condicionada  por un pacto  de puro escaparate, lleno de desconfianza  y, por tanto, carente de acción concertada alguna. El espectáculo ofrecido con los enfrentamientos entre los socios respecto a la nueva  carrera oficial de nuestra Semana Santa ha sido el cúlmen.

Así las cosas, el único logro de la legislatura es que no gobierna el PP. A partir de ahí, es materialmente imposible que las tres fuerzas políticas se  pongan de acuerdo en  hacer un listado, con al menos diez  hitos  de gestión compartidos,  del que puedan presumir ante sus electores respectivos. La conclusión es un gobierno que sólo se une para atacar siempre a los mismos: PP, Iglesia y asociaciones católicas, hosteleria, Ciudad Deportiva del CCF, COSMOS, clases medias con más cargas impositivas y trabas administrativas…  Y que nunca se pone de acuerdo  para gestionar y resolver asuntos que les competen y que afectan directamente a los ciudadanos, condenando decisiones estratégicas al purgatorio municipal: conflictos en gestión turística, parón del  Centro de Ferias y Convenciones, incertidumbre en el  servicio de ayuda a domicilio, más dudas en  parques y jardines, opaca gestión de personal, deterioro  de AUCORSA, incumplimientos en instalaciones sociales y deportivas en los barrios, sin avance en la cesión definitiva del estadio de El Arcángel y espacios anexos,  planes de asfalto que siempre llegan tarde y mal…   Y otros asuntos que, aunque no sean de su competencia directa, necesitan del impulso o tutelaje municipal: obras del Palacio de Congresos, METROTREN,  Plan Director del Hospital Reina Sofía financiado con el presupuesto autonómico como corresponde, y no especulando con suelos municipales, colegios públicos donde los padres no tengan que pagar a su costa servicios de climatización…

Ahora bien, si algo hay que reconocer al grupo socialista en este drama  en que se ha convertido el gobierno local  es jugar  las cartas con habilidad para  que al menos, ya que no se pueden atribuir logros, tampoco se le imputen a la alcaldesa los descalabros del socio activo, IU,  o las trabas del aliado pasivo, Ganemos.

Así las cosas,  el director del thriller municipal nos presenta un personaje bueno “buenisísimo”, Isabel Ambrosio: la buena de la peli. Que debe esconderse y protegerse en Capitulares de malos y peligros que acechan, privándonos a  los cordobeses de lo que podría haber sido su bondadosa gestión. Me cachis, ¡que mala pata!

Un feo “feísimo”, Rafael Blázquez y todos los feos y feas que le acompañan en  la coral del Podemos local que sólo están para agriar la fiesta de la rosa, que ni comen ni dejan comer, sino venga a poner troncos en las ruedas del autobús gubernamental que obligan a la “buenísima” a tenerlo varado en las cocheras de AUCORSA esperando mejor ocasión.

Y sobre todo, la legislatura local que llega a su ecuador nos ha despuntado  un personaje estelar por méritos propios, una estrella con prometedor futuro en el cine de terror que por cierto tanto gusta al líder popular Jose Maria Bellido. Estamos ante un actor secundario que a codazos se ha hecho principal y  que sólo con nombrarlo hace llorar a los niños y atrancar  puertas y ventanas a los ciudadanos de a bien, no sea que mande  la patrulla con el peor de los males. Pedrito García ya no es Pedrito, se ha hecho mayor y ahora es Pedro “el malo malísimo”. En veinticuatro meses no ha dejado callo sin pisar, yaga sin hurgar, ojo sin hincar,… a diestro y siniestro. Incluso  ha conseguido irritar a los bonachones  de Ciudadanos negándoles información de su brillante gestión turística y de sus sonados viajes. Parece pensar… pero que se han creído estos recién llegados, ¿aclaraciones a mí?.

Nuestro particular Lee Van Cleef, el malo  de la famosa película rodada en la Sierra de la Demanda, se ha asegurado el cartel de no hay billetes el día de su funeral, político por supuesto. No  habrá sillas  vacías sino  tortas por comprobar que el difunto está  bien muerto y no de parranda.

Menos mal que ya solo nos quedan 24 meses de calvario. ¡Que tostón de película!.

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