Rajoy, Cospedal y Nieto


Cuando en el 2011 los dos grandes partidos asumieron que su gran misión de Estado era evitar que España terminase intervenida como Grecia, el reto pilló al PP mucho mejor armado orgánicamente que al PSOE. Disponía de liderazgo, unidad de discurso y normalidad organizativa en sus diferentes niveles en todo el territorio nacional, frente al desaguisado que había formado Zapatero en la acera socialista. Por ello las victorias electorales de ese año en municipales y generales no fueron casuales.
La gestión gubernamental de evitar la bancarrota desde el Gobierno Central hasta el último municipio de la piel de toro puso la nave al límite de sus fuerzas. Había que acertar con las medidas y explicarlas a los españoles para que las aceptasen. Errores aparte, como en cualquier obra humana, el temporal se iba controlando pero aparecieron inesperados obstáculos con toda su crudeza para poner aún más a prueba la tripulación: mientras los españoles padecíamos en carne propia el ajuste a la cruda realidad de nuestra débil capacidad económica, las portadas de diarios y telediarios nos mostraban, día tras día, demasiados casos de corrupción que salpicaban a algunos dirigentes del PP o gente de su entorno. Hechos, por cierto, ocurridos muchos años antes y bajo otras etapas de liderazgos y responsabilidades.
La factura la empezó a pagar el partido del gobierno en las municipales de mayo de 2015 y en las generales de Diciembre. Pero el castigo no quedaba ahí. Como dice el sabio refranero: “cuando no hay harina todo es mohina”. Y muchos señalaron a los actuales líderes de la organización como responsables de la caida. En cualquier espacio de debate o tertulia cotizaba al alza la necesidad de cambiar caras, de buscar nuevas referencias.
Sin embargo, el año 2016 ha sido el año del Presidente del Gobierno. Se estudiará en seminarios de liderazgo y gestión de situaciones de crisis el estilo y modelo Rajoy para afrontar adversidades hasta voltearlas. Las elecciones de junio lo consagraron.
Para culminar la travesía tocaba Congreso Nacional. El estatutario encuentro periódico con afiliados y estructura orgánica para apuntalar el rumbo, era más importante que nunca por la durísima singladura y los posibles desperfectos que habían dejado tantas adversidades.
Ahí, como no se podía cuestionar al capitán, esta vez ya hubiese sido demasiado “heavy”, surgió una nueva excusa para caldear el ambiente: la torpe propuesta para evitar la acumulación de cargos. Como si la mayoría de edad política de los afiliados del Partido Popular no mereciese que sean ellos los que decidan quién debe estar o no en los cargos orgánicos.
La llamada enmienda anti-Cospedal, que algunos cínicos crónicos próximos han visto como oportunidad para debilitar a Nieto, es propia del peor enemigo. ¿Desde cuando es negativo para una organización periférica que los líderes elegidos por sus afiliados para regir su ámbito de organización puedan ocupar responsabilidades en esferas superiores?. Vamos, todo lo contrario. El deseo de cualquier Junta Provincial es que sus dirigentes tengan más peso en la regional o en la nacional. Que nos lo digan a quienes tuvimos la suerte de tener responsabilidades en los comités ejecutivos del PP cordobés cuando Juan Ojeda era secretario regional.
Y lo que ya alcanza la necedad absoluta es sostener que un dirigente orgánico no puede detentar cargos de gobierno en otras esferas territoriales. Así según algunos, los líderes que elegimos en los congresos sólo sirven para estar en las sedes. Y que hacemos para elegir a Ministros, Secretarios de Estado, Consejeros Autonómicos…¿Acudimos a una agencia de cazatalentos para fichar ejecutivos?. De verdad, ni a Rubalcaba en su mejor momento se le hubiese ocurrido esa enmienda para fastidiar al PP.
Como ayer justificaba el Presidente al pedir el apoyo para su propuesta de dirección del Partido: lo que funciona no hay necesidad de cambiarlo. Por eso, parece acertado en el inestable entorno político del país apostar por la continuidad y cohesión interna para afrontar los desafíos.
Además, la gestión desempeñada por Cospedal al frente de la Secretaria General en los momentos más difíciles que ha vivido la organización desde la refundación del PP, abordando y solucionando en situaciones extremas problemas gravísimos de los que era absolutamente ajena, le hacen como poco merecedora de tener esa continuidad al frente de su responsabilidad orgánica.
De igual forma, es palpable en cualquier rincón serio de la organización cordobesa el liderazgo de José Antonio Nieto ante el próximo conclave provincial. En esta ocasión con el valor añadido de gozar de la confianza y reconocimiento del Presidente del Gobierno para compatibilizarlo con una altísima responsabilidad en el ejecutivo nacional.
El fin de semana nos deja un panorama de consolidación del populismo neocomunista que encarna el Podemos de Pablo Iglesias y la enorme dificultad que está encontrando el PSOE para acertar en su estrategia, más la enquistada amenaza permanente del desvarío separatista. Por ello, es fundamental la solidez del Partido Popular para ofrecerse a la sociedad española , tal y como reflexionábamos aquí hace una semana, en “la solución política de la mayoría social moderada, tranquila, arraigada en sus costumbres y tradiciones, recelosa del futuro incierto y conservadora de lo que tanto le ha costado conseguir”.

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