Rafael Campanero, 90 años de generosidad


Para el niño futbolero de un pequeño pueblo de la sierra cordobesa,  en los albores de los 70 y con las Telefunken en blanco y negro como medio  para  seguir a los ídolos del balón cuyas estampitas  intercambiábamos en  los recreos,  conocer al Presidente del Córdoba fue algo impactante. Poder presumir al día siguiente con los compañeros de pupitre de la EGB de haber escuchado directamente en una tertulia en casa de mis padres, o disfrutando de un día de campo en La Moheda o más tarde en La Bonagua, o en el patio junto a los vestuarios del viejo Arcángel,  sin radios ni teles de por medio, al máximo responsable del equipo de nuestra capital hablar de  futbolistas,  de entrenadores, de problemas arbitrales era lo mas de los más.

Desde entonces la vida me ha permitido entablar una entrañable relación  con la persona que primero fue  amigo de mi padre, después el  amigo y protector en mis primeros pasos de actividad pública y hoy, llenándome  de orgullo decirlo, lo tengo para mí como un segundo padre. Que siempre ha estado a mi lado para el consejo sincero,  la mano tendida que te ayuda en  la caída, la reflexión acertada para seguir avanzando en el complejo camino de la vida…

Con lo dicho es imposible que quien suscribe refiera  de Rafael Campanero desde la objetividad o la imparcialidad. Lo que no quita para sostener que lo que pienso de él y quiero  resaltar en esta glosa sea tan cierto que lo podrán atestiguar los cientos de cordobeses de varias generaciones que han tenido la dicha de conocerlo y disfrutar de su amistad.

En la vida de Rafael hay un motivo que lleva peleando más de 60 años, los que van desde que llegó a  nuestra ciudad desde su Almodóvar natal, para ser su principal razón de existir: el Córdoba C.F. Su amor y pasión por esos colores lo hacen merecer, por encima de cualquier otro, el título que lleva a gala de Presidente de Honor del Córdoba CF. Un vida entera desvelado, muchas veces desde la puñetera incomprensión, por los colores blanquiverdes que llevó como Presidente a la máxima categoría del fútbol español.

Su otra pasión, la primera a pesar de la pelea permanente con su CCF, ha sido y es  su familia: su mujer Rosario, sus hijos, nietos y los recientes biznietos. Una dedicación ejemplar para asegurar lo mejor a los suyos que lo convierten en referente de buen padre, y que se lo devuelven día tras día con el cariño y respeto de todos los que llevan su sangre, con una conmemoración especial  cada 24 de octubre.

Pero Rafael, además, ha sido un cordobés comprometido con dos valores cívicos vitales para una convivencia en paz: La reconciliación y el respeto.  Pocos ejemplos, como el suyo,  para reconocer a quienes supieron olvidar y perdonar para construir un mundo mejor para todos y entre todos. La pérdida de su padre por los horrores de la guerra, en este caso a manos del bando nacional, no lleno su corazón  de  odio o de ansia de  venganza sino que la búsqueda permanente del diálogo y la empatía con el de enfrente se convirtieron en sus armas favoritas para crecer  y desarrollar todo su potencial humano y profesional, con la única escuela disponible: la de la vida.

Su compromiso con la ciudad que le acogió y a la que quiere como suya, junto al empeño  de su fiel y leal amigo,  Juan Ojeda, le guiaron también al terreno de la política municipal. Y fue allí, donde una vez más dio lecciones sobre lo importante que es sumar y conciliar voluntades frente a los caminos de luchas cortoplacistas  o cainitas que sólo empobrecen  las sociedades que las padecen y a los individuos que las promueven. En ese trance aportó un nuevo valor, indispensable para engrandecer cualquier obra colectiva, y que es su principal atributo personal: la generosidad. Mostrándonos a muchos como la experiencia sabia y generosa puede ser el mejor motor de cambio y avance también en una organización política.  Me consta el agradecimiento, cariño y respeto  hacia el de todos los que continuamos su obra, especialmente de quien recibió su firme empuje y apoyo para ser el primer alcalde del Partido Popular en Córdoba: Rafael Merino.

Rafael Campanero Guzmán tiene todos los días el mejor homenaje que puede desear  un hombre de bien a sus 90 años extraordinariamente lúcidos: la consideración y afecto de quienes lo encuentran y saludan allá por donde esté,  en sus paseos matutinos desde su casa en la calle  Jesús  María hasta el café con  Fali Barroso en  Morería, o la cerveza de medio día en Carrasquín o en Casa Miguel. Camino diario donde siempre se sumará, en agradable tertulia,  algún antiguo futbolista, directivo, empleado del Club, colaborador, periodista…  amigo.

Sin embargo, personalidades como él obligan a que los bien nacidos que gozamos de su amistad nos reunamos para que ese reconocimiento singular se convierta en multitudinario. Por ello,  felicito y agradezco al Real Centro Filarmónico Eduardo Lucena el Acto y Cena Homenaje que ha promovido para el próximo 9 de marzo, y a todos los que han participado de esta idea.

Allí estaremos.

Enhorabuena Presidente!

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