José Antonio Nieto


Conocí a José Antonio Nieto a mediados de los 90. Compartimos la misma “paternidad” política, Juan Ojeda tenía trazados los caminos que debíamos seguir para cumplir en Córdoba la misión centrista del PP de Arenas y de Aznar: el que se trago las siglas de AP y debía orquestar la respuesta política a la demanda de esa  mayoría moderada de españoles, más europeos que nunca, del “postfelipismo”. Por eso,  el centro no debía existir sólo en los slóganes y mensajes, en las ideas y argumentos políticos, en las nuevas caras de los líderes nacionales y regionales, sino también en la vida diaria de las  sedes locales del partido en cualquier rincón de nuestra tierra.

Aunque nos separamos por su periplo, allende los mares, con la Fundación Popular Iberoamericana, volvimos a retomar nuestros caminos cuando regresó  como Coordinador Electoral  Regional a la sede de la calle Rioja. Allí volvimos a  compartir reflexiones y experiencias sobre  estrategia, organización, y contenido ideológico  para  ayudar a construir una alternativa solvente y coherente en el centro político andaluz, desde la lealtad a quienes nos dieron la confianza y marcaron la ruta a seguir. En esas lides coincidimos con  otro compañero de “reflexiones”,  que había ayudado a ser alcalde a un fotógrafo en  Huelva y que años más tarde volvió a hacer lo mismo con un juez en Sevilla, graciosamente lo llamábamos “eje  Huelva-Córdoba pasando por Sevilla “: Curro Pérez. El destino ha querido que los dos vuelvan a formar  equipo en Madrid de la mano de Juan Ignacio Zoido.

Eran tiempos donde las juntas  provinciales del PP estaban presididas por “delegados”  de las direcciones regionales o de la propia nacional,  aunque se llamasen Presidentes y ganasen congresos a la búlgara. Era el modelo de organización necesario para transformar una organización política  donde todavía había demasiados rincones de militancia activa con fuerte  olor a naftalina de camisa azul y correajes. Militantes que eran anti psoe, anti izquierda, como años atrás fueron anti UCD y anti Suárez. Obviamente, era un modelo orgánico necesario pero transitorio.

Para el  tiempo nuevo que se estaba construyendo,  primero desde las alcaldías  del 95 y después  desde el gobierno popular del Presidente Aznar, compartíamos con otros muchos, que había que seguir modernizando las estructuras del partido para hacerlo más coherente en todos sus ámbitos como fuerza política centrada y moderna, con militantes renovados y comprometidos desde profundas convicciones democráticas, y  con liderazgos ganados desde la base y no impuestos.

La tarea no era fácil  y en la primera intentona provincial allá por el verano  del 2000  perdimos el “partido” antes de subirnos al autobús. Las cosas no las  pudimos  hacer peor y como era de esperar los resultados fueron pésimos. Para mí personalmente fue  la gota que colmó el vaso para abandonar la primera línea de fuego.

José  Antonio se quedó, padeció todo tipo de atropellos,  pero ahí apareció el carácter y la perseverancia de un político de raza, de un trabajador sin descanso. Emergió  la fuerza del muchacho  de Guadalcázar, que sabe que la vida solo te regala lo que peleas por conseguir. Que  no era de alta cuna, sino de la más digna que un hijo puede tener, unos padres honrados y trabajadores, que le han dejado esos mismos valores como principal legado. Que no necesitó un entorno protegido en colegios privados para conformarse una escala de valores  de  defensa de la libertad individual y  la iniciativa privada como vía  principal del desarrollo social,  siempre desde el compromiso con los más débiles en coherencia con sus principios humanistas y cristianos. La misma fuerza que le avisaba que habría una segunda oportunidad y que esta vez no la iba a desaprovechar. Y que  si esa opción se planteaba, sería coherente desde el inicio “sin tutelas ni tutías” aunque con toda la mano izquierda necesaria para no  herir sensibilidad alguna.

La secretaría general del PP cordobés  que le ofreció  María Jesús Botella en  2002, abrió la puerta de un trabajo provincial pueblo a pueblo para renovar bases y estructura que abonasen el terreno para cumplir la misión.

El Congreso Provincial de 2006 que lo eligió Presidente, inició el nuevo tiempo. Asistí a él como un invitado más en representación del grupo empresarial donde ocupaba un puesto directivo, junto a otros tantos del mundo social y empresarial cordobés  y desde que entré por las escaleras del Paraninfo de Rabanales percibí que la obra soñada diez años antes tomaba forma.  Vi  renovación, pluralidad, identificación social, modernidad, liderazgo…

Para toda esta  tarea y lo que ha venido después contó con piezas claves sin cuyo compromiso hubiera sido casi imposible andar el camino. Sus leales e  inseparables  Miguel A. Torrico y José María Bellido, María Luisa Ceballos, Salva Fuentes, Luis Martín, Antonio Repullo, Isabel Cabezas, José Antonio  Fernández, Bartolomé Madrid… Y  más adelante  Bea Jurado, Adolfo Molina, Rafi Obrero, Raúl Ramos, Carlos León,  Fernando Priego…

Desde entonces la evolución de la organización en Córdoba, hoy con más de 12.000 afiliados,  ha estado plagada de éxitos electores que culminaron en 2011 con las 20 alcaldías conseguidas, especialmente la de la capital que el lideró, y la conquista de la Diputación Provincial.

El revés de 2015 dejo a todo el partido muy tocado, también a él. A mi colateralmente por razones profesionales y directamente, porque un revés de un amigo es un revés propio.  En ese verano compartimos reflexiones personales que nos han hecho fundamentalmente sentirnos más amigos, conocer más el lado más humano de cada uno. En una de ellas me dijo una frase que tengo grabada a fuego “creo que la vida nos pone pruebas y nuestra evolución humana consiste en ir superándolas; y convencerse de que es lo correcto frente a los que creen que la solución es esconderse y que nada ni nadie les ponga a prueba” .

Por todo esto, cuando el jueves a las 8 de la tarde me enteré de su nombramiento como Secretario de Estado de Interior me llevé una inmensa alegría. Una vez más, ahí tiene una nueva  oportunidad, y otra vez a no esconderse y a superar las pruebas. Ojalá por todos los españoles cuya seguridad le toca “cuidar” tenga acierto en este cometido. Talento, dedicación y entrega no le van a faltar, eso es marca de la casa.

Enhorabuena amigo.