Ese Rufián, camisa negra


Nunca he ocultado que soy militante del PP, el partido que un día me ofreció   ser concejal de mi pueblo y más tarde el  honor de repetirlo en el gobierno municipal del alcalde Rafael Merino. Cuando en el año 2001 agoté  la ilusión por estar en primera fila de la política di un paso atrás para seguir militando sin más misión que ayudar con mi cuota y apoyo personal a quienes en el devenir de los tiempos han liderado la organización a nivel local y provincial. En ese compromiso volví a sentirme tremendamente halagado cuando mi amigo, José Antonio Nieto me ofreció incorporarme a su proyecto de gestión municipal. En esta ocasión, ocupando un puesto de claro perfil técnico como gerente de la primera empresa municipal en cuanto a personal se refiere, SADECO, que  cumple una función pública esencial en el mantenimiento de los servicios de higiene urbana.

Precisamente en este último nombramiento, que se aprobó a propuesta del gobierno del Partido Popular en el  consejo de administración de la empresa pública,  tuve el honor de contar con el voto a favor del representante del Partido Socialista Obrero Español, Juan Pablo Durán, hoy diputado regional y Presidente del Parlamento Andaluz. Su voto no era necesario y tampoco fue rogado, salió de él porque le dio la gana, en palabras que jamás olvidare “porqué me consideraba con la capacidad y curriculum  profesional adecuado para ese puesto directivo”. Fue esta una oportunidad más donde pude apreciar  que a pesar de las legítimas diferencias  ideológicas entre quienes participamos de la militancia en partidos distintos, él en primera línea,  yo como militante de base, siempre hay lugar para el respeto a la profesionalidad y a la dignidad  de las personas en el ámbito de la política.

Pero no ha sido la única ocasión, ya desde niño tuve la suerte de disfrutar de maestros, de los de verdad, de esos  que te enseñan a sumar y multiplicar, y después las leyes de la física o la tabla periódica, que por su vocación y compromiso terminaron siendo dos de ellos alcaldes del PSOE  y uno concejal del PCE en mi Villaviciosa natal. En ellos encontré valores, cariño y  referencias positivas para el camino que sin imaginarlo se me avecinaba: mis respetos y eterno agradecimiento por su magisterio a  D. Manuel Arribas, D. Manuel Carretero y D. Antonio Nevado.

Más cerca, en mi experiencia personal y profesional, he encontrado respeto y consideración entre personas de quienes me separaban nítidas barreras ideológicas. Nombrarlos a todos es imposible porque no habría espacio en La Voz de Córdoba, pero, reduciéndolo al ámbito cordobés, desde mi amigo y compañero de tantos “viajes”, José Miguel Salinas, hasta el último Alcalde de

IU,  Andrés Ocaña, pasando por personajes políticos de la talla de Domingo Ferreiro,  Salvador Blanco, José Rafael Navarro, Juan Andrés de Gracia, Rafa Blanco, Rafael Toledano,  el incombustible Germán Toledo o uno de los grandes alcaldes que en  la modesta opinión de quien escribe ha tenido mi pueblo, José García de IU, puedo dar fe de la grandeza humana y política de quienes como tantos otros forman parte de una manera de entender la acción política, en el sentido más amplio, donde el adversario no es enemigo y  la historia de España sirve  para aprender, entre otras cosas, de los horrores que nunca debemos contribuir a repetir.

La idea que cada uno tenemos de lo mejor para nuestra tierra  nunca ha sido debatida desde el odio, el rencor  y mucho menos la violencia ni física ni verbal. La hoy tan injustamente denostada por algunos, Transición del 78, además de la mayor etapa de paz y desarrollo social y económico en libertad de toda nuestra historia, nos trajo hombres y mujeres que abrazaron el arma de la palabra y el diálogo para confrontar ideas e intereses sabedores de que sobre ese “arsenal” se construye siempre una sociedad mejor. La semana pasada enterramos en Córdoba a un ilustre de los albores democráticos, a quien por edad sólo pude conocer de refilón en el  juzgado, ejemplo de ese modo de entender la política, que ha dejado tras de sí un bagaje extraordinario de respeto profesional, compromiso social y testimonio cristiano: Rafael Saraza.

Cualquiera ha podido tener un mal día, y lanzar un exabrupto contra el contrario  en un momento de acaloramiento. Como diría el político socialista José María Barreda “utilizar las palabras como puños”. Somos humanos y el que esté libre de pecado, ya sabe. Yo lo he hecho y me arrepiento y no me he sentido débil por pedir perdón, al contrario me ha reconfortado la enmienda. Pero enconarse en la maldad, regocijarse en el odio, afiliarse al insulto, eso no lleva a nada bueno, eso jamás construye un  mundo mejor.

Por todo esto, viví con especial emoción cuando en  el último debate de investidura celebrado en el Congreso de los Diputados a los “vómitos” que profirió  en su intervención  ese personaje con pose desafiante de matón de esquina de las ramblas, de apellido Rufián, le respondió con firmeza el portavoz del PSOE. Las palabras de Antonio Hernando, y sobre todo  las palmas en pie  de apoyo a la democracia de los  propios diputados del PSOE, de Ciudadanos, del PP, de más de 300 representantes del la soberanía nacional me hicieron sentir profundamente orgulloso de ser militante de un partido político, de haber dedicado unos años apasionantes de mi vida a representar a mis conciudadanos  como concejal, y sobre todo de ser y sentirme Español, defendiendo  un modelo de convivencia que nos trajo la Constitución del 78 que tal vez será mejorable, pero que sin duda es más que suficiente para vivir en paz y libertad, para disfrute de todos, incluso de aquellos que si estuviese en su mano nos quitarían ambas.

Seguro que este aprendiz de  camisa negra berlinesca, por cierto socio de la derecha catalana de Artur Mas, no sería  tan aguerrido en  dos grandes “paraísos” del proletariado, y también de  la corrupción y del abuso de poder,  que le serán familiares: China o Venezuela. Pero aquí en  España,  como bien dijo el portavoz socialista,   se ha derramado mucha sangre para   ganar el régimen de libertades que desde la Constitución del 78  todos disfrutamos, incluso aquellos como Rufián  que lo cuestionan o atacan.

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