Estimado Kichi


El hecho de ser escritor, poeta, dramaturgo, abogado, periodista y académico no tiene porque volverte “casta”

Kichi / Foto: Europapress
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Placa retirada de la casa de Pemán / Foto: Canal Sur

¿Retirar el busto y la placa a José María Pemán en su casa natal es un acto requerido y demandado por el “pueblo”, por las “bases” o, como suele decirse últimamente, por la “gente”? ¿El hecho de ser monárquico, y no tanto otra cosa, es motivo para convertirlo en reo de la ley de Memoria Histórica? Has de saber – estimado Kichi – que el hecho de ser escritor, poeta, dramaturgo, abogado, periodista y académico no tiene porque volverte “casta” o enemigo del pueblo o de la “gente”. Si no me crees, a las prueba me remito.

Se puede ser más del “pueblo” que, por ejemplo, definiendo los dones del Espíritu Santo como “la simpatía de la Gracia” y presentando a San José como alguien en quien “empezaba ya a existir la silenciosa y sólida biografía del simple cristiano: perdedor de elecciones y aun inadvertido para todos, menos para la Madre de la Iglesia”. O presentado a un longevo Juan evangelista “en que ya torpe de lengua, sólo acostumbraba a decir, como en un estribillo de divina chochera: ‘¡Hijitos, amaos los unos a los otros’”.

Querido Kichi, se puede ser más del “pueblo”, de las “bases”, que describiendo a la Belén del nacimiento de Jesús como una escena en la que “más que ningún tremebundo drama de injusticia social, se parece a las angustias y perplejidades de cualquier turista que llega a Sevilla o Córdoba en días de feria sin haber reservado su habitación”. Estimado Kichi, ¿acaso no es esto también gracejo carnavalero?

¡Siempre atento Kichi!, observa, por un momento, la sensibilidad propia de un hombre de su tierra que compara al Niño perdido y hallado en el templo con “la fuga de un niño de doce años” y el recelo de una madre que en cualquier caso hubiera supuesto “que su hijo quería ser misionero, marinero, o torerillo”. O también cuando explica la visita de Jesús a su Nazaret: “El torero del pueblo que anda haciéndose famoso por las capitales del país: ¿porqué no viene a la placita de madera y lona de las ferias aldeanas?”.

Estimado Kichi, permite que te recuerde el “gracejo lleno de duende” del “No digno de busto y placa en su casa natal” cuando recoge también las genialidades de un Pedro, que en la Transfiguración, “vehemente y concreto, propone en seguida una solución práctica: hacer allí como una especie de ‘camping’ celestial”.

Admirado Kichi, observa que aunque se le tache del liberal no estaba tanto por aquello de la “derechosa meritocracia”. Si no me crees, también a las pruebas me remito: “Desde el primer contacto con el prodigio supremo – aquel hijo anunciado angélicamente y virginalmente concebido – ¡había habido tanta opacidad, tanta domesticidad, tanto puro humanismo! Para gloria y descanso de tantos creyentes torturados como existen hoy día, de tanta fe cuya esencia y cuya gloria está hecha de duda y de angustia, el Evangelio de María no debió debutar por un sosiego, sino por una lucha y victoria. Ni Kierkegaard, ni Newman, ni Novalis, ni Unamuno, ni Papini – unos más victoriosos y otros menos – estuvieron nunca radicalmente excluidos de encontrar ‘su caso’ en las páginas del Evangelio” (Lo que María guardaba en su corazón (Madrid 2017) 141). Admirado Alcalde de Cádiz, si no has comprendido bien, te aclaro al más puro estilo telegrama: Solo una mujer comprende con verdad y no tanto unos “doctores o doctorandos patriarcales”.

Estimado Kichi, tu “indigno de busto y placa paisano” recordaba cómo los testigos presentes en el Calvario ante el titulus crucis “no dejaron de percibir cuanto aquel letrero tenía de ‘trágala’ contra el ‘trágala’”. La cuestión es si el “trágala”, estimado Kichi, eres tú o el “impaciente Pemán”. Si la retirada de este otro letrero no es también otro sin sentido “trágala’ contra el trágala”. Ya solo recodarte una cosa. Decía el escritor, poeta, dramaturgo, abogado, periodista y académico “no digno de busto y placa” que el articulismo es “dejar caer una gota de perennidad en lo diario y efímero”. ¿Qué gota de perennidad vas a dejar tú, estimado Kichi?