El poeta del deseo humano


“¿Qué puede comunicarnos a nosotros en nuestro tiempo? ¿Tiene algo que decirnos, que ofrecernos? "

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Desde el pasado 25 de marzo nos encontramos en el VII Centenario de la muerte de Dante Alighieri. Sin lugar a la más mínima duda, el autor de la Divina Comedia es, por excelencia, el profeta de la esperanza y el testigo de la sed de infinito ínsita en el corazón del hombre. Precisamente en los diálogos que, en su momento, tuvieron el Papa Pablo VI y el filósofo Jean Guitton el quehacer del poeta era descrito en los siguientes términos: “El poeta no vive experiencias, en este sentido, pero el don de la poesía le permite sentir con los hombres, captar la esencia de la experiencia sin vivirla realmente. Pensemos en Dante, por ejemplo”.

Tal y como ha expresado el Papa Francisco, en la Carta apostólica Candor Lucis aeternae con motivo del citado centenario, “Dante sabe leer el corazón humano en profundidad y en todos, aun en las figuras más abyectas e inquietantes, sabe descubrir una chispa de deseo por alcanzar cierta felicidad, una plenitud de vida. Se detiene a escuchar a las almas que encuentra, dialoga con ellas, las interroga para identificarse y participar en sus tormentos o en su bienaventuranza”. Así, sigue diciendo el Papa, “el poeta, partiendo de su propia condición personal, se convierte en intérprete del deseo de todo ser humano de proseguir el camino hasta llegar a la meta final, hasta encontrar la verdad, la respuesta a los porqués de la existencia” (4).

Muestra de ese deseo interpretado es la reflexión del peregrino y el grito de Catón apremiando a la purificación:

“Amor que habla en la mente y me razona

entonó a la sazón tan dulcemente,

que aún en mi alma parece que lo entona.

[…]

Seguíamos sus notas todo atentos,

cuando el viejo, con aire de impaciencia,

de pronto nos gritó: ¿Qué hacéis so lentos?

¿A qué tanta tardanza y negligencia?

Id al monte a limpiaros la mancilla

que impide a Dios mostraros su presencia.”

[Purgatorio II, 112-123]

En este recorrido interior Dante pide a Virgilio un “prontuario” que le explique el amor “en el que fías/ todo bien y lo que es del bien contrario”. Así, Virgilio explaya ante Dante:

“Luego, así como el fuego va a la altura

por su forma de ser al vuelo dada

en busca de la esfera en que perdura,

así el alma al deseo va prendada,

que es vuelo espiritual, y no reposa

mientras no goza de la cosa amada.

Ahora comprenderás cuán engañosa

puede ser esa especie que asevera

que todo amor en sí es loable cosa;

que, aun admitiendo en intención primera

la bondad del amor, no todo sello

es bueno, aunque lo pueda ser la cera”.

[Purgatorio XVIII, 28-36]

En los versos de Dante se expresa la más profunda razón del deseo humano:

“Oh bien creado espíritu, que al rayo

de vida eterna la dulzura sientes

que sólo se comprende si hubo ensayo”.

[Paraíso III, 37-40]

“Y si otra cosa vuestro amor seduce,

sólo es, mal conocido, algún vestigio

se ese esplendor que en ella así trasluce”.

[Paraíso V, 10-12]

Pero hay un personaje en el peregrinaje de una singularísima presencia: Beatriz. En su experiencia, la figura de Beatriz está tan presente que Dante “habla a la vez de Dios y de Beatriz, hasta el punto de que la primera vez que se cruza con la joven escucha esta palabra: ‘Ecce Deus fortior me- He aquí al Dios más fuerte que yo” (F. HADJADJ, ¿Cómo hablar de Dios hoy? Anti-Manual de Evangelización (Granada 2013) 53). Y sin embargo su figura quedará eclipsada.

“No ha habido nunca corazón tan presto

a mostrarse a su Dios agradecido

como yo me encontraba predispuesto,

cuando la dulce voz sonó en mi oído;

y hacia Él mi amor se fue con tanta prisa

que se eclipso Beatriz en el olvido”.

[Paraíso X, 55-60]

En la ya citada carta apostólica se pregunta el Papa Francisco: “¿Qué puede comunicarnos a nosotros en nuestro tiempo? ¿Tiene algo que decirnos, que ofrecernos? Su mensaje ¿tiene para nosotros alguna actualidad, alguna función que desempeñar? ¿Todavía nos puede interpelar?” (9). Tal vez más que leído o interpretado tenga que ser escuchado y hecho compañero de camino. Solo así podremos decir con él: “me sacaron del mar de amor muerto/ y ahora al del vivo amor mi barca arriba”.

 

Lector inquirat.