Se busca director espiritual


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Ya el mismísimo san Pablo fue bastante explícito en lo que atañe y respecta a “directores” y “padres espirituales”: “Podrán tener diez mil instructores, pero padres no tienen muchos” (1 Cor 4, 15). No siempre va a ser fácil encontrar a esa persona, cuya vocación es no solo “sentir con los demás” sino también “sufrir con ellos”, que pueda ayudarte a propiciar lo que ya en su momento fue definido como “una cura de aires, que puede superar en eficacia a todas las prescripciones farmacéuticas”. Pero “haberlos haylos”.

En estas lides conviene hacerte de alguien que te ayude en primer lugar a descubrir cómo en muchas ocasiones “pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros, cuando en realidad la mayoría de sus designios se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad”. Luego, en segundo lugar, el sabio consejo y el acompañamiento te ayudarán a aprender a aceptar la propia debilidad con intensa ternura. Es un hecho que “el Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo, mientras que el Espíritu la saca a la luz con ternura”.

Por estas sendas de acompañamiento también podrás contar con una luz para eso hechos de la propia vida cuyo significado no entendemos. En tal tesitura “nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión”, además, si no hemos sido ayudados a reconciliarnos “con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones”. El director espiritual será o intentará ser no una “vía que explica”, sino “una vía que acoge”. Así las cosas, se percibe con más facilidad, en esas ocasiones en que quisiéremos tener todo bajo control, que “Él tiene siempre una mirada más amplia”. “Lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan”.

Ahora bien, “si la primera etapa de toda verdadera curación interior es acoger la propia historia, es decir, hacer espacio dentro de nosotros mismos incluso para lo que no hemos elegido en nuestra vida, necesitamos añadir otra característica importante: la valentía creativa”. Si bien esta valentía creativa no es algo fácil. Por el camino sucede en ocasiones una preocupante confusión: “La felicidad […] no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo”. No en vano “la lógica del amor es siempre una lógica de libertad”. Así las cosas, “nunca se percibe […] la frustración, sino sólo la confianza”. Por el contrario, cuando no se alcanza la madurez de la entrega de sí mismo “deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio”, entonces el propio planteamiento de vida, en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor, corre el riesgo de no expresar sino infelicidad, tristeza y frustración.

Ya por último, con el director espiritual invitándote a contemplar al “Hijo del Todopoderoso” que “viene al mundo asumiendo una condición de gran debilidad”, “debemos preguntarnos siempre si estamos protegiendo con todas nuestras fuerzas a Jesús y María, que están misteriosamente confiados a nuestra responsabilidad, a nuestro cuidado, a nuestra custodia”.

Se busca director espiritual… Razón: Tu parroquia más cercana.

[Todo ello – de ahí los entrecomillados – al hilo de la Carta apostólica Patris corde del Papa Francisco con motivo del 150 Aniversario de la Declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal]

Lector inquirat.