Padres y padres


“Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacer cargo de él responsablemente”. Así, “todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él”. Precisamente san Pablo fue bastante explícito al respecto: “Podrán tener diez mil instructores, pero padres no tienen muchos” (1 Cor 4, 15). De lo dicho se puede colegir con facilidad y por pura constatación empírica que hay padres y padres.

Hay padres y padres y esto se percibe al descubrir que “ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir”. De este modo brilla un dato irrefutable: “La lógica del amor es siempre una lógica de libertad”. Por el contrario, “el amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz”.

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Hay padres y padres y por eso no son todos los que perciben que “la felicidad […] no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo”. Así las cosas, “nunca se percibe […] la frustración, sino sólo la confianza”. “Cuando una vocación [como la paternidad] no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración”.

Pero hay un dato en el que encuentra “la prueba del algodón que no engaña” en esto de distinguir entre padres y padres: “La paternidad que rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción educativa y de que vive plenamente su paternidad sólo cuando se ha hecho “inútil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida”. El gran poeta francés Charles Péguy encontró ese “padre” y su hallazgo ilumina al padre que deviene en “inútil”: “Preguntad a un padre si el mejor momento no es aquel en que los hijos comienzan a amarle como hombres, a amarle a él mismo como a un hombre, libre y gratuitamente. Cuando ha acabado el período de estar bajo él y los hijos, como adultos, le aman y le tratan ya de hombre a hombre y como iguales” (Charles Péguy).

Finalmente. Hay padres y padres, de ahí que no siempre se entienda que la paternidad no es “un ejercicio de posesión, sino un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior”. Volviendo a Péguy, para ilustrar lo dicho con más claridad, se entiende que este ser signo de una paternidad superior abre a la “paternidad inferior” a un ejercicio inmediato, urgente y siempre necesario: el rezar por los hijos. Péguy así lo expresa al dibujar la semblanza de lo que viene en denominar como “padre osado”:

“Piensa en sus hijos que puso de modo particular bajo la protección de la Santísima Virgen.

Un día que estaban enfermos.

Y que él había tenido mucho miedo.

Todavía tiembla cuando piensa en aquel día.

Que había tenido tanto miedo.

Por ellos y por él.

Porque estaban enfermos.

Su piel se había estremecido.

Sólo de pensar que estaban enfermos.

Había comprendido perfectamente que no podía vivir así.

Con sus hijos enfermos.

Y con su mujer pasando tanto miedo.

De un modo tan horrible.

Con la mirada fija hacía dentro y la frente arrugada y sin decir ya una sola palabra.

Como un animal herido.

Que se calla.

[…]

Entonces tuvo una ocurrencia (una ocurrencia atrevida). Todavía se reía cuando lo pensaba.

Hasta se llegaba a asombrar un poco. Y tenía realmente de qué asombrarse. Y todavía se estremecía.

Hay que reconocer que él era bastante audaz y que la ocurrencia era también bastante audaz.

Y, sin embargo, era algo que pueden hacer todos los cristianos.

Uno se pregunta, incluso, por qué no lo hacen.

[…]

Con la oración, los había plantado.

Tan tranquilamente, en los brazos de la que ha cargado con todos los dolores del mundo.

Y que ya tiene los brazos tan cargados.

Porque el Hijo ha levantado en peso todos los pecados.

Pero la Madre ha levantado en peso todos los dolores.

Había dicho, con la oración, había dicho: Ya no puedo más.

No entiendo nada. Estoy hasta la coronilla.

No quiero saber nada más.

No me incumbe.

[…]

Tomadlos. Os lo doy. Haced con ellos lo que queráis.

Yo ya tengo bastante.

La que ha sido madre de Jesucristo también puede ser madre de estos dos muchachos y de esta niña.

Que son hermanos de Jesucristo.

Y por quienes Jesucristo vino al mundo.

No supone nada para Vos. Tenéis muchos más.

No supone nada para Vos uno más o uno menos.

Tuvisteis al niño Jesús. Habéis tenido muchos más.

[…]

Hace falta que un hombre tanga aplomo para hablarle así.

A la Santísima Virgen”.

Para más señas de estos “padres y padres” ver: Papa Francisco, Carta apostólica Patris corde con motivo del 150 Aniversario de la Declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal (8 de diciembre de 2020). A esta Carta apostólica pertenecen los contenidos entrecomillados del artículo.

Lector inquirat.