Más de series que de pelis

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He titulado “más de series que de pelis” pero también hubiera podido decantarme, sin mayor problema, por la versión viceversa “más de pelis que de series”. Lo que sí que es cierto es que en un lenguaje como el cinematográfico prevalece claramente la versión narrativa o biográfica sin dejar de contemplar, en ningún momento, que toda versión tendrá mucho de autobiográfica.

Un lenguaje narrativo como el cinematográfico tiene la capacidad de involucrar a la persona – evidentemente en diferentes niveles – en todas sus dimensiones: afectiva, cognitiva y volitiva. Para aquellos a los que últimamente venimos en denominar como “nativos digitales” se convierte además este lenguaje – a través de los consabidos Netflix, HBO, Amazon, etc – en un instrumento idóneo no solo de entretenimiento sino también de conocimiento y expresión. Es útil percibir que este “nativo digital” tiende a mostrar más apreció por la imagen que por la escucha lo cual, tristemente, no suele ir aparejando a un desarrollo de la capacidad crítica. Este consumo no es sólo un proceso cuantitativo, sino también cualitativo, que hace emerger una capacidad más intuitiva e emotiva que analítica. Es un hecho que este arte de contar historias (storytelling), que utiliza los principios de la retórica y un lenguaje propio, tomado del marketing, “es considerado por los jóvenes más convincente e incluyente., respecto a las formas de discurso tradicionales. El lenguaje que capta mayor atención de la generación digital es aquel de la narración, más bien que el de la argumentación”.

Hasta aquí, lo dicho, que puede ser un diagnóstico más o menos discutible, no pasa de ser una consideración creo que realista. Lo, quizá, más preocupante viene cuando se trata de ahondar en el significado de los datos. Entrando ya en materia, conviene repensar si este lenguaje, entendido en una pretensión de exclusividad, produce más bien usuarios que analistas de mensajes. Abro comillas: “La narración de historias limite y problemáticas corre el riesgo de polarizar la confrontación sobre temas complejos, sin el deber de argumentar o incluir soluciones de intercambio. Si la narración se convierte en el único instrumento de comunicación, se corre el riesgo de que aparezcan sólo opiniones subjetivas sobre la realidad. Este subjetivismo tiene también el peligro de relegar las cuestiones políticas y éticas a la esfera personal y privada. Las normas morales pueden ser percibidas como autoritarias, mientras que la narración se convierte en verdades que impiden buscar el bien y lo verdadero. Por otra parte, el universo narrativo se configura como un experimento en el que todo es posible y explicable, y la verdad no tiene ahí un valor existencial”.

El fenómeno – vuelvo a repetir -, a todas luces discutible, tiene además un claro sesgo contradictorio cuando se recuerda que una enseñanza como la moral, más que por discursos moralizantes, se realiza por la narración de historias que enseñan a los hombres a construir su vida (Véase, por ejemplo, el pensamiento de un filósofo como A. MacIntyre). Pero hete aquí que el problema viene cuando se ha “fragmentado” la vida humana en múltiples segmentos, cada uno de ellos alejado del todo y regulado por sus propias normas y modos de conducta. Difícilmente este supuesto joven nativo digital podrá percibir la unidad narrativa que en sí tienen o deben tener todas las dimensiones de la vida humana – No digamos nada cuando solo está expuesto a la narración de las ya citadas “historias límite y problemáticas” -. Así las cosas para este joven el trabajo no tiene nada que ver con el ocio, la vida privada con la pública, lo corporativo con lo personal. No hay una búsqueda de lo bueno que permita ordenar los demás bienes como no hay una motivación para vencer peligros, riesgos, tentaciones o distracciones que se interpongan.

Y en medio de todo este panorama la Iglesia queriendo encontrar nuevas formas de transmisión de la fe; lo cual, seguramente, tendrá que comenzar por “dar a conocer las posibles ambigüedades de un lenguaje sugestivo, pero poco comunicativo de la verdad”. Y ahora sí desvelo, como en otras ocasiones, la fuente a la que aluden las comillas y de la que recomiendo vivamente su lectura: El nuevo Directorio para la Catequesis del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización (2020).

Lector inquirat.

 

 

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