Te pinchan y no sangras

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Adolfo Ariza, sacerdote director del ISCCRR Beata Victoria Díez de Córdoba. / Foto: Diócesis de Córdoba

Te pinchan y no sangras cuando lees que en Inglaterra, el Arzobispo de Canterbury, cabeza religiosa de la Iglesia Anglicana, advierte de que ya está bien de que se represente a Jesucristo como un hombre de raza blanca y que “habrá que retirar muchas estatuas de las iglesias”.

Te pinchan y no sangras cuando lees que la cadena HBO anunció hace unas semanas que retiraba temporalmente de su plataforma la película Lo que el viento se llevó “por glorificar la esclavitud durante la Guerra de Secesión perpetuando estereotipos dolorosos para las personas de color”.

Te pinchan y no sangras cuando lees que el Instituto de la Mujer remite una carta a una empresa de Madrid expresando su queja por la fabricación de de plaquitas para dormitorios de niños rotuladas Aquí duerme un pirata, Aquí duerme una princesa.

Te pinchan y no sangras cuando lees que la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, recibe al presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Juan Jose Omella, en lo que, al parecer, viene a ser el inicio de una serie de contactos que la vicepresidenta va a llevar con los líderes de todas las confesiones religiosas. El hecho, que cristaliza en un comunicado conjunto, en sí suscita un par de interrogantes. Primero: ¿No tiene la Iglesia Católica la suficiente entidad? ¿Los textos conjuntos no son una práctica más propia del final de las negociaciones que del principio?

Te pinchan y no sangras cuando lees en un periódico cómo en los últimos días han sido atacadas las estatuas de Churchill, Cristóbal Colón, Fray Junípero Serra y Cervantes.

Te pinchan y no sangras, cuando por la lectura de un periódico, también en los últimos días, asistes a la estigmatización de los celebérrimos “Conguitos” (dícese del cacahuete cubierto de chocolate) por oprobio racista intolerable y ofensivo. De hecho hay quien ha llegado a proponer que el fabricante – un señor de Zaragoza – haga “una petición de disculpa pública hacia la población negra, tantas veces estigmatizada” y se sugiere que dedique parte de los beneficios recaudados a organizaciones contra el racismo.

Todo esto ha sido posible por la lectura de un solo diario de tirada nacional en la pasada tarde de domingo. Verdaderamente “te pinchan y no sangras”. Ante tal batiburrillo, el que suscribe respondería con Chesterton a la pregunta ¿Por qué cree usted?: “Porque percibo que la vida es lógica y viable con estas creencias, e ilógica e inviable sin ellas”. Y también con Chesterton añadiría: “Hemos olvidado la vieja y sana moralidad del libro de los Proverbios: ‘La Sensatez pregona por las calles, en las plazas levanta la voz’. En Atenas y en Florencia su voz se oía en las calles. Tenían una vida de guerra y discusión al aire libre, y algo que la moderna civilización comercial no ha tenido nunca: un arte al aire libre. Los servicios religiosos, la más sagrada de todas las cosas, siempre se han celebrado públicamente; la idea de que la santidad sea sinónimo de secreto es enteramente nueva e infundada. Todo sea dicho, muchos poetas modernos, de sensibilidades abstrusas y delicadas, aman la oscuridad por la misma razón que la aman los ladrones. La misión de un gran campanario o de una estatua es golpear al espíritu como un rayo con un súbito sentimiento de orgullo”.

En una palabra: “Quitad lo sobrenatural, y lo que queda es lo antinatural” (También Chesterton).

 

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