Familia indómita

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Ya decía Georges Bernanos en su momento: “El mundo moderno desborda hoy de hombres de negocios y de policías, pero le hacen mucha falta unas cuantas voces liberadoras. Una voz libre, por muy amarga que sea, es siempre liberadora. Las voces liberadoras, no son las voces sedantes, tranquilizantes. No se contentan con invitarnos a esperar el futuro como se espera el tren”.

Una de esas voces liberadoras, a la par que amena, es la del singular Gilbert Keith Chesterton. Una voz que en temas de familia y estado – ya se entiende de qué va el artículo – es no solo liberadora sino que además hace, y no poco, reflexionar. Cosa esta que, por ejemplo, en la premura de una rueda de prensa – repito es solo un ejemplo – se convierte en una “rarísima avis”.

La voz profética de Chesterton – en este asunto es meridiana su claridad – no necesita mucha más “glosa ni comentario”: “La familia es, en sí misma, algo más indómito que el Estado; si entendemos por indómito algo que nace de la voluntad y la capacidad de elección y es tan elemental y libre como el viento. Tiene sus propias leyes como el viento; pero, bien entendida, es infinitamente menos dependiente de las elaboradas y mecánicas regulaciones del legalismo que el resto de las cosas. Sus únicas obligaciones son el amor y la lealtad, pero ésas son cosas que fácilmente pueden oponerse a las meras leyes humanas, pues las leyes meramente humanas tienden a convertirse en leyes meramente inhumanas”. Puesto el “punto” sobre la “i” añade: “La gente no nace en el jardín de infancia del mismo modo en que no muere en la funeraria. Ambos prodigios son asuntos privados, y tienen lugar en el pequeño teatro del hogar”.

Para Chesterton el motivo de que la familia tenga un carácter central y crucial es el mismo que hace que en política sea el único sostén de la libertad. La familia es la prueba de la libertad, porque la familia es lo único que el hombre construye por sí mismo y para sí mismo”. Desde aquí se entiende una de sus advertencias más logradas y con más actualidad a día de hoy: “No dejemos que nadie se adule a sí mismo creyendo que abandona la vida familiar en pos del arte o el conocimiento; la abandona porque huye del desconcertante conocimiento de la humanidad y del imposible arte de la vida. […] El hombre fuerte, el ideal, se interesa por cualquier círculo en el que le haga caer el curso de la vida. El héroe es una persona hogareña; el superhéroe se sienta a los pies de su abuela”.

Ya ha quedado dicho: “Una voz libre, por muy amarga que sea, es siempre liberadora”. De entres los cometidos de una tal voz habrá de subrayarse, por tanto, el seguir despertando conciencias ante tentaciones como la que el mismo Chesterton describe: “Ahora hay que abandonar al niño a la puerta del Ministerio de Educación y Adaptación Social Universal. En resumen, estas personas creen, con distintos grados de vaguedad, que en la actualidad el Estado puede usurpar el papel de la familia”. El drama viene cuando, con un mínimo discernimiento, se percibe: “El Estado real, aunque una realización humana necesaria, siempre ha sido, y siempre será, demasiado grande, impreciso, torpe, indirecto e incluso inseguro para ser el ‘hogar’ de los jóvenes que tiene que ser entrenados en las tradiciones humanas. Si el género humano no se hubiera organizado en familias nunca habría tenido el poder natural para organizarse en repúblicas. La cultura se transmite de una generación a otra en las costumbres de incontables hogares; es la única manera en que la cultura puede conservarse humana”. Y todavía añade: “El gobierno se hace cada día más escurridizo. Pero las tradiciones de la humanidad sustentan a la humanidad, y entre estas, la principal es el matrimonio. Y lo esencial del matrimonio es que un hombre libre y una mujer libre eligen fundar una en la tierra el único estado voluntario; el único estado que crea y ama a sus ciudadanos. En la medida en que estos seres responsables se mantengan unidos podrán sobrevivir a todos los grandes cambios, estancamientos y desilusiones que conforman la historia política”.

Y ya cerrando artículo, como colofón, dos chestertonianasrazones que podrían argüirse para trazar un mapa que oriente en estas lides:

Primera y, a mi juicio, más determinante: “Si se entendiera el concepto de la vida interior se podría recuperar la cordura de la civilización y, especialmente, la poesía del hogar”.

Y segunda, pero no por ello menos importante: “El ambiente de seguridad consolidada sólo puede existir cuando la gente lo percibe tanto en el futuro como en el pasado. Los niños saben con exactitud lo que significaba volver a casa de verdad, y los más felices conservan algo de ese sentimiento cuando son mayores. Pero no podrán mantener ese sentimiento, ni por diez minutos, si se da por sentado que Papá está esperando que Tommy cumpla veintiún años para fugarse con la secretaria a Trouville; o que el chófer tiene el coche a la puerta para que la Sra. Brown salga al escape nada más presentar en sociedad a la Srta. Brown”.

 

 

 

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