Rezos y preocupaciones de Obispos


Recientemente ha podido llegar a nuestros católicos gadgets o librerías religiosas un documento de la Conferencia Episcopal Española que lleva por título “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 42, 3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana. El esfuerzo de nuestros Obispos – cómo no podía ser de otra manera – refleja sus preocupaciones en un ámbito tan genuinamente propio como es el de nuestra oración – nuestros rezos -.

Ya en su día, el mismísimo San Juan Pablo II advertía en este orden de la cosas con una clarividencia meridiana: “Nuestro tiempo es dramático y al mismo tiempo fascinador. Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumístico, por otro manifiestan la angustiosa búsqueda del sentido, la necesidad de interioridad, el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración. No sólo en las culturas impregnadas de religiosidad, sino también en las sociedades secularizadas, se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto a la deshumanización. Este fenómeno así llamado del retorno religioso no carece de ambigüedad, pero también encierra una invitación.  La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama ‘el camino, la verdad y la vida’ (Jn 14, 6)” (RM 38).

Nada más comenzar, el documento, en un largo elenco de preguntas, pone el dedo en la llaga: “¿Es Dios lo más importante en la oración o uno mismo?” (3). De ahí que de la lectura del documento se puedan señalar una seria de máximas – no necesitadas de mucha más “glosa o comentario”:

1-La oración es la expresión del deseo de Dios “en medio de nuestra vida cotidiana” (39).

2-La vida de oración es la “obra del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes” (31).

3-“Si la oración es un acto de confianza en Dios, la perseverancia en ella es el signo más claro de una fe viva” (25).

4-“La relación sincera con Dios se debe verificar en la vida” (32)

5-“Lo más importante en la plegaria es la presencia del corazón ante Aquel a quien hablamos en la oración” (35).

Dicho esto, y continuando con la enseñanza deldocumento, quisiera recoger tres de las preocupaciones de nuestros Obispos.

Primera preocupación. Con todo el realismo del mundo se hacen eco los Obispos de un hecho fácilmente palpable: “[…] para muchos el primer problema de la oración es la cuestión de las técnicas para entrar en ella” (24). Su enseñanza con respecto a esta preocupación no es menos explícita: “En lo referente a la técnicas [para la oración], a las que tanta importancia se da actualmente, debemos recordar […] que más importante que una oración formalmente bien hecha, es que vaya acompañada y sea expresión de la autenticidad de vida” (36).

Segunda preocupación: ¿Se enseña a rezar en nuestras parroquias? Tal vez no sea el momento de análisis o muestreos y sí de afirmar con rotundidad el magisterio de los Obispos: “El aprendizaje de la oración solo es posible en el ámbito de la iniciación cristiana, que debe comenzar en el seno de la familia, donde ‘la fe se entremezcla con la leche materna’” (33). Un aprendizaje en el que tendrá que tener un lugar fundamental la iniciación a una verdadera lectio divina que “introduce al creyente en la historia de la salvación y personaliza la relación salvífica de Dios con su pueblo” (34); así como un cuidado especial de la educación para oración por la que “el creyente interioriza y asimila la liturgia durante su celebración y después de la misma” (29) y que tristemente tiene su antítesis en aquellos “misticismos” en los que se opone “la unión mística con Dios a la que se realiza en los sacramentos, especialmente en el bautismo y la eucaristía” y para los que “los sacramentos son innecesarios para las personas ‘espirituales’” (37).

Tercera preocupación: ¿Puede existir un “zen cristiano”? Es obvio que para algunos la respuesta es afirmativa. Es un hecho palpable, tal y como señala el documento, el “resurgir de una espiritualidad que se presenta como respuesta a la ‘demanda’ creciente de bien estar emocional, equilibrio personal, disfrute de la vida o serenidad para encajar contrariedades” (2). Ahora bien, sin ánimo teorizar ya mucho más y tratando de ir directamente al grano, el documento ofrece un criterio de discernimiento evidente: “Toda forma de espiritualidad que conlleve un desprecio de nuestro mundo y su historia, en particular de aquellos que más sufren, no es conforme con la fe cristiana” (32)

En resumidas cuentas, ¿para que ir fuera si toda la enseñanza y la pedagogía verdaderas las tenemos en “casa”?. La respuesta, necesariamente, habrá de comenzar por una mirada: “En la oración del Señor, el centro no son sus deseos ni las consecuencias de una felicidad terrena al margen de Dios, sino la comunión con el Padre. El criterio de autenticidad de la oración cristiana es la confianza filial en Dios, para aceptar que se haga siempre su voluntad, sin dudar nunca de Él y poniéndose al servicio de su plan de salvación. Vivir como si Dios no existiera es la mayor dificultad para la oración” (23).

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here