Dante peregrino


No es la primera vez que he tenido la dicha de poder acompañar a una treintena de peregrinos de Hinojosa del Duque, Belalcázar, Almodóvar del Río y Córdoba capital en su peregrinación – los días del 3 al 7 de septiembre – al Monasterio de Guadalupe (Cáceres) en el que tiene su casa la que fue definida por Miguel de Cervantes en el Persilescomo “Emperadora de los Cielos”. De la mano de un peregrino eterno como es Dante en su Divina Comedia trataré de esbozar en grandes retazos algunas de las experiencias allí vividas.

Lo primero que el Dante peregrino puede ayudar a constatar es el contraste entre pobreza y grandeza del lenguaje – valga el oxímoron – al describir una experiencia tal:

“Haces como el que aprende por el nombre

la cosa, más no puede ver su esencia

si no acierta a explicársela otro hombre”.

En su paso por el Purgatorio el peregrino Dante escuchará de uno de sus guías lo que el peregrinar tiene de “escuela para la vida”:

“Nos creéis, sin mucho tino,

expertos del lugar: todo andariego

es – aquí somos todos – peregrino”.

Luego la experiencia del peregrinaje espolea, anima, reverdece:

“¿Qué hacéis so lentos?

¿A qué tanta tardanza y negligencia?

Id al monte a limpiaros la mancilla

que impide a Dios mostraros su presencia”.

Así las cosas, ¿por qué retardar la peregrinación? ¿Por qué el no “remar mar adentro” en la propia vida?

“Mas, ay, ¿qué te mantiene en torpe espera?

¿Cómo albergas tamaña cobardía?

¿Cómo tu alma el valor no recupera,

cuando tres damas de sin par valía

cuidan de ti en la corte de este cielo

y mi palabra tanto bien te fía?

Como peregrinos, y como nuestro Dante peregrino, es constatable lo previniente de la gracia que en todo momento sostiene y acompaña aun en la difícil perceptibilidad – según que ojos – de las cosas del cielo eterno en la tierra peregrina:

“Oh bien creado espíritu, que al rayo

de vida eterna la dulzura sientes

que sólo se comprende si hubo ensayo,

muy grato me será que me comentes

tu nombre y a la par vuestra ventura”.

Ante la Virgen de Guadalupe – en aquel camarín del que canta la jota “Tiene Guadalupe hermoso/ lo que no tiene Madrid/ Las ocho mujeres fuertes arriba en el Camarín” –el peregrino hace suyo el consejo de san Bernardo al Dante peregrino

“Ahora mira la faz que más a Cristo

se asemeja, pues sólo su luz pura

puede adecuarte para ver a Cristo”.

De la impronta y la huella que deja esta mirada el mismo Dante procuraría glosar:

“Suma luz que al humano pensamiento

de tan alta trasciendes, en mi mente

revive en lo posible aquel momento,

y haz que se haga mi lengua tan potente,

que una chispa a lo menos de tu gloria

pueda dejar a la futura gente”.

Concluyo con las palabras de un ya citado guía a nuestro peregrino Dante:

“No hace mucho que aquí llegamos, luego

de andar vía tan áspera y violenta

que subir la de aquí va a ser un juego”.

“[…] vuelta no hagáis de los que es ida;

el sol, que ya se anuncia en la alborada,

os mostrará del monte la subida”.

¡Gracias peregrinos por vuestro testimonio!

 

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