Tienda con alma


Recientemente se ha inaugurado y bendecido – por lo que pude ver por fotos – una nueva tienda de ropa de la firma sevillana Álvaro Moreno. La iniciativa, situada en las Tendillas, lleva el nombre de Tienda con alma y en ella colabora la Asociación Down de Córdoba. El propósito es que personas con esta “capacidad diferente” puedan tener allí la oportunidad de adentrarse en el mundo laboral. El mismo Moreno al parecer así lo ha expresado: -“Nosotros tenemos alma y queremos devolver lo que estamos recibiendo a la sociedad”.

Ya decía Chesterton que “no se habla apenas de cómo la publicidad invierte el concepto cristiano de la humildad con su impulso, publicidad y autoloa”. Pero, por una vez y sin que tal vez sirva de precedente, me voy a permitir el hacer publicidad ya que la ocasión lo merece. Lo cual no deja de ser una presunción por mi parte puesto que creo no paso de un “share” calificable como minoría elevada a su máximo exponente.

El hecho es que la nueva iniciativa textil me ha llevado a pensar “algunas cosas” que quisiera compartir con las dos o tres lectoras que creo que me quedan – de Prada dixit -.

La primera viene en forma de recuerdo. Hace unos años leía una carta del por entonces obispo de Palencia, Monseñor José Ignacio Munilla, que se titulaba Vivan los síndromes de Down. Sin más glosa ni comentario cito textualmente: “¿Somos conscientes de que los síndromes de Down han desaparecido de nuestra sociedad? Bien es verdad que todavía conocemos algunos de una edad avanzada, pero… ¿dónde están los menores de 10 años, por ejemplo? Estamos ante uno de esos tabúes de los que nadie le gusta hablar, porque presentimos muchas complicidades encubiertas”.

La segunda es más compleja. Se podría explicar como una emotivización del derecho o el drama del argumentario sentimental como principio. Es un hecho que en torno a esta cuestión surgen un falso “humanismo” que en virtud de una hipotética y atribulada incertidumbre ante el futuro o para ahorrar un supuesto “sufrimiento por inadaptación” tiñe de sentimiento lo que en realidad es privar a una persona del sagrado derecho a la vida.

La tercera y creo que más enjundiosa. Solo la dejo formulada a través de estas preguntas: ¿Qué es la vida o qué merece la pena de ella si no es la necesidad de amar y sentirnos amados? ¿Acaso se les podría echar en cara una incapacidad para amar o sentirse amados? Volviendo a la carta de Munilla: “¿Quién sería capaz de mirar a los ojos de estos niños y negarles su dignidad? ¿Quién se siente con derecho a definir y a establecer el concepto de ‘normalidad’ más allá del cual el derecho a la vida quedará sin protección?”.

Cuarta: La iniciativa social del mundo empresarial – ¡¡¡Ojalá tomara la delantera al mundo de la política en ciertas cosas!!! – Es obvio que lo propio del empresariado es la búsqueda del beneficio pero también está claro que la riqueza que se puede generar no es solamente económica sino también la propia de ese capital humano por que el que a veces despertamos nuestra aletargada conciencia a cuestiones que como de “tapadillo” preferimos obviar.

Por lo demás, un servidor que estaría muy cerca, desde hace ya un tiempo, del atrezzo con el que el simpar Chesterton describe al Padre Brown: “Una figurita deforme que manejaba el paraguas y el sombrero como si trajese un fardo. El paraguas parecía un fardel de ropa negra y remendada; el sombrero era de anchas alas corvas, sombrero clerical, muy poco visto en Inglaterra, y el hombre era la encarnación de la misma vulgaridad y desamparo”, ya le gustaría poder lucir alguna de las ropas de la firma Alvaro Moreno por lo que me conformaré con aplaudir la iniciativa y rogar para que cunda el ejemplo de estas tiendas con alma.

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