Ser de ti


[A los jóvenes de la Pro-Hermandad de Ntro. Padre Jesús de la Agonía en la Oración en el Huerto de los Olivos de Almodóvar del Río]

Ser de ti porque como hiciste escuchar al filósofo Pascal,contemplando tu agonía en el Monte de los Olivos: “Aquellas gotas de sangre, las he derramado por ti” (Pascal, Pensées, VII, 553).

Ser de ti porque como hiciste ver al escritor Péguy: “El pecador, que se apartó y estaba a punto de perderse, ha provocado la angustia en el corazón de Dios, en el corazón de Jesús, y la angustia ha abierto la fuente de la esperanza en este mismo corazón, el temblor y el temor de la angustia, el estremecimiento de la esperanza”.

Ser de ti porque como expresaste por medio del profeta Oseas: “Mi corazón se vuelve contra mí, mi compasión quema”.

Ser de ti porque como reflexionaba san Buenaventura,preguntándose sobre si era posible no devolver amor a quien tanto nos ha amado: “Las heridas del cuerpo muestran las heridas del alma […] ¡Contemplemos por las heridas visibles las heridas invisibles del amor! […] ¿Se hubiese podido manifestar mejor tu amor de otra manera que dejándote no sólo atravesar tu cuerpo con una lanza, sino tu corazón? […] ¿Habrá alguien que no quiera amar este corazón herido por nosotros? ¿Cómo podría alguien no amar respondiendo a quien nos abraza con un amor tan grande?”.

Ser de ti porque en ti se cumple el filosofar del filósofoGabriel Marcel: “Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás”.

Ser de ti porque como nos enseñaba un joven sacerdote llamado Karol Wojtyla: “El amor es el continuo desafío que nos lanza Dios, y lo hace, tal vez, para que nosotros desafiemos también el destino […] El futuro seguía siendo una incógnita que ahora aceptábamos sin inquietud. El amor vence la inquietud. El futuro depende del amor”.

Ser de ti porque como aprendió el santo cura de Ars no hay mejor oración que la que sigue: “Mire, señor cura, mi oración es muy sencilla. Tan sencilla como esto: Yo le miro y él me mira y los dos nos amamos”.

Ser de ti porque en experiencias como la del filósofo García Morente se podría condensar toda una vida: “Por mi mente comenzaron a desfilar – sin que yo pudiera oponerles resistencia – imágenes de la niñez de Nuestro Señor. Vile, en la imaginación, caminando de la mano de la Santísima Virgen, o sentado en un banquillo y mirando con grandes ojos atónitos a San José y a María. Seguí representándome otros períodos de la vida del Señor: el perdón que concede a la mujer adultera, la Magdalenalavando y secando con sus cabellos los pies del Salvador, Jesús atado a la columna, el Cirineo ayudando al Señor a llevar la Cruz, las santas mujeres al pie de la Cruz. Y así, poco a poco, fuese agrandando en mi alma la visión de Cristo, de Cristo hombre, clavado en la Cruz, en una eminencia dominando un paisaje de inmensidad, una infinita llanura pululante de hombres, mujeres, niños, sobre los cuales se extienden los brazos de Nuestro Señor Crucificado. Y los brazos de Cristo crecían, crecían, y parecían abrazar a toda aquella humanidad doliente y cubrirla con la inmensidad de su amor, y la Cruz subía, subía hasta el Cielo y llenaba el ámbito todo y tras de ella también subían muchos, muchos hombres y mujeres y niños; subían todos, subían todos, ninguno se quedaba atrás; sólo yo, clavado en el suelo, veía desaparecer en lo alto a Cristo, rodeado por el enjambre inacabable de los que subían con él; sólo yo me veía a mí mismo, en aquel paisaje ya desierto, arrodillado y con los ojos puestos en lo alto y viendo desvanecerse los últimos resplandores de aquella gloria infinita, que se alejaba de mí”.

Ser de ti porque viéndote a ti se puede decir: “Ese es Dios, ese es el verdadero Dios, Dios vivo; esa es la Providencia viva […]. Ese es Dios, que entiende a los hombres, que vive con los hombres, que sufre con ellos, que los consuela, que les da aliento y les trae la salvación. Si Dios no hubiera venido al mundo, si Dios no se hubiera hecho carne de hombre en el mundo, el hombre no tendría salvación, porque entre Dios y el hombre habría siempre una distancia infinita, que jamás podría el hombre franquear” (Nuevamente García Morente dixit).

¡Ser de ti! ¡Ser de Oración!

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