Diálogo para un Thriller católico


Hace pocas días que me encontraba con lo que bien podría llegar a ser el dialogo de un thriller ambientando en la pasada “Guerra Fría”. Los protagonistas serían un comisario de policía de la Polonia de los años cincuenta y un cristiano – júzguelo el lector mismo – que se ve inmerso en lo que en sí más que un diálogo podría considerarse como un interrogatorio.

El diálogo lo pone por escrito el gran teólogo del siglo pasado Hans Urs von Balthasar y aparece en su obra Seriedad con las cosas. Córdula o el caso auténtico (Salamanca 1968). Además, el diálogo es el único y exclusivo contenido del capítulo 14 de este libro cuyo título es Si la sal se torna insípida. En el mismo capítulo solamente se añade la siguiente cita del Libro del Eclesiástico: “La sabiduría del necio es un montón de piedras; la inteligencia del tonto, un hablar no inteligible” (21, 21). La cuestión es que el diálogo habla por sí mismo y en él podría ser condensada la historia del devenir el cristianismo en la segunda mitad del s. XX. Sin más lo propongo a continuación con no otra pretensión que sugerirlo al lector y que el mismo lector saque sus propias consecuencias:

“El comisario bien intencionado: – Camarada cristiano, ¿puede decirme, de una vez por todas, la verdad sin vueltas?: ¿Quiénes son ustedes, los cristianos? ¿Qué pretenden aún en nuestro mundo? ¿Cuál es, según Vds., la razón de ser de su existencia? ¿Cuál es su misión?

El cristiano: -Por de pronto somos hombres como los demás, que colaboramos en la construcción del futuro.

El comisario: -Lo primero lo creo, y lo segundo lo quiero esperar.

El cristiano: -Sí, desde hace poco tiempo estamos ‘abiertos al mundo’ e incluso algunos de nosotros seriamente se han ‘convertido al mundo’.

El comisario: -Eso me suena a palabrería de curas. Mucho mejor sería que ustedes, ‘hombres como los demás’, se convirtieran en serio a una existencia digna del hombre. ¡Vamos al grano! ¿Por qué son todavía cristianos?

El cristiano: -Hoy somos cristianos adultos; pensamos y obramos por propia responsabilidad moral.

El comisario: -Quisiera esperarlo, ya que se dan a los hombres. Pero, ¿creen todavía en algo especial?

El cristiano: -Eso tiene poca importancia. Lo que importa es la palabra de la época. El acento se pone hoy en el amor al prójimo. El que ama a su prójimo, ama a Dios.

El comisario: -Caso que existiera. Pero, como no existe, no lo aman.

El cristiano: -Lo amamos implícitamente, de manera no objetiva.

El comisario: -¡Ah! ¡Ahí, por lo visto la fe de Vds. No tiene objeto. ¡Adelante! La cosa se va aclarando.

El cristiano: -No, no es tan sencillo, ¿eh? Nosotros creemos en Cristo.

El comisario: -Algo he oído hablar de él. Pero parece que históricamente se sabe de él terriblemente poco.

El cristiano: -Así es. Prácticamente nada. Por eso nosotros creemos menos en el Jesús histórico que en el Cristo del kerigma.

El comisario: -¿Qué palabra es esa? ¿Chino?

El cristiano: -No, griego. Significa el anuncio del mensaje. Nos sentimos impactados por el acontecimiento verbal del mensaje de la fe.

El comisario: -¿Y qué hay, al fin y al cabo, en ese mensaje?

El cristiano: -Depende de la manera como a cada uno lo impacta. A uno le puede anunciar el perdón de los pecados. Tal fue, en todo caso, la experiencia de la Iglesia primitiva. A ello hubo de ser estimulada por los acontecimientos en torno a Jesús histórico, del cual, a la verdad, no sabemos lo suficiente como para estar ciertos de que…

El comisario: -¿Y a eso llaman ustedes conversión al mundo? ¡Son los mismos oscurantistas de siempre! ¿Y con esa palabrería difusa quieren colaborar en la construcción del mundo?

El cristiano (jugando su última carta): -¡Tenemos a Teilhard de Chardin! ¡En Polonia ejerce ya gran influencia!

El comisario: -También nosotros lo tenemos y  no necesitamos recibirlo de Vds. Pero es admirable que por fin haya llegado hasta aquí. Quiten de en medio todo fárrago místico que nada tiene que ver con la ciencia, y entonces podremos dialogar sobre la evolución. En las otras historias no me meto. Si ustedes saben tan pocas sobre ustedes mismos, ya no son peligrosos. Y nos ahorran una bala. Tenemos en Siberia campamentos muy útiles, allí podrán demostrar su amor a los hombres y trabajar activamente en pro de la evolución. Ello daría mejor fruto que sus cátedras alemanas.

El cristiano (algo desilusionado): -Usted subestima la dinámica escatológica del cristianismo. Nosotros preparamos el advenimiento del reino de Dios. Nosotros somos la verdadera revolución mundial. Égalite, liberté, fraternité; tal es el origen de nuestra causa.

El comisario: -Lástima que otros hayan tenido que librar la batalla por Vds. Pasada la refriega, no es difícil patrocinar la causa. El cristianismo de ustedes no vale un tiro de fusil.

El cristiano: -¡Usted ya es de los nuestros! Sé quién es Usted, usted obra de buena fe, usted es un cristiano anónimo.

El comisario: -Nada de insolencias, joven. Ahora ya sé lo suficiente. Se han liquidado a Vds. mismos y así nos ahorran la persecución. ¡Pueden retirarse!”.

Lector inquirat

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here