¿Una política apolítica?


El término no es de mi invención sino del político checo Václav Havel (falleció en 2011). Havel describía la esencia de esta política como “una vida en la verdad” y la desarrolló en profundidad en su célebre escrito El poder de los sin poder, publicado en 1978, y con el que inflamólos movimientos de resistencia de Europa del Este. El contacto con esta “política apolítica” y con la figura de Havel me ha venido a través del periodista norteamericano Rod Dreher que recientemente ha publicado en castellano un libro cuyo título es La opción benedictina. Una estrategia para los cristianos en sociedad postcristiana(Madrid 2018).

En la opción benedictina, Dreher habla de un peligro muy claro para los cristianos: “Dormirnos en los laureles”. Y ese peligro lo describe con una clarividencia meridiana con respeto a la Iglesia norteamericana en los siguientes términos: “Uno de los muchos males que acechan hoy a la Iglesia es fruto del error que cometieron los conservadores creyentes de la última generación al pensar que podían centrarse en la política y que la cultura se las arreglaría sola. Durante los último treinta años, más o menos, muchos de nosotros creímos que la fuerte marea del liberalismo de los sesenta retrocedería si votábamos a los republicanos”. Para Dreher es una obviedad que “ninguna administración de Washington, ni aunque se muestre ostensiblemente favorable al cristianismo, puede parar las tendencias culturales que llevan siglos arrastrándonos al laicismo y la fragmentación”.

El camino a recorrer, al que invita encarecidamenteDreher, pasa por reconocer que “la sociedad occidental es ya una sociedad postcristiana y que, salvo que haya un milagro, no hay esperanza de que esta situación revierta en el futuro próximo. Esto significa, en parte, que el campo de acción de los fieles cristianos en la política convencional ha quedado muy reducido”. En opinión de este converso al catolicismo desde el año 1993: “No se trata de que dejemos de votar o participar activamente en la política convencional […] Los creyentes no podemos caer en la trampa de pensar que la política puede solucionar problemas culturales y religiosos. Una de las grandes razones por las que el cristianismo están tan debilitado es porque depositamos toda nuestra confianza en los políticos republicanos y en los jueces que estos designan para que hagan un trabajo que solo puede lograrse mediante un cambio cultural”.

El camino descrito por Dreher continúa a través de una apuesta clara: “La tarea política más acuciante en nuestro tiempo es la restauración del orden interior”. Volviendo a Havel se nos recuerda: “No se afirma, pues, que la introducción de un sistema mejor garantice automáticamente una vida mejor, sino que a veces sucede precisamente lo contrario, solo con una vida mejor se puede construir también un sistema mejor”. Luego la respuesta entonces es crear y apoyar “estructuras paralelas” en las que se pueda vivir la verdad en comunidad. Ahora bien: ¿Se trata de una forma de escapismo, de retirarse voluntariamente a un gueto? Creo que para nada, ya que como dice Havel: “Una comunidad contracultural que se desentendiera de la responsabilidad de ayudar a los demás se transformará solo en una forma más refinada de vivir en la mentira”. Yendo de la mano del magisterio de la Historia – con mayúscula claro está – convendría hacerse la siguiente pregunta con Havel: ¿Cómo actuaría la disidencia checa en nuestras circunstancias? Havel nos da una serie de ejemplos: Piensa en los profesores que se aseguran de que los niños aprendan cosas que no se enseñan en las escuelas estatales. Piensa en los escritores que escriben lo que realmente creen y se las arreglan para publicar sus obras, cueste lo que cueste. Piensa en los sacerdotes y pastores que encuentran la forma de llevar una vida religiosa a pesar de la condena y los obstáculos legales o en los artistas a los que no les importa un comino la opinión oficial. Piensa en los jóvenes que deciden no preocuparse por lo que la sociedad considera éxito y se bajan del carro ambicionando una vida íntegra, pase lo que pase”.

Ahí lo dejo. “El que tenga oídos que oiga”.

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